07 Junio 2007 Seguir en 
Un adolescente de 16 años es, por ahora el único acusado del homicidio de un supuesto ladrón de 17, en lo que ya es considerado un caso de justicia por mano propia.
El domingo 28 de mayo, en el barrio APEM, la hija del remisero Luis Costilla Páez fue asaltada por dos jóvenes que se movilizaban en una motocicleta. El padre, acompañado por sus dos hijos de 15 y 16 años, fue tras los pasos de los supuestos atracadores.
En el barrio 120 Viviendas lograron alcanzarlos y los derribaron chocando el remise contra la moto. Uno de los acusados por el atraco, Pascual González Sánchez, quedó aprisionado bajo el rodado y, en un confuso episodio, recibió un disparo en la cabeza que le provocó la muerte.
La versión del acusado (uno de los hijos del remisero) sorprendió al fiscal Carlos Sale. Dijo que, después de que los dos asaltantes se cayeron de la moto, el levantó el arma que llevaba Sánchez y que cuando hizo ese movimiento, el arma se disparó e hirió a la víctima.
El fiscal también escuchó las declaraciones de al menos dos menores que presenciaron el hecho. Estos dijeron que el adolescente, que viajaba en el asiento del acompañante, se bajó del automóvil y fue corriendo hasta donde estaba Sánchez y que allí le disparó. Luego, de acuerdo con los testimonios recogidos, huyó de la escena del crimen.
Con estos relatos y con el resultado de varias pericias, el fiscal habría determinado que el padre del acusado no tuvo ninguna participación en el homicidio, aunque aún no podría determinar si lo acusará de algún delito por haber atropellado al joven. En las próximas horas también definirá la situación procesal del menor de los dos hermanos. Este, según confirmaron varias fuentes, viajaba en el asiento trasero y nunca se bajó del vehículo. Ambos adolescentes quedaron a disposición del juez de Menores Raúl Ruiz. Este dispuso medidas tutelares para ambos y, por cuestiones de seguridad, no están alojados en el Instituto Roca. Los hermanos, por la experiencia vivida, reciben apoyo psicológico y contención de varios parientes.
La familia del remisero se mudó del lugar donde vivía, puesto que recibió amenazas por parte de allegados y de familiares de la víctima. La Policía custodia de manera permanente la vivienda, en la que está instalada una persona como sereno.
El domingo 28 de mayo, en el barrio APEM, la hija del remisero Luis Costilla Páez fue asaltada por dos jóvenes que se movilizaban en una motocicleta. El padre, acompañado por sus dos hijos de 15 y 16 años, fue tras los pasos de los supuestos atracadores.
En el barrio 120 Viviendas lograron alcanzarlos y los derribaron chocando el remise contra la moto. Uno de los acusados por el atraco, Pascual González Sánchez, quedó aprisionado bajo el rodado y, en un confuso episodio, recibió un disparo en la cabeza que le provocó la muerte.
La versión del acusado (uno de los hijos del remisero) sorprendió al fiscal Carlos Sale. Dijo que, después de que los dos asaltantes se cayeron de la moto, el levantó el arma que llevaba Sánchez y que cuando hizo ese movimiento, el arma se disparó e hirió a la víctima.
El fiscal también escuchó las declaraciones de al menos dos menores que presenciaron el hecho. Estos dijeron que el adolescente, que viajaba en el asiento del acompañante, se bajó del automóvil y fue corriendo hasta donde estaba Sánchez y que allí le disparó. Luego, de acuerdo con los testimonios recogidos, huyó de la escena del crimen.
Con estos relatos y con el resultado de varias pericias, el fiscal habría determinado que el padre del acusado no tuvo ninguna participación en el homicidio, aunque aún no podría determinar si lo acusará de algún delito por haber atropellado al joven. En las próximas horas también definirá la situación procesal del menor de los dos hermanos. Este, según confirmaron varias fuentes, viajaba en el asiento trasero y nunca se bajó del vehículo. Ambos adolescentes quedaron a disposición del juez de Menores Raúl Ruiz. Este dispuso medidas tutelares para ambos y, por cuestiones de seguridad, no están alojados en el Instituto Roca. Los hermanos, por la experiencia vivida, reciben apoyo psicológico y contención de varios parientes.
La familia del remisero se mudó del lugar donde vivía, puesto que recibió amenazas por parte de allegados y de familiares de la víctima. La Policía custodia de manera permanente la vivienda, en la que está instalada una persona como sereno.







