"Los más pobres son los que no se recuperan"

Docentes de Trabajo Social de la UNT realizaron una investigación en zonas marginales y entrevistaron a mujeres cuyos hijos son adictos.

INTERVENCION ESTATAL. Loreto, Mohammad y Margaría consideran que el Estado debe poner límites. LA GACETA / INES QUINTEROS ORIO
INTERVENCION ESTATAL. Loreto, Mohammad y Margaría consideran que el Estado debe poner límites. LA GACETA / INES QUINTEROS ORIO
03 Junio 2007
Da la impresión de que se tratara de una cadena: familias excluidas del sistemas político y económico. Una figura paterna casi desfigurada y el rol de la mujer convertido en una autoridad del hogar que, paradójicamente, no tiene autoridad sobre sus hijos. Esta situación muestra un síntoma por el cual se manifiesta: las adicciones en las que caen los menores y que convierten a sus madres en "Madres de la droga".
Tres investigadoras y docentes de la carrera de Trabajo Social de la UNT realizaron un trabajo en zonas periurbanas de la ciudad (no revelaron los nombres de los vecindarios por una cuestión de ética investigativa) al que denominaron "Las madres de la droga. La familia de los niños y adolescentes que se iniciaron en el camino de la adicción a las drogas en un contexto de exclusión social".
Durante un año, Luisa Loreto, Susana Margaría y Gabriela Mohammad se entrevistaron con mujeres cuyos hijos son adictos y también con drogadictos. El trabajo fue presentado en las jornadas nacionales "Transformaciones, prácticas sociales e identidad cultural", que se realizaron recientemente en Tucumán.

Se hacen escuchar
"Las voces de las madres son las que más se hacen escuchar para pedir una respuesta. No hay que olvidar que las adicciones son un síntoma social y por eso, piden la intervención de Estado", explicó Margaría.
Según estas especialistas, el problema de las adicciones surge en el seno de la familia como un síntoma que destapa una problemática social en la que se produce un gran vacío en la vida de los jóvenes que buscan lo más fácil.
"Existe un problema intrafamiliar que no está resuelto, a lo que se le tiene que agregar una cuestión social determinada por una política de exclusión. El problema de las adicciones afecta a toda la sociedad, pero las personas más pobres son las que tienen menos posibilidades de acceder a la recuperación", agregó Loreto.
Este dato es preocupante, ya que en la provincia todavía no hay un centro de rehabilitación público. Por ejemplo, en la Asistencia Pública, los médicos reciben al menos unas 70 consultas semanales. Y en el hospital Avellaneda se realizan terapias grupales para los adictos y para sus familias, pero los profesionales no dan abasto para contener a la gran cantidad de madres que llegan buscando asistencia para que sus hijos sean rescatados de las adicciones.

Una figura difusa
Las investigadoras sostienen que este problema social tiene origen, en parte, en la falta de una autoridad que establezca límites precisos. "La figura del padre está desdibujada. A los 40 años se queda sin trabajo y ya es viejo para conseguir otro. Es la mujer la que debe asumir el rol de jefa de hogar. Tiene que salir a la calle a trabajar; traer sustento a la casa; cuidar a los hijos y hasta lavarles los calzoncillos al marido. Los hijos crecen sin límites y es por eso que estas madres le reclaman al Estado que se encargue de implementar políticas con autoridad -no autoritarismo- que marquen límites", explicó Mohammad.
Como ejemplo, las trabajadoras sociales pusieron el testimonio de una madre que les dijo que no sabía cuál era el error que había cometido en la crianza de los hijos. Porque, según ella, les había brindado todo lo que tenía a su alcance, pero igual los chicos habían terminado sumidos en las adicciones y en la delincuencia.
"Cuando al hijo no se le ponen límites desde que es chico, al llegar a la adolescencia se lo puede considerar perdido, porque en ese momento se torna muy difícil encarrilarlo", comentó Margaría.
Loreto agregó que es común ver en barrios periféricos chicos con zapatillas muy caras que no son robadas. "Una madre nos dijo con resignación que los chicos ven zapatillas y otros objetos que son caros y que ellos también los quieren", recordó.
Además de generar un debate constructivo en torno de este problema, Loreto, Mohammad y Margaría proponen que el Estado cree programas de prevención y recuperación de los adictos que no sean meras políticas asistencialistas. Además, dijeron que se deben implementar políticas que garanticen el trabajo, la seguridad social, recreación, educación y culturalización de las familias para que la cadena de vaciamiento de roles no termine en la adicción de los hijos.
Anunciaron que el viernes y el sábado se realizarán unas jornadas sobre Violencia Social en la Facultad de Filosofía y Letras, donde también se tratará el problema de las adicciones, ya que dijeron que la violencia y las drogas están íntimamente ligadas.

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