
Pero lo central en los cuestionamientos de Duguech es su crítica a la idea de que el programa refleja la realidad o alguna parte de ella. ¿Pero qué entiende Duguech por realidad? Aparentemente la concibe como el mundo que nos rodea; representado particularmente por ámbitos en los que el sufrimiento y las debilidades humanas se plasman con más fuerza, como villas miseria, hospitales o el Congreso. Ferrater Mora, en su Diccionario de Filosofía, apunta que lo real suele asociarse a expresiones como "auténtico", "genuino", "verdadero". Teniendo en cuenta estos conceptos, debemos reconocer que el mundo que nos rodea, el espacio en el que se desarrolla nuestra vida social poco tiene de "genuino", "auténtico" o "verdadero". En los escenarios habituales de convivencia, los miembros de una comunidad suelen tener tiempo para levantar barreras, montar farsas y mantener "vías de escape".
Circunstancias
Lo que nos muestra Gran Hermano, obviamente, no es la vida cotidiana de los jóvenes seleccionados en su hábitat natural. Las circunstancias de los prisioneros voluntarios han sido deliberadamente modificadas. Y las circunstancias, como bien apuntaba Ortega, nos condicionan y, en parte, nos definen. ¿Pero qué queda de nosotros si esas circunstancias cambian? ¿Quiénes son, en definitiva, esas personas con las que interactuamos superficialmente y con redes de contención? Responder esta pregunta es la propuesta de GH. Armar un escenario en el que los trucos de la farsa social no se sostengan, en el que después de cientos de horas de convivencia forzada aparezca esa esencia que en el mundo exterior no se revela. La que expresa las ambiciones, los impulsos, los temores y hasta los pecados de esos seres humanos sometidos al escrutinio público.
Esa faceta de la realidad, la más auténtica, aquella con la que pueden identificarse millones de televidentes, es la que pretende -y en algunos casos logra- mostrar GH. (C) LA GACETA







