¿Qué es eso de "reality shows"?

Ninguno de los integrantes del grupo puede decir que su vida es tal como la que mostraron en la casa. Por Carlos Duguech - Tucumán.

27 Mayo 2007
Cuando leí "A favor de Gran Hermano", de Marcelo L. Zavaleta (LA GACETA Literaria, del 13 de mayo p.p.), descubrí que su autor analizaba el programa televisivo como perteneciente a esa especie denominada entre nosotros "reality shows" y extendió en una analogía con sus "ilustres predecesores" (Zavaleta dixit) nada menos que al neorrealismo italiano, o al nuevo cine argentino, entre otras expresiones culturales. Hay que salvar distancias cuando se hacen comparaciones como las que se han hecho, porque en verdad ese envío televisivo, como bien señala Zavaleta, batió récords de audiencia. Fue un excelente negocio para quienes lo produjeron, porque de eso se trata: de un emprendimiento con legítimas aspiraciones de un abultado lucro, a cualquier costo.
Lo que es necesario decir desde la óptica de quien no vio sino algunas escenas del programa durante el recorrido que permite el control remoto del televisor, es que hay que darse cuenta de que el programa no es "la realidad exhibida tal cual es (y que por ello) puede tener un valor intrínseco". Esta es la "realidad" de un encierro de 18 personas durante cuatro meses, con todo a disposición, miradas y oídas todo el tiempo en todos los espacios de "la casa". Ninguno de los integrantes del grupo puede decir que su vida es tal como la que mostraron en la casa. Tampoco podrán convencernos de que siempre fueron ellos mismos, y no los jugadores de un juego con importante premio (además de cierta fama) actuando cuando fuere necesario.Si se hubiese tratado de un experimento científico desde la antropología, desde la sociología y la psicología, los resultados hablarían de cómo puede ser la convivencia entre diversos y desconocidos, obligados a permanecer encerrados en un hábitat a propósito. Y tales resultados se aplicarían sólo para esa situación singular de 18 personas durante un encierro de 4 meses. No servirían para otra cosa que no fuera el análisis de una situación que pudiera darse en una realidad análoga: por ejemplo, un grupo de personas diversas obligadas a un encierro en tiempos de guerra durante varios meses.
Imagino un formato televisivo pretendiendo ser una "muestra de la realidad" (reality shows). Cámaras y micrófonos por doquier montados en recintos donde la realidad espontánea (no actuada ni armada) fuese, por ejemplo, la de una de las llamadas "villa miseria". O, ¿por qué no?, cámara y micrófonos emplazados en todos los rincones del Congreso de la Nación o en hospitales, o en cárceles. Independientemente de que en muchos de estos casos no sería posible que se aceptara el reto, sí estarían asegurados millones de televidentes y se obtendría un beneficio para la ciudadanía: se sabría, a ciencia cierta, sobre los comportamientos humanos en cada una de las situaciones sugeridas. Porque, en verdad, sería, esta vez sí, "la realidad, exhibida tal cual es", a diferencia de lo que plantea el articulista Zavaleta. (C) LA GACETA

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