
"Un soneto me manda hacer Violante...". Un artículo me manda -me pide, pero es igual- el amigo Dessein para esa LA GACETA Literaria, tan constante y meritoria, que honra al diario que la ampara y a los que hemos colaborado en sus páginas.Me manda que escriba un artículo y es una orden que recibo con placer. Me dispongo a cumplirla. Dessein y LA GACETA lo merecen. Pongo el papel en el rodillo de mi vieja Olivetti Lexikon, revoloteo los dedos sobre el teclado. Habitualmente, ya estoy empezando con la primera frase de lo que voy a escribir, porque en general ya lo tengo pensado: lo he elaborado mientras caminaba, en el café donde me detengo un rato, en la sala de espera del dentista...Pero ahora caigo en cuenta de que no he pensado nada de lo que voy a escribir, acatando el pedido cordial y la afable orden de Dessein. No he pensado nada, no puedo escribir nada. ¿Será para siempre? ¿Es que mi edad ya se hace sentir cruelmente? Mi oficio de historiador y periodista, que ejercí y sigo ejerciendo, de algún modo, desde hace tantos años, ¿tendrá que darse por clausurado?¡Terror! ¡Pánico! Sin proponérmelo, algunos recuerdos me visitan: el espasmo bronquial que me asaltó pocos días después de festejar mi cumpleaños; los cuatro días de internación, atendido maravillosamente, pero en el ambiente casi calvinista por lo seco del instituto al que me llevaron. Después que me dieron de alta, cumplí con un compromiso que me hice en aquellas jornadas de enfermo: no fumar más.Efectivamente, desde entonces me divorcié de mi viejo compañero, el pucho, que estuvo a mi lado tantos años, que me ayudó a escribir, a componer, a charlar, a compartir. ¡Vade Retro Tabacchus! ¡Abomino de ti! Y la verdad es que el cigarrillo desapareció de mi vida, calladamente. Pero su venganza estaba perfectamente organizada.De pronto me puse ansioso, malhumorado, maniático, estricto. Yo, que suelo gozar de buen carácter, me hice insoportable. Yo, que suelo ser optimista, de repente empecé a ver todo negro. Yo, que cultivo la amistad, me torné retraído y lacónico. Yo, que tengo como actividad principal la de escribir, me encontré perezoso, lerdo, dubitativo...Y es en ese estado, amigo Dessein, que le digo que no puedo escribir el artículo que me pide. En realidad, le confieso que estoy saliendo de esta ansiedad con que la nicotina se vengó de su ausencia en mi organismo. Un hábil profesional me está dando pildoritas, grajeas y otras yerbas, y parece que el sistema está dando resultados.Lo que pasa, amigo Dessein, es que cuando la providencia le regala a uno un pretexto tan formidable y valedero como el de decir "no puedo escribir, el médico me aconsejó descansar" (mentira, jamás me dijo eso, pero suena muy plausible), entonces uno descubre que puede manejar uno de los instrumentos más eficaces contra los inoportunos, los solicitantes de prólogos de libros que no me interesan, los invitantes a conferencias remotas y no pagadas.Tal vez este pretexto me sirva un buen tiempo. Tal vez haga posible que usted, amigo Dessein, me perdone que no haya escrito el artículo que me pidió.O, como Quevedo, al final del soneto que le manda hacer Violante, termine estas líneas diciendo... "está hecho"... (c) LA GACETA







