
Nació en Rosario el 26 de marzo de 1925, el mismo día en que Alberto Einstein llegaba de visita a la Argentina. Quizás fue premonitorio, ya que con el tiempo habría de conocer personalmente al autor de la teoría de la relatividad, en noviembre de 1953. Trató a Bernardo Houssay, a Luis F. Leloir, a René Dubos, a numerosos premios Nobel y a científicos de casi todo el mundo, con quienes estudió. La madre Teresa de Calcuta le dispensó amistad y gratitud por su labor durante más de medio siglo en el tratamiento de la lepra. Con el tiempo, este médico e investigador relevante especializado en leprología habría de revolucionar al mundo científico con un descubrimiento trascendental: el efecto y empleo de antioxidantes en el retardo del envejecimiento y en la preservación de la salud, al impedir el desarrollo y avance de muchas enfermedades. Si bien algunos de ellos eran ya empleados desde la antigüedad -los egipcios los usaban en el proceso de momificación, y desde mediados del siglo XX se utilizaron con mayor frecuencia para conservar alimentos, el caucho y los plásticos-, el empleo de todos ellos en leprología, tuberculosis y posteriormente en enfermedades terminales fue obra de Bergel, quien investigó, desarrolló y difundió. O sea, no descubrió los antioxidantes pero sí su aplicación en medicina. Y su primigenio descubrimiento y empleo en el tratamiento de la lepra hace más de medio siglo, se extendió beneficiosamente a otras áreas. Actualmente, los deportistas lo usan casi masivamente. Quienes tienen el privilegio de poseer un personal trainer o muchos de quienes asisten a gimnasios, también. Asociados al ginseng o a polivitamínicos, los antioxidantes franquearon la barrera de los remedios medicinales convencionales, y se venden por millones en decenas de países. Su beneficioso efecto -particularmente, el de algunos de ellos- está reconocido actualmente a nivel mundial por la medicina. Es indudable la probidad científica de Meny Bergel. Sin embargo, no fue profeta en su tierra, y de ello trata principalmente el libro. En él se realiza un pormenorizado y crítico análisis de la situación científica en el país durante el último medio siglo, la influencia del Conicet en la ciencia y su actitud frente al éxodo de profesionales.Recibido en 1947, estudió entre 1952 y 1960 en los EE.UU. en la Universidad de Rochester y en el instituto Rockefeller de Nueva York, entre otros centros científicos, alternando sus estadías con viajes a Argentina. Dictó conferencias que luego proseguiría en más de treinta países; entre ellos, España, Francia, Italia, Israel, Japón, Filipinas, México, Brasil y casi todos los otros países sudamericanos. Sus postulados principales fueron el efecto citado de los antioxidantes y el sostenimiento de que la lepra no es causada por el bacilo de Hansen -que aparecería en una etapa posterior de la enfermedad- sino que tendría su origen en un trastorno del metabolismo, relacionado con las grasas no saturadas. Tales teorías provocaron disidencias que lo enfrentaron en su momento (década del 60) con la Facultad de Medicina de Rosario, con el Colegio Médico de Rosario y con el Conicet, institución esta última que le negó el ingreso a la carrera de investigador científico en 1965. La Procuración del Tesoro de la Presidencia de la Nación realizó un pormenorizado análisis de la situación. En sus conclusiones -que abarcan 24 carillas de esclarecedora lectura- declaró nula la causa y solicitó nueva resolución.
Aunque la tormenta pasó, Meny Bergel da a conocer su historia en un extenso e interesante libro, que muestra su polifacética personalidad y el accionar del periodismo científico que se le opuso o lo ignoró, haciéndolo sentir "discriminado-negado-rechazado", como expresa ya desde la portada. El autor aclara que no ocurrió lo mismo con el periodismo del país en general -ni qué decir del exterior-, cuyos más importantes diarios difundieron sus logros y descubrimientos sin rodeos. También comenta el rechazo de la Academia Nacional de Ciencias, ya desde su nombramiento, y luego cuando publicó su ensayo "Democracia en Ciencia y Exodo de Investigadores". En la quinta parte de las seis que componen el libro -titulada "Academia de Ciencia"-, cita algunas opiniones de caracterizadas personas de probada trayectoria en el derecho y las letras, diametralmente opuestas a la resolución de la mencionada Academia (pág. 155). Transcribe las adhesiones de los doctores Jorge R. Vanossi, José Ignacio García Hamilton, Ricardo Monner Sans y Modesto P. Montecchia, autor este último del prólogo del libro y de un interesante reportaje a Meny Bergel (páginas 13 a 20), y que intervino además con sus citas, en los cuatro primeros capítulos del extenso tomo. En él, Bergel, creyente y practicante de la religión judía, se reconoce alejado de la sociedad por haberse sentido negado, rechazado o poco apoyado en sus reclamos, según los casos, aunque no lo atribuye a discriminación racial o religiosa (pág. 139).
El currículum de Meny Bergel es apabullante; así también, las numerosas distinciones otorgadas por diferentes centros científicos y universidades de decenas de países, las que proceden de la más variada índole. Así fue condecorado con la Cruz de la Orden de Malta, con el Premio Círculo Médico de Rosario (1975), con el Premio Profesor Dr. Baldomero Sommer S.D.y S. de la Asociación Médica Argentina, y con el Premio Asociación de Damas Patricias, Próceres y Guerreros de la Independencia Argentina (1967). Fue becado por la Organización Mundial de la Salud dependiente de las Naciones Unidas, Universidad de Rochester de EE.UU., Laboratorio CIBA de EE.UU., Laboratorio Essex de Argentina, LALCEC, etcétera.
Aunque su interés es global, merecen destacarse tres capítulos del libro: los dedicados a Maimónides, a Einstein, y a la madre Teresa de Calcuta. También son relevantes su aporte a la cultura y su afición a la pintura, y sus cuadros se exponen en importantes instituciones del país y del exterior.
Meny Bergel fue un heterodoxo, es cierto. Un hereje, a su decir. Pero, ¿acaso no lo fueron en su momento Copérnico, Galileo, Newton, Harvey, Darwin, Lavoisier, Pasteur, Einstein? Ellos debieron negar los postulados científicos conocidos hasta el momento, para poder sustentar los propios. En suma, el libro -más allá de su crítico "yo acuso"- es el justo reconocimiento a un notable científico argentino cuyo avance en la curación de enfermedades y retardo del envejecimiento es un hecho aceptado y usufructuado por la ciencia médica actual. Una clave para la curación de las enfermedades terminales, una esperanza en las expectativas de prolongación de vida. De allí su rigurosa actualidad en ciencia, medicina, deporte, extensiva a todo lector. (c) LA GACETA







