El Barco, hazaña extraordinaria de los conquistadores del XVI

Por Alvaro Aurane. HISTORIA.

31 Diciembre 2005

A mediados del siglo XVI, del asentamiento de 60 vecinos surgió el primigenio pueblo de Barco, en el sur de la por entonces extensa provincia de Tucumán. Luego de tres traslados, se convertiría en Santiago del Estero: durante casi una década, la única población española en lo que hoy es la Argentina. Fue una hazaña extraordinaria, pero no en los términos épicos de la edulcorada historia oficial. Fue una gesta de soledad, pobreza, miseria, abandono y tragedia.
La desmitificación de los orígenes de nuestra patria es uno de los muchos valores que surcan "Poblar un pueblo", el último libro de la tucumana Teresa Piossek Prebisch.
No hay bronce para los protagonistas de la historia que reconstruye esta miembro correspondiente de la Academia Nacional de la Historia. Tampoco estatuas de caballos blancos, aunque la Cordillera de los Andes es un paisaje recurrente es esta documentada obra.
"Poblar un pueblo" es la historia de burócratas jugando inmoralmente con el poder y dictando nombramientos para que distintos hombres de dudosos valores, con veleidades de fundadores, se aniquilaran mutuamente.En el principio, eran las intrigas palaciegas. La noticia de la expedición de uno movía al otro a atacar arteramente y a robar, como lo haría cualquier malón.
Las raíces del país fueron regadas con deslealtades, por monarcas que traicionaban a sus virreyes. Y estos, a los gobernadores. Y estos, a sus lugartenientes. Y estos, a sus delegados.Coherentemente, el primero en asentarse en estas tierras y fundar la ciudad de Barco, Juan Núñez del Prado, era desertor del ejército de Gonzalo Pizarro.
La dolorosa pero bien narrada crónica de Piossek Prebisch es el derrotero de pobladores librados a su suerte (que nunca fue mucha) mientras interminables internas alejaban las guarniciones que debían protegerlos de los aborígenes. El castigo y la ignominia -no podía ser de otra manera- eran para quienes no obraban de la peor manera. Así se presenta el caso de Juan Pérez de Zurita, fundador de tres ciudades y garante de la paz con los indios, quien luego de ser desplazado deshonrosamente, tendrá un bárbaro sucesor, a quien el cacique Juan Calchaquí escarmentará por medio de la fuerza y del fuego. Había una vez "incivilizados" con códigos de honor de los que carecían los civilizadores.
Estas 520 páginas descubren conquistadores despreciando estos territorios porque, a su entender, si no había yacimientos de metales preciosos, no había riquezas que explotar. Una decepción considerable, teniendo en cuenta que ellos debían financiar sus propias expediciones, con lo cual el motor del poblamiento de este país, muchas veces, fue la rapiña. Hacerse del poder no se orientaba por principios de bienestar general, sino que sólo perseguía el enriquecimiento personal. Qué suerte que sólo se trate de historia, porque los hombres siempre aprenden de ella. (c) LA GACETA

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