
La pintora y escultora tucumana Marta Díez Ojeda ha realizado una exposición de máscaras de su creación, trabajo que merece por su calidad e interés algunos comentarios. La máscara es uno de los elementos mágicos más antiguos, que nos llega desde el paleolítico superior y constituye la representación por el hombre de espíritus protectores o malignos que se manifiestan a través de ritos ancestrales.
En esta exposición, Marta Díez Ojeda se ha apropiado de uno de los símbolos más antiguos para darle, a través de una versión moderna, nuevos lenguajes, sin que por ello pierda el carácter simbólico que lo caracteriza. Nuestra artista es una creadora que sabe lo que quiere y recrea a través del arte una larga memoria de mitos en donde el sentido religioso ocupa un lugar primordial. Ver esas máscaras es tener el convencimiento de que estamos contemplando extraños conjuros y ritos en donde el hombre se transforma en materia sagrada, ya que a través de su enmascaramiento recibirá los espíritus que flotan en el inmenso espacio que media entre su realidad y lo sagrado.
Dándoles un acento nuevo, Marta Díez inventa sus propios mitos, sus particularísimas ceremonias que nacen de ella misma. Marta Díez es a la vez el conjuro y el sacrificio que nos demuestra que a través del arte y la belleza se puede arribar al mundo mágico del cual ha sido despojado el hombre moderno. (c) LA GACETA







