
La presente edición bilingüe de la Poesía completa de José Saramago reúne los siguientes títulos publicados por el célebre novelista: Los poemas posibles (1966), Probablemente alegría (1970) y El año de 1993 (1975). El lector que espere de estos libros una escritura propia de narrador en versos se encontrará con que, salvo el último texto, que es un poema en prosa alegórico político, los libros de poesía de Saramago son, en efecto, libros de poesía. Vale decir, Saramago escribe versos, no prosa entrecortada; versos con su cadencia métrica e incluso, a menudo, con rima, y hay un gusto especial por las figuras poéticas, las asonancias aliterativas, etc. No deja de llamar la atención este hecho si comparamos su escritura con la que predominaba en nuestro país en los años en que los libros de Saramago fueron publicados, o sea, una poesía que eludía por todos los medios recordar al lector que estaba leyendo poesía. Aquí, en cambio, tenemos la prueba, por si hiciera falta, de que una mano poética que trabaja con las herramientas tradicionales de la poesía no necesariamente produce objetos estéticos anacrónicos, ni debe ser asociada con una concepción retrógrada del mundo, ni ejercita una praxis inepta para captar las experiencias profundas de la época. En realidad, son estos prejuicios -tan arraigados en nuestro medio literario- los que ya se podrían ir arrumbando en el desván de las nociones que el tiempo y las obras han demostrado improductivas, esterilizantes y, en el fondo, ellas sí artísticamente reaccionarias.
En una entrevista realizada en estos días a H.M. Enzensberger, con motivo de cumplirse los treinta años del asesinato de Pasolini, el poeta alemán contestaba de la siguiente manera a la pregunta del periodista sobre la célebre interrogación hölderliniana "¿Para qué poetas en tiempos de miseria?": "Responder hoy a la pregunta de Hölderlin, y de Pasolini, significa constatar con sincera brutalidad que la institución y el oficio del poeta han perdido su importancia. Hoy el terreno sobre el cual se mueve con comodidad se ha reducido drásticamente. Hay menos espacio para las pasiones y para la violenta rabia, típicas de Pasolini". Y agrega: "Ya no hay espacio para lo sublime". Enzensberger también define sucintamente el sentido que le otorga a tal "espacio de lo sublime": "hasta los años 70, en efecto, nos dirigíamos al poeta para escrutar el secreto de la vida". La poesía de Saramago se diría que nace de la constatación de tal reducción del espacio de lo sublime y a la vez del empeño de no renunciar a la búsqueda del secreto de la vida por medio de la palabra poética. Leamos, con respecto a la primera comprobación, su poema "Circo": "Poeta no es nadie, es sólo un bicho/ Que de la jaula o la prisión se escapó/ Y anda por el mundo a volteretas,/ Recordadas del circo que inventó.// Echa al suelo la capa que lo cubre,/ Hace del pecho tambor, redobla y salta,/ Es oso bailarín, es mono sabio,/ Ave tuerta de pico y zanquilarga.// Toca al fin la charanga del poema,/ Timbales y fagot, notas rascadas,/ Y porque es bicho, bicho se queda,/ Cantando a las estrellas apagadas." Y con respecto a lo segundo, el terco intento de encontrar la llave del sentido en clave de palabras, su poema "Ha de haber": "Ha de haber un color por descubrir,/ Un juntar de palabras escondido,/ Ha de haber una llave para abrir/ La puerta de este muro desmedido.// Ha de haber una isla más al sur,/ Una cuerda más tensa y resonante,/ Otro mar que nade en otro azul,/ Otra altura de voz que mejor cante.// Poesía tardía que no llegas/ A decir la mitad de lo que sabes:/ No callas, cuando puedes, ni reniegas/ De este cuerpo casual en que no cabes." Otro texto en el que se plantea la condición ardua y ambigua de la palabra poética en la contemporaneidad, con algo de sagrado y algo de impío, es el poema "Ritual": "Si es altar el poema, sacrifico./ En la piedra de luna que es el verso/ Cobra filo el cuchillo de lo vivo./ Aquí vendré de rodillas. No rechazo/ Al ciervo de los prados de mi sueño/ Ni al dardo violento que lo alcanza...".
Se trata, como se ve, de una lírica crítica la de Saramago, un lirismo moderno en el sentido que lo definió el crítico italiano Sergio Solmi: "una ilusión de canto que milagrosamente se sostiene después de la destrucción de todas las ilusiones". Para captar ese canto, el traductor, Angel Campos Pámpano, ha hecho todo lo posible, pero no siempre con buenos resultados, como el lector habrá advertido en los versos transcriptos. Afortunadamente, está el original al frente. Algo melancólicamente, pensando en la poesía que predomina hoy en nuestro país, cerremos este comentario con el siguiente magnífico poema de Saramago, inspirado en el Salmo 136: "Ni por abandonadas se callaban/ Las arpas de los sauces suspendidas./ Si los dedos de los hebreos no las tocaban,/ En las cuerdas tensas el viento de Sión/ La música de la memoria repetía./ Mas en la Babilonia en que vivimos,/ Sión en el recuerdo y el futuro,/ Hasta el viento calló la melodía./ Tanto nos dejamos arrasar,/ Más que el cuerpo, el alma y el deseo,/ Que ni sentimos ya el hierro duro,/ Si nos dejaron la vanidad de lo que fuimos.// Tienen los pueblos las músicas que merecen". (c) LA GACETA







