César Aira y sus vueltas

Por Carlos Gazzera. Novela.

24 Diciembre 2005

Publicada originariamente en 1987, pero fechada en 1984, la reedición de esta novela corta de César Aira, por aquel entonces su 8ª novela (ahora anda cerca de 50 novelas publicadas), nos remonta a un momento clave de su obra. Como dice Sandra Contreras (editora de César Aira y una de las estudiosas más consecuentes de su novelística), Aira parece difuminar sus argumentos a tal punto que sólo en el cierre, cuando termina la historia y le da un final, nos convencemos de que hay un argumento, que hemos leído una historia. Este es uno de los juegos, de las marcas, de "las vueltas" que caracterizan la literatura de César Aira.
Claro que el lector, a esta altura, después de casi veinte años de leer a Aira, encontrará esas "vueltas" algo repetitivas, algo trilladas. No es una mera sensación. Es una certeza, y si llega al final de Una novela china no sólo comprobará que su historia "es" sobre China sino que además es lo que llamamos un "cuento chino"... Un verdadero cuento chino en la literatura argentina, más aún si lo comparamos con el tipo de literatura que se estaba escribiendo y legitimando desde el campo literario argentino de aquellos años 80.
Los textos envejecen o rejuvenecen según la propia dinámica de cada campo literario. Cada campo teje la red de legibilidad y fija sus reglas de recepción en el tiempo.
Seguramente, esta novela de Aira pasó por el 87 como una novela naïf de la literatura descomprometida, de la literatura de entretenimiento. Aira, por aquellos años, tenía un proyecto literario que aparecía difuso, gris. Un limitado puñado de lectores lo reconocía como un innovador. Pocos años más tarde, cuando el campo literario posborgeano se tensó con el mercado, Aira dejó de ser un escritor de culto para convertirse en representante de una neovanguardia excéntrica. (¿Qué hacer en la tradición literaria argentina con una novela que nos cuenta la historia de un funcionario del Partido Comunista chino entre los años de la "Larga Marcha" del Ejército Rojo y el amor que llega con la Revolución Cultural de Mao? ¿Qué hacer con una novela que sólo tiene ese marco maoísta como decorado de fondo?).Su novelística dejó de ser una literatura de los jóvenes de Filosofía y Letras de la calle Puán -donde sus seminarios sobre Copi y sobre Pizarnik, o sus prólogos a las Obras Completas de escritores como Osvaldo Lamborghini, causaban ásperos clamores- para convertirse en un autor de extramuros. Su literatura se volvió arborescente y proliferó adentro y afuera de la Argentina.
Leer Una novela china en 2005 como exploración de la literatura argentina es un epifenómeno. Es un ejercicio de lectura por el tedio de leer. Nada, absolutamente nada, justifica releerla fuera de la búsqueda de comprensión de su novelística. Es encontrarse con un ejercicio de taller personal en donde un lector avezado en la obra de Aira localizará los mecanismos que Aira luego lograría perfeccionar en historias mucho más entretenidas, mucho menos militantes de una ideología literaria del banalismo del arte... Una novela china es a la literatura de Aira lo que los innumerables retratos pintados por Velázquez son a Las meninas: un profundo ejercicio para la ejecución de una gran obra en ciernes. (c) LA GACETA

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