
El ensayo de Garton Ash es uno de los más recientes que actualmente circulan, y a su complejidad agrega no sólo sabiduría y una excepcional inspección personal sobre el planeta y sus gentes, sino la rara facultad de abordar la realidad sin otro compromiso que convocar a la convivencia que los políticos no logran, pero que la política demanda, y con apremio. Tras la desaparición del Este comunista y el final de la Guerra Fría, el mundo fue hundiéndose en una crisis que durante la década de los 90 insinuó discordia y conjeturas acerca del nuevo orden. El 11 de septiembre de 2001, el desastre de las Torres Gemelas materializó la incertidumbre sobre el futuro, pero Estados Unidos tuvo en Occidente parecido apoyo al de los 40 frente al Ejército Rojo de Stalin. Sin embargo, fue una sensación pasajera, pues la "guerra contra el terrorismo" de George W. Bush halló una Europa muy diferente, comunitaria aunque con fisuras, donde Francia y Alemania presionaban, sin éxito, sobre Washington en el Consejo de Seguridad, y EE.UU. era ya, por vez primera en la historia, una potencia imperial única. La democracia como sistema está muy lejos de ese vendaval poderoso, de la inspirada en el histórico episodio de Putney, allá por 1647, cuando, en cercanías de Londres, Oliver Cromwell escuchó decir a un coronel que el más pobre de Inglaterra tiene una vida que vivir, como el más grande, pero debe tener voz igualmente para someterse a un gobierno.Las exposiciones del ensayo, como en el caso reciente, sirven a un estilo expositivo de Garton Ash tan coloquial como académico y, sin perder nivel, ayudan así a intensificar el interés del lector, convocándolo insistentemente a que haga de su lectura un diálogo. No en vano, al final de la obra, el autor cita a un intercambio posible, vía e-mail, donde el tema puede enriquecerse con los meros interrogantes que se suscitan. "Mundo libre" nos introduce también en la particularidad más significativa de la Unión Europea; es decir, el rol de Gran Bretaña -miembro fiel y familiar del imperio único-, a la que simboliza con la cara dual de Jano. El análisis logra explicar con ello que la realidad comunitaria europea puede ser en cualquier momento histórico víctima de discordias con problemáticas alternativas. Algunos hechos están justificando esa posibilidad y parentesco anglosajón. Por ejemplo, Gran Bretaña se enorgullece de su fuerza nuclear disuasiva propia, pero sus misiles no funcionarían sin el apoyo de EE.UU.; en hangares británicos hubo en 2002 sofisticados helicópteros guardados porque el Congreso de Washington retenía la transferencia de una patente; la Inteligencia norteamericana tiene una relación extraordinaria con la inglesa. Se trata apenas de ejemplos que acepta y considera lógicos una administración laborista como la británica.
Capítulo esencial en el extenso sumario del ensayo es el que concierne a la globalización y la pobreza. El gran fenómeno globalizador -afirma Garton Ash- es demasiado complejo para ser condenado sumariamente, pues en algunos casos ha beneficiado a la pobreza; especialmente en los países asiáticos, donde el despegue económico es ostensible a pesar del crecimiento poblacional, permitiendo la inserción en el comercio mundial. Por otro lado, mil millones de seres humanos viven en países que no alcanzan aquella opción. ¿Conseguiremos una globalización con rostro humano?, se pregunta el investigador. Lo mejor -propone de inmediato- es que los países ricos se abran a las exportaciones y que los organismos multilaterales resuelvan los fuertes endeudamientos de las naciones pobres, muchas veces esquilmadas por sus propios gobernantes corruptos y dictatoriales. Algo, esto último, que los argentinos, por cierto, conocemos desde antaño y que hoy explica una pobreza que contrasta con las condiciones naturales del país. Qué podemos hacer, se interroga y nos pregunta el autor. Y recomienda la acción de cada uno, haciendo propias las famosas revoluciones de los claveles, de terciopelo o naranja, con las que diversas sociedades, por sí mismas, pusieron fin protagónicamente a la incapacidad de los políticos para llevar a la política a los nuevos dirigentes. Obra poco común por su ilustración y rigor, acompañada por gráficos esenciales para asomarse a la realidad. (c) LA GACETA







