Suspenso, romance, entretenimiento, en un libro ideal para las vacaciones

Por Susana Company. La trama se mueve entre las celebridades del mundo del espectáculo.

18 Diciembre 2005

"-Señorita Kendall, ¿me oye? Soy el Dr. Metcalf y estamos en el Hospital del Buen Samaritano... Ahora vamos a sacarla de la ambulancia y llevarla a emergencias" (11). Con esta escena, al mejor estilo de la serie televisiva E 24, comienza Alguien que cuide de mí, la travesía física y emocional que debe recorrer Leigh Kendall, una lánguida y exitosa actriz de Broadway, para reconstruir no sólo la confusa escena de su accidente automovilístico, sino también la de la misteriosa desaparición de su esposo, un seductor y adinerado empresario. La búsqueda del hombre, o su cadáver, revela una peligrosa red de secretos, intriga y traición en la que se torna difícil distinguir amigos de enemigos.
Para quienes no conocen a la autora, Judith McNaught es un bastión del género romántico en EE.UU. y ganó el reconocimiento de su audiencia (fundamentalmente femenina) con su romance histórico Whitney, my Love en los 80. Desde entonces publicó doce novelas (ocho de ellas listadas best sellers del New York Times), que fueron traducidas a unos veinte idiomas y llevan vendidos varios millones de ejemplares en el mundo.
En esta oportunidad, McNaught nos brinda una historia de suspenso, pasión y muerte ambientada en un círculo que parece seducir al público estadounidense tanto como al argentino: el de las "celebridades" del mundo del espectáculo. Tal vez uno de los atractivos "transnacionales" de la novela es que se interna en la intimidad de una famosa golpeada por el escándalo y acosada por los paparazzis. No resultan desconocidas, por ejemplo, las escaladas de rumores agraviantes publicados por la prensa amarilla cuando el agreste Michael Valente, un magnate de injusta mala reputación, aparece en escena para socorrer a la damisela en peligro.
Una segunda pareja en potencia, detectives de la policía de Nueva York, completa el reparto protagónico de este thriller romántico, en el que McNaught no defrauda a sus seguidoras: no faltan las escenas de seducción y romance ni las de erotismo, que proporcionan una suerte de justicia poética dentro de un cosmos oscurecido por diversas formas de violencia y corrupción.
Alguien que cuide de mí no parece ser uno de los relatos más sólidos de McNaught: la trama es en algunos momentos poco verosímil y en otros cae en lugares comunes. La riqueza y la variedad psicológica de los personajes sostiene el interés de la narración, aunque la construcción de estos tiende a la idealización y al sentimentalismo. A modo de ejemplo podemos citar la presentación de Hilda Brunner, ama de llaves e incondicional compañera de ruta de la heroína. Hilda, descripta como "un general militante e incansable" en la "Guerra contra la Suciedad y el Desorden" obtiene dos días de franco, pero "Para Hilda, tomarse dos días libres seguidos equivalía a un retiro voluntario, y eso era algo virtualmente impensable". Por eso, después de pasear "la vista por ese dormitorio inmaculado -que era su campo de batalla personal- para tratar de evaluar de antemano la gravedad del daño que podría presentar si ella estuviera ausente dos días completos". responde: "Me gustaría pensarlo" (16).
A pesar de los altibajos, las 430 páginas de Alguien que cuide de mí ofrecen diversas instancias de suspenso, romance y entretenimiento... una opción para tener en cuenta en las vacaciones. (c) LA GACETA

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