11 Diciembre 2005 Seguir en 

Ansay o los infortunios de la gloria, novela de Martín Caparrós, se reedita después de 11 años. El relato se centra en Faustino Ansay, un comandante español destinado a Mendoza en el momento en que se inician las guerras de la Independencia en el Río de la Plata.
El relato se juega en el contraste entre la vida que la prisión y la lucha imponen al realista y las ideas que la revolución inspira a Mariano Moreno; entre los escritos del patriota Moreno en La Gaceta de Buenos Aires y el ideario oculto del Plan de Operaciones; entre los infortunios, consignados en los cuadernos de Ansay y la desventura de María Guadalupe Cuenca que, casada por amor a los 14 años, escribe delicadas cartas a su idolatrado marido, sin saber que este ha muerto en medio del mar.
En 1810, en plena efervescencia revolucionaria, Ansay, Comandante de Armas de Mendoza, no aceptó los mandatos de la Primera Junta; organizó un golpe que no tuvo éxito y ante un nuevo pliego llegado desde Córdoba, el Cabildo acordó exigir la renuncia del Comandante de Armas, adherir a la Junta y enviar diputado. Este suceso marcó la suerte del soldado sometido a la prisión, trasladado a través de todo el país hasta Carmen de Patagones, que acaba participando de la asonada española desde Montevideo en Uruguay.
Desde el comienzo la narración lo construye como un personaje, de una sola pieza, que a lo largo de la novela sigue tieso y envarado, casi sin otra modificación que las tribulaciones de estar a la deriva de los avatares de su tiempo. "El tiempo de la cárcel es el único tiempo seguro y predecible, sin más espacio que el de la fantasía". En realidad el protagonista se mantiene en una suerte de quietismo, deja entrever uno que otro pesar, parece estar a punto de entregarse a amores y no lo hace. Todos deseamos ver algún cambio en vano y quizá ahí reside la clave de su composición.
La historia se complementa con las palabras amorosas de María Guadalupe Cuenca a su amado, que introducen una voz femenina y contrastan con la voz en dos registros de Mariano Moreno. El material con el que cuenta Martín Caparrós es poderoso en mitologías. Sin embargo, el periodista no logra un engarce entre fábula histórica y fábula literaria. Y mucho menos en el texto que supuestamente escribe Ansay y que irrumpe abruptamente en el libro como fruto del delirio y con el subtítulo de "la gloria".
La composición del texto es compleja, el lector es continuamente jaqueado por cierta desarticulación de sus partes. La originalidad en el empleo del punto de vista realista se esfuma. La novela no consigue interesar del todo, le falta imaginación y ambigüedad. No se trata de demandar una densidad psicológica, sino algo de esos sueños de los que están hechas las grandes ficciones y por qué no la historia. (c) LA GACETA
El relato se juega en el contraste entre la vida que la prisión y la lucha imponen al realista y las ideas que la revolución inspira a Mariano Moreno; entre los escritos del patriota Moreno en La Gaceta de Buenos Aires y el ideario oculto del Plan de Operaciones; entre los infortunios, consignados en los cuadernos de Ansay y la desventura de María Guadalupe Cuenca que, casada por amor a los 14 años, escribe delicadas cartas a su idolatrado marido, sin saber que este ha muerto en medio del mar.
En 1810, en plena efervescencia revolucionaria, Ansay, Comandante de Armas de Mendoza, no aceptó los mandatos de la Primera Junta; organizó un golpe que no tuvo éxito y ante un nuevo pliego llegado desde Córdoba, el Cabildo acordó exigir la renuncia del Comandante de Armas, adherir a la Junta y enviar diputado. Este suceso marcó la suerte del soldado sometido a la prisión, trasladado a través de todo el país hasta Carmen de Patagones, que acaba participando de la asonada española desde Montevideo en Uruguay.
Desde el comienzo la narración lo construye como un personaje, de una sola pieza, que a lo largo de la novela sigue tieso y envarado, casi sin otra modificación que las tribulaciones de estar a la deriva de los avatares de su tiempo. "El tiempo de la cárcel es el único tiempo seguro y predecible, sin más espacio que el de la fantasía". En realidad el protagonista se mantiene en una suerte de quietismo, deja entrever uno que otro pesar, parece estar a punto de entregarse a amores y no lo hace. Todos deseamos ver algún cambio en vano y quizá ahí reside la clave de su composición.
La historia se complementa con las palabras amorosas de María Guadalupe Cuenca a su amado, que introducen una voz femenina y contrastan con la voz en dos registros de Mariano Moreno. El material con el que cuenta Martín Caparrós es poderoso en mitologías. Sin embargo, el periodista no logra un engarce entre fábula histórica y fábula literaria. Y mucho menos en el texto que supuestamente escribe Ansay y que irrumpe abruptamente en el libro como fruto del delirio y con el subtítulo de "la gloria".
La composición del texto es compleja, el lector es continuamente jaqueado por cierta desarticulación de sus partes. La originalidad en el empleo del punto de vista realista se esfuma. La novela no consigue interesar del todo, le falta imaginación y ambigüedad. No se trata de demandar una densidad psicológica, sino algo de esos sueños de los que están hechas las grandes ficciones y por qué no la historia. (c) LA GACETA







