31 Agosto 2005 Seguir en 

Uno de los grandes postulados transmitidos en las escuelas decía que el tejido neuronal, que forma el sistema nervioso, tiene una estructura fija, y que las pérdidas de neuronas son irreversibles: "El tejido nervioso no se regenera", sentenciaban maestras y profesores.
Hace unos 20 años, gracias a trabajos como los de Michael Merzenich, de la Universidad de California, se comenzó a sospechar mal de ese axioma. En los estudios de resonancia magnética se puede ver cómo, ante distintas tareas que la persona realice, se "iluminan" diferentes áreas en la pantalla que muestra su cerebro: esto indica que cada parte de este órgano cumple funciones específicas. Lo nuevo es que, si un área del cerebro sufre lesiones, otra puede reemplazarla en sus funciones, ya que es posible "reasignar tareas" a algunas áreas del cerebro, sin fármacos ni cirugía -desde luego- sino mediante el aprendizaje y el ejercicio intenso, físico y mental. Y a veces, espontáneamente. Para quienes realizan psicoterapias puede ser hasta obvio, pero no para quienes se ocupan de estudiar la anatomía y la fisiología del cerebro.
Las dificultades en la atención y en la lectura, la pérdida del lenguaje o de las capacidades motoras por un accidente cerebrovascular (ACV) y otros trastornos o discapacidades, tienen nuevas vías de solución, y hasta se prescriben determinados ejercicios físicos para superar, por ejemplo, problemas de memoria.
La facultad del cerebro para modificarse se llama "plasticidad". Las conexiones entre neuronas - sinapsis- no son fijas ni predeterminadas, como se creía hasta hace 25 años. Las actividades repetidas (hábitos) intensifican la actividad química de los neurotransmisores para reforzar las conexiones existentes, por un lado, y por el otro, se crean conexiones nuevas. Como explica Marguerite Holloway en un artículo de la revista Scientific American, "tales cambios vinculan las neuronas en una cadena que puede volverse a formar con el fin de evocar un movimiento, un sentimiento o un pensamiento: las neuronas que se excitan juntas estrechan su lazo".
Los estudios pioneros sobre plasticidad cerebral se realizaron en las universidades estadounidenses de Illinois y de Vanderbilt, y demostraron que si a los animales se les planteaban tareas difíciles, se creaban nuevas sinapsis que reforzaban la memoria y la coordinación motora, y que las partes de a corteza cerebral ?que en los seres humanos sería la sede fisiológica del pensamiento? que en su momento recibían información, por ejemplo, de uno de los dedos, se "iluminaba" ante estímulos provenientes del dedo de al lado cuando el primero era amputado. Conclusión: hay una evidente "reasignación de tareas" en el tejido neuronal.
En los humanos, donde experimenta en esta línea desde los ?80 ?sin amputaciones en beneficio de la ciencia, se entiende? se sabe que las áreas del cerebro dedicadas a las manos en un músico, por ejemplo, son mayores que las de una persona que tiene menos ejercicio en el uso de la mano, y en los ciegos, la corteza visual puede volverse activa ante estímulos táctiles o auditivos. La mayor parte de los trabajos acerca de cómo el cerebro puede curarse a sí mismo a través de su propia plasticidad se centraron en las secuelas de ACV, como la afasia.
Hace unos 20 años, gracias a trabajos como los de Michael Merzenich, de la Universidad de California, se comenzó a sospechar mal de ese axioma. En los estudios de resonancia magnética se puede ver cómo, ante distintas tareas que la persona realice, se "iluminan" diferentes áreas en la pantalla que muestra su cerebro: esto indica que cada parte de este órgano cumple funciones específicas. Lo nuevo es que, si un área del cerebro sufre lesiones, otra puede reemplazarla en sus funciones, ya que es posible "reasignar tareas" a algunas áreas del cerebro, sin fármacos ni cirugía -desde luego- sino mediante el aprendizaje y el ejercicio intenso, físico y mental. Y a veces, espontáneamente. Para quienes realizan psicoterapias puede ser hasta obvio, pero no para quienes se ocupan de estudiar la anatomía y la fisiología del cerebro.
Las dificultades en la atención y en la lectura, la pérdida del lenguaje o de las capacidades motoras por un accidente cerebrovascular (ACV) y otros trastornos o discapacidades, tienen nuevas vías de solución, y hasta se prescriben determinados ejercicios físicos para superar, por ejemplo, problemas de memoria.
La facultad del cerebro para modificarse se llama "plasticidad". Las conexiones entre neuronas - sinapsis- no son fijas ni predeterminadas, como se creía hasta hace 25 años. Las actividades repetidas (hábitos) intensifican la actividad química de los neurotransmisores para reforzar las conexiones existentes, por un lado, y por el otro, se crean conexiones nuevas. Como explica Marguerite Holloway en un artículo de la revista Scientific American, "tales cambios vinculan las neuronas en una cadena que puede volverse a formar con el fin de evocar un movimiento, un sentimiento o un pensamiento: las neuronas que se excitan juntas estrechan su lazo".
Los estudios pioneros sobre plasticidad cerebral se realizaron en las universidades estadounidenses de Illinois y de Vanderbilt, y demostraron que si a los animales se les planteaban tareas difíciles, se creaban nuevas sinapsis que reforzaban la memoria y la coordinación motora, y que las partes de a corteza cerebral ?que en los seres humanos sería la sede fisiológica del pensamiento? que en su momento recibían información, por ejemplo, de uno de los dedos, se "iluminaba" ante estímulos provenientes del dedo de al lado cuando el primero era amputado. Conclusión: hay una evidente "reasignación de tareas" en el tejido neuronal.
En los humanos, donde experimenta en esta línea desde los ?80 ?sin amputaciones en beneficio de la ciencia, se entiende? se sabe que las áreas del cerebro dedicadas a las manos en un músico, por ejemplo, son mayores que las de una persona que tiene menos ejercicio en el uso de la mano, y en los ciegos, la corteza visual puede volverse activa ante estímulos táctiles o auditivos. La mayor parte de los trabajos acerca de cómo el cerebro puede curarse a sí mismo a través de su propia plasticidad se centraron en las secuelas de ACV, como la afasia.
Mecanismos anatómicos y fisiológicos
Las tareas de rehabilitación se vienen haciendo desde hace 30 ó 40 años; lo nuevo es que ahora se conocen los mecanismos anatómicos y fisiológicos de la función del sistema nervioso central. Ana María Malmierca, especialista en el tratamiento de la afasia y directora del Centro de Día de la Fundación Argentina de Afasiología ubicado en Buenos Aires, señala que los hallazgos nos ayudan a saber por qué el paciente mejora, pero sobre todo va a ayudar a generar nuevos fármacos.







