La fiebre alta en los niños es lo que más alarma a los padres

Entre los 37º y los 38º se trata de un estado subfebril o febrícula. Cuando pasa los 38º es definitivamente fiebre, según los pediatras.

31 Agosto 2005
Ojitos brillosos, cachetes colorados y nada de ganas de jugar. Julieta, una vivaz beba de 8 meses, está inusualmente decaída y sus papás corren a medirle la temperatura: "¿Tendrá alguna infección?" "¿Será el diente nuevo que pugna por salir?" El termómetro marca 38 grados y surgen varias dudas "¿Cómo bajamos la fiebre? ¿Llamamos ahora al doctor, o esperamos?"
La fiebre es el síntoma más común en los niños, y suele alarmar mucho a los padres. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los cuadros febriles no constituyen una enfermedad en sí mismos sino una señal de alerta ante la aparición de una infección causada por un virus, una bacteria u otra patología.
Se trata de un mecanismo fisiológico de defensa, ya que la mayor temperatura corporal dificulta la reproducción de determinados gérmenes y virus y estimula a las células defensivas del organismo llamadas macrófagos y monocitos.
Sin embargo, cuando la fiebre es muy elevada puede ser perniciosa y "hay que tratarla, ya que se acompaña de distintos malestares: dolor de cabeza, muscular (mialgia) y somnolencia". Con esta opinión del toxicólogo infantil porteño Mauricio Plager, coincidieron los pediatras tucumanos Oscar Hilal, subdirector del Hospital del Niño Jesús, y su par Lorenzo Marcos, jefe de terapia intensiva del nosocomio.
Antes que nada -advirtieron Hilal y Marcos- hay que tomarle la temperatura al niño con un termómetro, para saber el nivel exacto de fiebre. El lugar más aconsejable para colocar el termómetro es debajo del brazo del niño (en la axila). Allí deberá permanecer en contacto con la piel por aproximadamente tres minutos (o hasta que suene la alarma, en el caso de los termómetros digitales). La temperatura normal está entre los 36,5° C y los 37° C. "Entre 37 y 38° se trata de un estado subfebril o febrícula, y cuando supera los 38° C, es definitivamente fiebre, según explicaron los pediatras.
Una vez tomada la temperatura, hay que llamar al médico para que indique los pasos a seguir. Conviene llevarlo directamente a la consulta si el niño es menor de dos años de edad, ya que en los bebés pequeños las infecciones no son localizadas, sino generales (sepsis), y muchas veces deben ser internados para tratarlas.
Otros motivos de consulta inmediata son: la fiebre mayor a 40°, si cuesta despertarlo, si se dificulta moverle el cuello, respira con dificultad, no puede tragar, si tiene lesiones violáceas en la piel, llora desconsoladamente o luce muy enfermo.

Darle mucho líquido
Es aconsejable mantener al niño con poca ropa y ofrecerle abundante líquido, ya que una de las consecuencias de la alta temperatura es la deshidratación. El fantasma que más asusta a los padres son las convulsiones febriles. Son poco frecuentes y si se producen no hay que intentar bajar bruscamente la fiebre sino llamar al médico.

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