
Dilucidar cuántas personas no han sufrido en algún momento de sus vidas cierta ansiedad o angustia parecería una tarea al menos difícil. En la Argentina, diez de cada 100 personas sufren algún tipo de fobia específica, es decir: un temor extremo a un objeto o una situación puntual. Otro 5 % padece de ataques de pánico, que suele expresarse en síntomas como falta de aire, mareos, palpitaciones, sudor y dolor de cabeza. Desde hace aproximadamente 20 o 25 años, la psiquiatría comenzó a denominar a este tipo de síntomas, entre otros, como trastornos de ansiedad: pánico, fobias, trastornos obsesivos-compulsivos, ansiedad generalizada o estrés postraumático, fueron algunos de los términos que se empezaron a escuchar al momento de rotular este tipo de patologías.
"El concepto de trastorno proviene de la suposición de que un orden quedó dado vuelta, patas arriba", explica Tomás Hoffmann, psiquiatra, y subraya que "definir algo como trastornos también implica ponerse en una posición de poder para afirmar qué es lo que se aleja del orden correcto de las cosas". Desde hace algún tiempo, y más allá de la aparición de estos nuevos términos, los trastornos de ansiedad comenzaron a ser mucho más frecuentes en el entorno social.
El avance de los mercados, la ciencia y la tecnología ha generado roturas e intentos de establecer nuevas categorías que fueron reemplazando a las existentes. "Antes habían determinados órdenes con referencias muy claras, que generaban que uno pueda comprometer su vida por una ideología o por un proyecto, y eso facilitaba un anclaje a ciertos lazos sociales", asegura Hoffmann. Hoy, con una regulación social exclusivamente en manos del mercado, del desarrollo científico y tecnológico, otros parecen ser los caracteres para adaptarse: "Se necesitan sujetos tranquilos, y sin embargo, la gente insiste en ponerse muy nerviosa", ironiza.
Hay que atacar las causas del síntoma
El sociólogo y escritor polaco Zygmund Bauman describe en su último libro Amor Líquido: "el futuro parece estar lleno de miedos. La vida es un interminable juego de la silla en el que cada vez que se para la música, uno no puede sentarse, y se quita otra silla. Cualquier descuido puede llevar a una derrota irreversible". De esta manera, una simple elección se transforma en un problema, y según Bauman, no resulta para nada extraño que en este contexto, "las relaciones sean hoy un foco de ansiedad y angustia".
Por otra parte, como asegura el psiquiatra Tomás Hoffmann, "los trastornos de ansiedad nacen a partir de un tronco principal, que es la angustia que uno no es capaz de procesar en un momento dado de la vida. "Situaciones de desvalimiento que superan a cualquiera", indica el psiquiatra. El conflicto radica en que en el intento de estandarizar síntomas y conflictos, se trata de encontrar cualidades comunes y diferentes, y se crean las divisiones de las distintas fobias, angustia, ataques y sus respectivas subdivisiones con respecto a los objetos que las desencadenan.
"Son pilas de descripciones que no tienden más que a diluir el síntoma y tratar de encontrarle alguna forma práctica de sufrimiento sin preocuparse en las causas de ese padecimiento", afirma el especialista consultado, y resalta que "la forma de abordar un síntoma no es suprimirlo, sino que se debe preguntar por las causas y ver qué se puede hacer en lo real para lidiar con ello. No se trata de acallarlo, porque el problema va a buscar otra salida".
El centro del tratamiento gira en torno del origen del problema y en la estructura personal y social que está dando síntomas. "De lo contrario, la cuestión se transforma en adaptarlo y suprimir la molestia. Se pierde la particularidad, la especificidad, la individualidad, y el paciente empieza a ser un consumidor", enfatiza el doctor.
Los laboratorios proveen una solución para toda angustia: "la lógica del mercado no sólo produce enfermos, sino que además los estigmatiza y luego les otorga el tratamiento desde su propio funcionamiento, pero nunca se preguntan por la causa del problema", explica Hoffmann. "El tratamiento del conflicto, ya sea farmacológica o psicológicamente, se ve caso por caso. No existe ?el para todos?".







