23 Marzo 2005 Seguir en 

La autoprescripción de fármacos es una mala costumbre que está arraigada en la Argentina. Con la llegada del otoño comienzan a surgir las alergias respiratorias, que afectan a más del 25% de la población del país. No se debe tomar cualquier cosa frente al primer estornudo o estado febril, porque lo único que se logra es "enmascarar" la enfermedad. La consulta médica es indispensable.
Llegan las alergias y los males virales
Las alergias son reacciones exacerbadas de nuestro sistema inmunológico ante determinados factores. Al comienzo del otoño (y de la primavera) recrudecen los síntomas de las enfermedades alérgicas, en especial de las vías respiratorias, como la rinitis y el asma. ¿Cuáles son los factores típicos que producen esta reagudización de síntomas, como congestión y obstrucción nasal, lagrimeo, estornudos, secreción nasal acuosa, tos y crisis de asma?
En primer lugar el frío afecta e irrita las vías respiratorias, modificando su funcionamiento y haciéndolas más susceptibles a las infecciones, particularmente las virosis, que proliferan en el otoño. La infecciones virósicas y el frío producen cambios en las mucosas respiratorias y en el sistema inmunológico que "activan" o "reactivan" la alergia. De ahí que un resfrío o una gripe pueden desencadenar una crisis de asma bronquial.
En segundo lugar, al bajar la temperatura se cierran las ventanas y las casas están poco ventiladas y, si sube la humedad, aumentan las concentraciones de los alergenos -ácaros y también los hongos- y se desencadenan las crisis de las alergias respiratorias.
Diagnóstico certero
No siempre los síntomas que presenta el paciente son alergias, y que muchas veces la automedicación, por ejemplo con las famosas "gotas nasales" o con antihistamínicos pueden "enmascarar" cuadros de diversa índole, cuya importancia puede ser igual o aún mayor que la de las patologías alérgicas, como rinosinusitis crónicas, infecciosas, y otras. Acudir al médico para que haga un diagnóstico certero es esencial para definir si se padece de alergia u otra enfermedad, y definir el tratamiento más adecuado. La medicina cuenta hoy con recursos poderosos y seguros para el diagnóstico, la prevención, el control y el tratamiento de los males alérgicos.
En diagnóstico, lo primero que se hace es un estudio exhaustivo con análisis de laboratorio -dosajes de las inmunoglobulinas en general y de las Inmunoglobulinas E específicas de alergenos (RAST)-, así como de los intermediarios químicos de la inflamación. Así se determina el estado general del sistema inmunológico y los niveles y participación de los mecanismos de la alergia.
La imagenología se suma para complementar el diagnóstico y mejorar el tratamiento. En el caso de las alergias respiratorias, tienen gran relevancia la radiología y la tomografía, así como la espirometría computarizada, útiles para determinar el grado de compromiso de las vías respiratorias y para evaluar las capacidades y funciones pulmonares. Esto ayuda a detectar o prevenir precozmente una eventual complicación respiratoria que pueda afectar gravemente al paciente.
Tras el diagnóstico, se hacen los tests de diagnóstico alergológico específicos ?Prick Test? para determinar a qué es alérgico el paciente y qué factores ambientales le desencadenan los síntomas. Luego se toman las medidas necesarias, evitando el contacto con los alergenos desencadenantes, y se define la inmunoterapia adecuada.
Cómo se trata
Existen numerosos recursos farmacológicos para controlar la enfermedad, tales como los antihistamínicos más modernos, los antileucotrienos, que inhiben las sustancias que intervienen en la inflamación, y los corticoides de uso tópico ?nasal, bronquial, dérmico? que son muy seguros y eficaces, siempre que se sigan las dosis indicadas por el médico especialista.
Una vez que se conoce a qué es alérgica una persona, están los tratamientos de inmunoterapia, que funcionan como las vacunas. Se suministra al paciente bajas dosis de los alergenos que lo afectan para que su organismo desarrolle defensas ante el mismo, lográndose su desensibilización ante la exposición, es decir, la anulación de la respuesta alérgica.
Asesoró: Bernardo Ludmer, alergólogo e inmunólogo.
La prevención empieza por casa
El primer contacto con los agentes alergenos suele darse en el hogar, por ejemplo con la presencia del polvo ambiental, las mascotas, los ácaros y hongos. A eso se suman ciertos hábitos domésticos ante el frío, tales como cerrar las ventanas.
Entonces, las recomendaciones para prevenir y atenuar los efectos del otoño en las personas alérgicas son:
Ventilar la casa todo lo posible, no "clausurar" las ventanas por el frío.
Limpiar más cuidadosamente y con frecuencia los ambientes donde las personas alérgicas pasan muchas horas, para disminuir la acumulación de polvo y la proliferación de ácaros y de hongos.
Evitar las aglomeraciones en los espacios cerrados y poco ventilados, ya que este ambiente favorece la expansión de todas las virosis respiratorias.
Suele ser conveniente la aplicación de las vacunas antigripales y antineumocóccica (contra la bacteria neumococo), pero en todos los casos y, sobre todo si se trata de niños y ancianos, es indispensable la consulta al médico.
Ante la aparición de síntomas respiratorios, es indispensable la consulta en forma inmediata, para evitar la progresión que conduce a cuadros severos y potencialmente graves.
Aunque los síntomas que presente un niño o un adulto sean iguales o similares al que tuvo años anteriores, jamás se debe repetir la administración del medicamento que alguna vez le recetó el médico.
Llegan las alergias y los males virales
Las alergias son reacciones exacerbadas de nuestro sistema inmunológico ante determinados factores. Al comienzo del otoño (y de la primavera) recrudecen los síntomas de las enfermedades alérgicas, en especial de las vías respiratorias, como la rinitis y el asma. ¿Cuáles son los factores típicos que producen esta reagudización de síntomas, como congestión y obstrucción nasal, lagrimeo, estornudos, secreción nasal acuosa, tos y crisis de asma?
En primer lugar el frío afecta e irrita las vías respiratorias, modificando su funcionamiento y haciéndolas más susceptibles a las infecciones, particularmente las virosis, que proliferan en el otoño. La infecciones virósicas y el frío producen cambios en las mucosas respiratorias y en el sistema inmunológico que "activan" o "reactivan" la alergia. De ahí que un resfrío o una gripe pueden desencadenar una crisis de asma bronquial.
En segundo lugar, al bajar la temperatura se cierran las ventanas y las casas están poco ventiladas y, si sube la humedad, aumentan las concentraciones de los alergenos -ácaros y también los hongos- y se desencadenan las crisis de las alergias respiratorias.
Diagnóstico certero
No siempre los síntomas que presenta el paciente son alergias, y que muchas veces la automedicación, por ejemplo con las famosas "gotas nasales" o con antihistamínicos pueden "enmascarar" cuadros de diversa índole, cuya importancia puede ser igual o aún mayor que la de las patologías alérgicas, como rinosinusitis crónicas, infecciosas, y otras. Acudir al médico para que haga un diagnóstico certero es esencial para definir si se padece de alergia u otra enfermedad, y definir el tratamiento más adecuado. La medicina cuenta hoy con recursos poderosos y seguros para el diagnóstico, la prevención, el control y el tratamiento de los males alérgicos.
En diagnóstico, lo primero que se hace es un estudio exhaustivo con análisis de laboratorio -dosajes de las inmunoglobulinas en general y de las Inmunoglobulinas E específicas de alergenos (RAST)-, así como de los intermediarios químicos de la inflamación. Así se determina el estado general del sistema inmunológico y los niveles y participación de los mecanismos de la alergia.
La imagenología se suma para complementar el diagnóstico y mejorar el tratamiento. En el caso de las alergias respiratorias, tienen gran relevancia la radiología y la tomografía, así como la espirometría computarizada, útiles para determinar el grado de compromiso de las vías respiratorias y para evaluar las capacidades y funciones pulmonares. Esto ayuda a detectar o prevenir precozmente una eventual complicación respiratoria que pueda afectar gravemente al paciente.
Tras el diagnóstico, se hacen los tests de diagnóstico alergológico específicos ?Prick Test? para determinar a qué es alérgico el paciente y qué factores ambientales le desencadenan los síntomas. Luego se toman las medidas necesarias, evitando el contacto con los alergenos desencadenantes, y se define la inmunoterapia adecuada.
Cómo se trata
Existen numerosos recursos farmacológicos para controlar la enfermedad, tales como los antihistamínicos más modernos, los antileucotrienos, que inhiben las sustancias que intervienen en la inflamación, y los corticoides de uso tópico ?nasal, bronquial, dérmico? que son muy seguros y eficaces, siempre que se sigan las dosis indicadas por el médico especialista.
Una vez que se conoce a qué es alérgica una persona, están los tratamientos de inmunoterapia, que funcionan como las vacunas. Se suministra al paciente bajas dosis de los alergenos que lo afectan para que su organismo desarrolle defensas ante el mismo, lográndose su desensibilización ante la exposición, es decir, la anulación de la respuesta alérgica.
Asesoró: Bernardo Ludmer, alergólogo e inmunólogo.
El primer contacto con los agentes alergenos suele darse en el hogar, por ejemplo con la presencia del polvo ambiental, las mascotas, los ácaros y hongos. A eso se suman ciertos hábitos domésticos ante el frío, tales como cerrar las ventanas.
Entonces, las recomendaciones para prevenir y atenuar los efectos del otoño en las personas alérgicas son:
Ventilar la casa todo lo posible, no "clausurar" las ventanas por el frío.
Limpiar más cuidadosamente y con frecuencia los ambientes donde las personas alérgicas pasan muchas horas, para disminuir la acumulación de polvo y la proliferación de ácaros y de hongos.
Evitar las aglomeraciones en los espacios cerrados y poco ventilados, ya que este ambiente favorece la expansión de todas las virosis respiratorias.
Suele ser conveniente la aplicación de las vacunas antigripales y antineumocóccica (contra la bacteria neumococo), pero en todos los casos y, sobre todo si se trata de niños y ancianos, es indispensable la consulta al médico.
Ante la aparición de síntomas respiratorios, es indispensable la consulta en forma inmediata, para evitar la progresión que conduce a cuadros severos y potencialmente graves.
Aunque los síntomas que presente un niño o un adulto sean iguales o similares al que tuvo años anteriores, jamás se debe repetir la administración del medicamento que alguna vez le recetó el médico.







