Muchos fueron los que confiaron ciegamente, aunque con ciertos fundamentos, en que la Argentina estaba ante una oportunidad histórica de crecer y lograr una nueva inserción en el concierto mundial. La apertura y liberalización económicas de la década del ?90, que tuvo en Carlos Menem y Domingo Cavallo a sus máximos protagonistas, despertó en los argentinos dos sentimientos opuestos, según lo destaca José Crespo, experto en Investigación de Mercado en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).
En primer lugar, la euforia general estuvo vinculada con una mayor libertad de opción, la posibilidad de un mejor acceso a productos, bienes y servicios derivada de la apertura y del crecimiento del intercambio económico con otros países, y una sensación de fuerte modernidad.Sin embargo, como ocurrió muchas veces a lo largo de su historia, el país, a partir de 1995, fue entrando gradual y peligrosamente en un estado depresivo.
La industria nacional fue avasallada por el poderío de las multinacionales y como destaca Crespo, ese hecho "provocó nuevas heridas al narcisismo nacional". Esa depresión se fue agravando con una marcada precarización laboral y una notable debilidad política de los gobiernos para enfrentar con éxito los múltiples problemas del país.
En cuanto a la valoración de las empresas nacionales se produjo una notable separación entre las que algunos analistas denominan las empresas "ilegítimas" y las "legítimas". Entre las primeras se dan fuertes aspectos negativos debido a que les interesa sobremanera el beneficio particular que el del país, les mueve un pensamiento cortoplacista y no tienen mayor espíritu de competitivdad. No invirtieron mayormente para mejorar la producción, hacen lo menos comprometido y venden o entregan la firma en la primer oportunidad que se les presenta.
En Tucumán, esos rasgos fueron y siguen siendo propios de varias empresas arrendatarias de ingenios azucareros, entre otras.
Las "legítimas" por el contrario están en un nivel mucho más positivo en la escala de valoración y son consideradas las "resistentes". Se actualizan tecnológicamente, luchan contra las corporaciones extranjeras, invierten y hacen crecer al país. En este rubro puede inscribirse a la mayoría de las citrícolas tucumanas.
Ahora, desde la devaluación, la Argentina vuelve a vivir una nueva explosión de lo nacional, con el consabido "escrache" a las empresas extranjeras y el renovado "compre argentino".Para algunos, quizás los más realistas, este giro de la industria nacional es un obligado retorno a tiempos que se creían superados.
Búsqueda de la identidad
"BASTA DE TODO POR DOS PESOS".- Con el eslogan de "Compre argentino" un nuevo partido exalta el consumismo nacionalista a través de Internet con este mensaje: "Elija productos y servicios argentinos, No compre solamente por el precio , deje de llamarse "Argentino de todo por dos pesos" y empiece a llamarse "Ciudadano argentino" , de usted depende , todo está en sus manos".
PROBLEMATICAS.- Desde hace muchas décadas, desde siempre, tal vez, los habitantes del país se preguntan: ¿quiénes somos y hacia dónde vamos los argentinos?, ¿cuál es nuestro proyecto de país frente al mundo?, ¿qué modelo de sociedad queremos?
PIONERA.- Entre las empresas privadas argentinas que se consideran pioneras figura Arcor. A principios de los ?90, el directorio de la firma cordobesa centró su actividad en un posicionamiento ideológico de fuerte argentinidad. Hoy es la empresa argentina con mayor proyección mundial y con mercado en 107 países.
MACRO-POSICIONAMIENTOS.- Otras empresas nacionales que también tienen éxito tanto en el orden local como internacional son las del Grupo Pecom (Pérez Companc) y Sancor. En menor medida o volumen de ventas, pero constituyéndose desde hace varios años en líderes mundiales figuran las citrícolas tucumanas.
LO PROXIMO.- El concepto de argentinidad actual, según algunos analistas, exige un tratamiento o estudio muy minucioso. "Se debe mirar estratégicamente en forma aguda e imaginativa para detectar nuevas oportunidades y nichos de posicionamiento, que les permitan a las empresas optimizar sus comunicaciones y estrechar su vínculo con los argentinos", considera el experto José Crespo.
MENSAJES.- Ciertas empresas de capitales argentinos, de las pocas que quedan en determinados sectores, como Coto Supermercados, decidieron lanzar campañas publicitarias en diversas áreas con un fuerte contenido ideológico: "El momento de levantarse no es mañana ni pasado, es hoy", o "Argentinos debemos hacer juntos lo que hay que hacer: levantar un país".
El gran desafío del país
Por Mario Jorge Bibiloni (Contador Público, despachante de aduanas y especialista en temas de comercio exterior)
Frente al aumento desmesurado del dolar: ¿Qué es mejor: seguir importando o comprar productos nacionales?
Tradicionalmente cuando ocurren estas circunstancias en que el dólar sube desmesuradamente de valor se suele plantear este interrogante.
Sin lugar a dudas, desde el punto de vista de nuestra economía doméstica es mejor que el valor agregado de los bienes que consumimos sea de origen nacional y no extranjero.
Sin embargo, el componente importado en los productos de fabricación nacional tiene mucha importancia, la que se incrementa a medida que el producto tiene mayor valor agregado.
También los productos importados, desde los primeros añs de la década de los ?90 se han instalado en nuestro consumo popular y han colaborado para que mejoremos nuestra tecnología y standard de vida.
Son pocos los sectores que se pueden manejar sin consumir productos importados. De alli que muchos de los productos denominados nacionales suban de precios en pesos.
Por otra parte nuestra dependencia financiera del exterior, se agravó enormemente en los últimos dos años y en especial desde la declaración del default (cesación de pagos).
A ese hecho, que perjudica en forma notoria nuestra relación con el mundo, se debe sumar sumado el indefectible proceso de integración en el que estamos inmersos (por ejemplo Mercado Común Suramericano (Mercosur) - Comunidad Andina, Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA, etc), nos obliga a mantener nuestro economía abierta, con reducción de aranceles de importación y eliminación de barreras parancelarias; con lo cual debemos seguir comprando en el mundo y vamos a ser cada vez más interdependientes.
El mayor consumo de bienes nacionales debe provenir no como consecuencia del aumento del dólar (que tarde o temprano se va a estabilizar) sino de un ordenado proceso de sustitución de importaciones que se debe basar principalmente en el aumento de la producción, la calidad y competitividad de los bienes nacionales.
Para esto es imprescindible el orden político y económico, las inversiones productivas, la baja del gasto público y que recuperemos confianza en nosotros mismos. Un gran desafio del cual quiero ser partícipe.







