Una biofábrica tucumana produce un parásito natural del "gusano barrenador"

En el CIRPON se elaboran más de 28 millones de avispitas (Cotesia flavipes) por mes, en la época de mayor requerimientos. Es el sustituto ideal para los los costosos insecticidas.

03 Septiembre 2004
El "gusano barrenador" del tallo de la caña de azúcar tiene ahora un enemigo natural. Se trata de la avispita llamada Cotesia flavipes, un parasitoide que realiza el control de esa plaga (Diatraea saccharalis) con resultados altamente satisfactorios, tanto en los niveles productivo como en el económico.
El desarrollo de esta tecnología de control biológico (CB) se concretó en el Centro de Investigaciones sobre Regulación de Poblaciones de Organismo Nocivos (CIRPON), de la Fundación Miguel Lillo y de la Fundación para la Educación, la Ciencia y la Cultura (FECIC).
Allí se puso en marcha, hace tres años, una biofábrica destinada a eliminar o a reducir al máximo las infestaciones del "gusano barrenador" del tallo de la caña de azúcar, en la región.
Cabe señalar que el CIRPON es una de las pocas entidades en la Argentina que logró desarrollar con éxito un programa para manejar poblaciones de organismos perjudiciales, en el contexto del moderno concepto del Manejo Integrado de Plagas (MIP). Esta tecnología busca proteger los intereses del hombre sin alterar el equilibrio de la naturaleza o agredirla en la búsqueda del objetivo.
En 2001 se iniciaron en el CIRPON los estudios de cría, producción y colonización de la Cotesia Flavipes (Cf), ante la necesidad de reducir la gran incidencia de la Diatraea saccharalis en los cañaverales del NOA. También se motorizó el trabajo porque el uso del control químico demostró efectos ambientales nocivos y una escasa eficiencia, además de un elevado costo.
Actualmente, por un convenio que el ingenio Tabacal (Salta) firmó con la Fundación Miguel Lillo, la biofábrica mantiene una producción mensual de 100.000 cocones, que son los núcleos de ovas de la avispita -logradas en laboratorio-, luego de parasitar a la Diatraea. Esos cocones contienen cada uno entre 60 y 80 avispitas. En época de alta producción (diciembre y marzo), el CIRPON registra una elaboración de 400.000 cocones por mes. En los últimos tres años se logró una descenso importante en el nivel de infestación en cañaverales de San Martín del Tabacal, con la colonización del controlador en las áreas experimentadas.
Los técnicos tucumanos de la biofábrica explicaron que el éxito obtenido en Salta hace predecir que en la proyección de un plazo no superior a los tres años, el ambiente generará un control natural de la Diatraea saccharalis, que mantendrá a las poblaciones de la plaga a niveles no significativos de daño. Esto es, por debajo del 3%.

Números del control biológico

La cantidad de Cotesia flavipes (Cf) que se debe utilizar por hectárea depende del grado de infestación del cañaveral. Esta tarea es primordial para obtener buenos resultados en el control biológico.
Según los ensayos en el ingenio Tabacal, para una densidad de 1.000 a 3.000 larvas del "barrenador" por hectárea el requerimiento es de 120 cocones/ha (hasta 8.000 avispitas). Cuando oscila la densidad entre 3.000 y 10.000/ha se requieren entre 120 y 400 cocones (hasta 28.000); entre 10.000 y 15.000 larvas/ha se necesitan entre 500 y 750 cocones (53.000); y cuando superan las 15.000 larvas/ha se precisan más de 1.000 cocones (hasta 70.000 avispitas).
Los parasitoides se liberan primero en las zonas de mayor infestación, luego de distribuir, como en un tablero de ajedrez, la superficie a atacar.
En la estrategia del manejo biológico se da prioridad a la caña planta y soca 1. Luego se realiza un muestreo de larvas, con la revisión de 50 metros del cultivo por área a tratar y, según el plan, se prevé la liberación de Cf a razón de 120 cocones/ha/año. A continuación se evalúa la liberación de las avispitas entre los 8 y 150 días, usando el criterio antes citado. Al final, se calculan los niveles de parasitoidismo de Cf en el material recolectado a campo y se planifica otra vez.

La entidad es única en el NOA

El CIRPON inició sus actividades en 1980. Entonces dependía del CONICET, de la Fundación Miguel Lillo y de la Fundación para la Educación, la Ciencia y la Cultura (FECIC). Actualmente, sólo depende de estas dos últimas.
Se trata de un centro de investigaciones sobre la cría, experimentación y manejo de organismos, especialmente de aquellos que constituyen plagas agrícolas, médicas, veterinarias y de sus enemigos naturales.
El CIRPON posee 60 cámaras de cría, 40 de ellas para insectos fitófagos y entomófagos y 20 para patógenos. En este centro se utiliza el sistema de cuarentena, que es el segundo que existe en el país (el otro funciona en Castelar, Buenos Aires). Son 4 cámaras de cría climatizadas y con sistema de barrido de gases para eventuales exterminaciones de todo lo que se encuentre en ellas.
Entre otros proyectos desarrollados, figuran el control biológico de plagas en citrus, en olivos, en la soja y de las malezas. Actualmente se desarrollan programas de control de vertebrados-plaga en caña de azúcar, control biológico de Diatraea saccharalis y de la "mosca de la fruta", también de "cochinillas de los citrus" y Estudios sobre detección, transmisión y control del Anta Virus. Además, asesoran permanentemente a productores del Noroeste.

No es difícil acceder a tan alta tecnología

Para acceder al control biológico del gusano barrenador del tallo en caña de azúcar, el productor debe firmar un acuerdo con el CIRPON. En ese protocolo asume el compromiso de pagar sólo los gastos de producción de las Cotesia flavipes, cuyos montos varían según las cantidades requeridas para atacar con efectividad a la plaga.
Las doctoras Ana Piciucchi de Fonollat (directora del proyecto) y Carmen Reguilón (directora de producción en laboratorio), explicaron que el daño económico por cada 1% de infestación, representa: el 0,77% de pérdidas agrícolas; el 0,25% de pérdida en la producción de azúcar en fábrica y el 0,20% de pérdida en la producción de alcohol.
En Tucumán, el índice promedio de infestación en 2003 fue de un 8,4% y de un 5,28% en 2004, según datos de la EEAOC.
"Nosotras elegimos avanzar con las experiencias de Brasil y por eso viajamos a ese país para valorar in situ el programa y la forma de adaptarlo a las condiciones del NOA", explicaron las profesionales.Apuntaron que todos los productores tendrían que acceder a esta tecnología. Ellas opinan que deberá haber un plan nacional, como en Brasil, por ejemplo, y la exigencia de usar este control natural de la plaga. A pesar de esa carencias, el CIRPON, un laboratorio con rango estatal, asesora a los productores tucumanos sobre cómo utilizar esta tecnología.
"Tras los ensayos que se realizaron en la provincia desde 1970, algunos con resultados negativos y otros abandonados, se inició desde cero un proyecto con Cotesia flavipes, a pedido del ingenio Tabacal. En tres años se lograron excelentes resultados a campo, lo que indica la potencialidad de colonización de la especie introducida", explicaron las doctoras.

Las cifras
Orgullosas por el trabajo realizado, Piciucchi de Fonollat y Reguilón precisaron las cifras de sus experiencias y de los resultados en Salta. Cuando comenzó la liberación de Cf en 2001 el grado de infestación era de 10,9%. En 2002 el nivel había bajado a 8,8% y en 2003 ya se registraba el 6,9%. En la última medición de este año, el registro llegó a 4,4%. A la luz de estos resultados, LA GACETA Rural verificó que el retorno económico del proyecto superó el medio millón de dólares.

Tabacal planificó el ataque a la plaga

Cuando en el ingenio San Martín del Tabacal se pensó en el manejo de una agricultura sustentable en los cañaverales, elaboraron un plan para el control biológico del "gusano barrenador" en el corto y en el mediano plazo. La primera etapa se cumplió con éxito, a tres años del comienzo de esa experiencia.
"En 2001 tenía entre el 8,5% y el 9% de intensidad el nivel de ataque de la plaga y en este momento estamos entre un 4% y un 5%. Tenemos que bajar aún hasta un 2% para mantener el equilibrio", explicó el ingeniero agrónomo Marcelo Bruzzo, gerente agrícola en el ingenio Tabacal.Agregó que en general, los buenos resultados se vieron reflejados en las producciones de materia prima, azúcar y alcohol. "En los últimos tres años creció la superficie cultivada y, para la mayor producción obtenida, estamos mezclando el control biológico y las renovaciones con variedades resistentes", apuntó.
Al manejar esa proporcionalidad de crecimiento, Bruzzo dejó entrever que se habría recuperado más de un 2% de azúcar en fábrica. El especialista indicó que a los dos días que llegan los cocones del laboratorio se realiza la aplicación inundativa en el cañaveral. Esas avispitas viven apenas 48 horas. "Hoy estamos utilizando un promedio de 10.000 parasitoides por hectárea. La primera aplicación es inundativa y no se repite hasta los 2 o 3 meses, cuando el muestreo determina que hay índices de nuevos ataques de la plaga", indicó.

Ubicación
Bruzzo precisó que una vez liberadas, las avispitas se distribuyen en un radio de 10 a 15 metros, en ambos lados. Por eso, los frascos con cocones eclosionados (de unas 500 avispitas cada uno) son ubicados cada 25 metros, entre los surcos. Allí, la Cotesia busca su hospedero en la Diatraea.
"Con la primavera empieza la curva del mayor desarrollo de la plaga, que dura hasta febrero. Por eso en setiembre se intensifican las liberaciones de avispitas. En ese lapso es cuando aplicamos el 70% de lo previsto para todo el año. Y en junio-julio bajamos al mínimo la suelta", dijo Bruzzo.Apuntó que la mayor intensidad de ataque es cuando crece la caña (noviembre-diciembre) pero que, como en toda plaga, hay que contenerla en los primeros estadios.

ANALISIS

Sin un programa oficial
Daniel Salvador
SECCION RURAL

Los ensayos de Brasil, de EEUU y de Venezuela en el uso de la biotecnología contra la Diatraea nos ahorró más de 10 años de experimentaciones. Ellos lograron reducir a menos del 3% el nivel de infestación en sus cañaverales (por encima de ese porcentaje se reconoce como daño económico). Cada unidad porcentual de infestación representa un 0,77% de pérdida en caña. La estimación para Tucumán es entre el 5% y el 8%, en sus 250.000 ha de cañaverales, y aún no se puede eliminar la plaga con insecticidas. Por eso causa sorpresa que nadie en el NOA -excepto el ingenio Tabacal- se acercó al CIRPON en procura de esta nueva tecnología. Vale como excusa que los cañeros son muchos -sólo en UCIT hablan de 10.000 afiliados- y que las tareas, por tan dispersas, serían tan dificultosas como poco efectivas.Sin embargo, la meta puede estar más cerca de lo previsto si los factores privados propician la elaboración de un plan oficial -sea provincial o nacional, como en Brasil- de corto plazo -tres años- para el control natural de la plaga. En ese lapso no sólo bajarían el nivel de infestación hasta llegar a rindes fabriles de la caña de más del 11%. También se ahorrarían gastos en su manejo y se produciría más alcohol. Si se logra en Tucumán bajar sólo un 1% el nivel de infestación, se recuperarán 2.500 toneladas de azúcar.

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