13 Junio 2004 Seguir en 
A pesar de la promesa del título, la historia de esta novela va en otra dirección. Ante un mundo donde las posibilidades de desarrollar una vida ya no heroica pero sí con algunos gestos en esa dirección -y que, acaso, justifiquen la vida del hombre (o de un protagonista de novela)- se ven notablemente reducidas, sólo quedarían como opciones la trágica amargura o la mirada irónica que despierte algo de alegría. Una alegría siempre corrosiva, porque en un mundo cada vez más desorganizado en su aparente organización no deja de ser un interesante intento de atentado. No es necesario retornar a los textos clásicos para comprobar de qué manera, frente a toda desazón, es posible recurrir al humor como refugio y como propuesta. Si cada hombre individual ya no es el centro jerárquico y organizador de su vida (más bien sucede lo contrario: apenas se percibe como una zona atravesada por acontecimientos de los que no puede dar cuenta ni fijar una posición), la connivencia irónica apunta al encuentro y a la solidaridad entre quienes ya no creen en las falsas promesas de la vida cotidiana en las grandes urbes.
Pablo Urbanyi nació en Hungría, pero de muy joven se radicó con su familia en Argentina, donde se dedicaría a la literatura y al periodismo hasta que, luego del año 1976, viajaría y se instalaría en Canadá para continuar con los mismos oficios. En Una epopeya de nuestros tiempos intenta una novela feliz: relajada, moderna, con una escritura rápida pero no ingenua. Y para ello se vale de la construcción de un eje principal, su protagonista, Ernesto, escritor argentino radicado en Canadá (¿alter ego del autor?) y que sólo tiene un dejo de aceptación y resignación hacia los principios modernos de su entorno: del país y la ciudad donde vive, de su familia, etcétera.
Hastiado de una vida donde, por un lado, se ha naturalizado lo más insólito (desde los detalles más ínfimos hasta los más explícitos del american way of life) y, por otro lado, se tejen redes de prohibición sobre los hábitos y vicios más naturales, Ernesto se debate entre el conformismo y una inquietud que llegue a traducirse en alguna forma de rebelión. La oportunidad se le aparecerá por medio de una pregunta que se hará frente a una góndola de un supermercado y que llevará hasta sus últimas consecuencias: ¿cómo se clasifican los huevos según su tamaño? La pregunta, inocente en apariencia, es el fundamento primero y último para que Ernesto increpe al Estado y se transforme en un extravagante y molesto interlocutor ante los representantes de sus instituciones. Una vez planteada la pregunta, la aventura tiene una extraña deriva por algo más de 300 páginas.
Quizás una de las críticas posibles a esta novela (cuyo autor ha publicado, entre otros títulos, los cuentos de Noche de revolucionarios, Nacer de nuevo, y las novelas Un revólver para Marck, Silver -novela finalista del Premio Planeta en 1994- y 2058, en la corte de Eutopía) es que ocupa demasiadas páginas en desarrollar una historia que, de haber sido más breve y concisa, tal vez hubiese alcanzado una mayor intensidad. (c) LA GACETA
Pablo Urbanyi nació en Hungría, pero de muy joven se radicó con su familia en Argentina, donde se dedicaría a la literatura y al periodismo hasta que, luego del año 1976, viajaría y se instalaría en Canadá para continuar con los mismos oficios. En Una epopeya de nuestros tiempos intenta una novela feliz: relajada, moderna, con una escritura rápida pero no ingenua. Y para ello se vale de la construcción de un eje principal, su protagonista, Ernesto, escritor argentino radicado en Canadá (¿alter ego del autor?) y que sólo tiene un dejo de aceptación y resignación hacia los principios modernos de su entorno: del país y la ciudad donde vive, de su familia, etcétera.
Hastiado de una vida donde, por un lado, se ha naturalizado lo más insólito (desde los detalles más ínfimos hasta los más explícitos del american way of life) y, por otro lado, se tejen redes de prohibición sobre los hábitos y vicios más naturales, Ernesto se debate entre el conformismo y una inquietud que llegue a traducirse en alguna forma de rebelión. La oportunidad se le aparecerá por medio de una pregunta que se hará frente a una góndola de un supermercado y que llevará hasta sus últimas consecuencias: ¿cómo se clasifican los huevos según su tamaño? La pregunta, inocente en apariencia, es el fundamento primero y último para que Ernesto increpe al Estado y se transforme en un extravagante y molesto interlocutor ante los representantes de sus instituciones. Una vez planteada la pregunta, la aventura tiene una extraña deriva por algo más de 300 páginas.
Quizás una de las críticas posibles a esta novela (cuyo autor ha publicado, entre otros títulos, los cuentos de Noche de revolucionarios, Nacer de nuevo, y las novelas Un revólver para Marck, Silver -novela finalista del Premio Planeta en 1994- y 2058, en la corte de Eutopía) es que ocupa demasiadas páginas en desarrollar una historia que, de haber sido más breve y concisa, tal vez hubiese alcanzado una mayor intensidad. (c) LA GACETA






