El Señor Borges es una biografía narrada a dos voces por Fanny, una mujer sencilla que vivió al lado de Jorge Luis Borges, como empleada, más de treinta años, y por Alejandro Vaccaro, coleccionista y biógrafo del escritor. Se entretejen ambas miradas -la entrañable de Fanny y la inquisitiva del biógrafo- en un texto rico, amable y revelador de las pequeñas cosas cotidianas, sin mayor trascendencia, que vuelven más humanas y asequibles a las grandes personalidades como Borges.
Ambos logran lo que parece casi imposible, deprenderse del "otro Borges", el escritor famoso, el que falsea la realidad, aquel vanidoso y mundano "a quien le ocurren las cosas" -como se describe a sí mismo-, para acercar al lector a un Borges vivo, nada literario y, sin embargo, no por eso menos interesante. Si bien nunca en el libro se habla de literatura, puesto que es la imagen que recoge Fanny la que nos llega inicialmente, se percibe en un segundo plano -los amigos que lo frecuentan, sus preferencias, sus hábitos- que es su literatura la que lo justifica, como él lo dice en clave irónica en Borges y yo.
Las perspectivas posibles desde las cuales hacer una biografía pueden ser múltiples. Es habitual que el biógrafo crea que puede hacer una lectura objetiva de la realidad y presentar el personaje elegido desde un lugar inexistente, desde una imposible ubicuidad. Pero sabemos que el proceso de objetivar nunca es totalmente inocente, mucho menos cuando se trata de una vida. El lugar de la mirada del autor y sus cargas subjetivas determinarán la perspectiva desde la cual se aborda el tema. Todo relato, y una biografía lo es en grado superlativo, es el modo como un autor, desde un lugar determinado, narra su verdad.
Alejandro Vaccaro -responsable del libro- pensó esta biografía desde una perspectiva sesgada y, por ello mismo poco habitual, para darnos su verdad. Con el recurso de incorporar otra voz junto a la de él, logra escapar, en gran medida, del riesgo que ofrece una mirada excesivamente intelectual y falsamente objetiva sobre la vida de Borges. El Jorge Luis Borges que nos entrega aquí, junto a Epifanía Uveda de Robledo, es un hombre frágil, dado al humor, generoso, disponible en grado sumo y, también, indefenso ante las agresiones del mundo.
Fanny, como la llamaban los Borges, tiene hoy 82 años y le cuenta a Vaccaro su vida junto a ellos. Sufrió los avatares de la familia a la que se hallaba incorporada, desde la ceguera de Borges, a quien vestía, cuidaba y sacaba a caminar, hasta la vejez y muerte de doña Leonor, la madre del escritor. Desfilan ante sus ojos los visitantes ilustres y menos ilustres que pasaron por la casa de la calle Maipú. Se escucha en ella un gran respeto por esas personas e incluso juicios bondadosos sobre ellos. Pero, particularmente, lo que se destaca son las actitudes de Borges en la vida diaria, despojado de aquel personaje gigantesco que fueron construyendo la prensa y la fama, y del cual él renegaba.
Se cuentan en el libro algunas anécdotas encantadoras de un Borges excesivamente inteligente y erudito para algunos interlocutores ávidos de su fama. Un día, recién ganado el mundial de fútbol de 1978, lo visitó Menotti, director técnico del equipo. Como era fácil de conjeturar, a Borges no le interesaba el fútbol y por tanto tampoco sabía de quién se trataba; sin embargo lo recibió con la misma disponibilidad conque recibía a periodistas o a alumnos. El escritor había hecho comentarios públicos sobre la estupidez del fútbol y ante una pregunta sobre esas expresiones le contestó: "me suena rarísimo escuchar a la gente frases como Hemos vencido a Holanda... No hemos tomado Rotterdam ni Amsterdam, ni ninguna cosa patrimonio de ellos. Simplemente once jugadores... les ganaron a otros once. Entonces pienso: ¿qué importancia puede tener eso?"
Con anécdotas risueñas de este tipo, otras sobre el premio Nobel siempre esperado en vano y algunas un poco trágicas -a causa de personas inescrupulosas- en las que se nota, además, la indefensión propia de la vejez, Alejandro Vaccaro construye una excelente historia. La mirada bien intencionada de Fanny, siempre generosa, con una inteligencia natural, es conmovedora. En ella se rescata lo innecesario de cualquier erudición para saber de cariño, fidelidad y devoción.
Biografía que atrapa, bien escrita, con lenguaje rico y llano, en la que el lector es llevado -con mucho placer de su parte- a lo largo del relato y, en ese andar, va recogiendo datos interesantes que acercan la figura de un gran escritor al hombre común. (c) LA GACETA
13 Junio 2004 Seguir en 
"Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro (...) para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores". (Borges y yo, 1960).






