Visión del mundo exterior y también del propio

Por Rodolfo Alonso

23 Mayo 2004
Pocas veces el título de un libro ha congeniado tanto con su contenido. Porque lo que nos revelan magníficamente estas crónicas de la indeleble Clarice Lispector (1925-1977), aparecidas en el Jornal do Brasil entre 1967 y 1973, no es sólo su visión del mundo sino también el propio mundo interno, la auténtica cosmovisión de uno de los más personales y hondos escritores del Brasil. Y hasta de la entera lengua portuguesa.
Acaso resulte inimaginable entre nosotros que los diarios brasileños vengan ofreciendo sus páginas, desde hace mucho tiempo, a columnas periódicas firmadas por grandes autores. A quienes se respeta profundamente en su libertad creativa al mismo tiempo que, por colocarlos en un espacio de amplia repercusión, en un medio decididamente público, los inclina a ejercer esa libertad dentro de un marco de tiempo y de lugar, que a la vez les es propio, el de su misma sociedad, de la cual forman parte sus muchos, ávidos lectores. De tal modo implementada, con tanta solvencia y eficacia, que ha dado lugar a todo un género, el de la crónica, tan vivaz como exitoso. La peculiar fecundidad de la cultura y de la vida brasileña demuestra así un nuevo punto de toque: la exigencia y la originalidad de los creadores encuentra su brillante contrapartida en la exigencia y la calidad de los lectores.
Dentro de tan envidiable dominio, el de Clarice Lispector bien podría representar quizás un caso límite. Y, a la vez, en gran medida representativo. Porque si hay un escritor en Brasil que renuncie a lo meramente descriptivo ("Nada explico. Me rehúso a explicar, me rehúso a ser discursiva"), para intentar encarnar hondamente en un lenguaje original la riqueza de su mundo interior, entrevista promedio de la riqueza que percibe en el mundo ("Soy una persona muy ocupada: me hago cargo del mundo"), muchas veces en la mismísima vida cotidiana, sin duda es ella.Con un lenguaje felizmente más cerca de la poesía que del periodismo ("Las palabras me preceden y sobrepasan, me tientan y me modifican, y si no tengo cuidado será demasiado tarde: las cosas se dirán sin que yo las haya dicho"), espontáneamente enmarcadas además ("Escribo a la medida de mi aliento") en una rica tradición y en un rico imaginario, personal y colectivo, pero a la vez ejercidas con el rigor y el alcance que constituyen su marca, su estilo ("Y si intento hablar, sale un rugido de tristeza"), no apenas literario, las crónicas de Clarice Lispector se constituyen plenamente en parte viva de su obra y en testimonio latente de la singular, entrañable identidad artística y humana ("No soy de dominio público") de la autora de textos tan logrados como La manzana en la oscuridad, La pasión según GH o Lazos de familia. Sin dejar de resultar, al mismo tiempo, indisolublemente, también una flagrante evidencia de la admirable vitalidad cultural del país hermano. (Seleccionó y tradujo, con delicadeza y precisión, Amalia Sato). (c) LA GACETA

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