25 Abril 2004 Seguir en 

Lo aseguro, no tuve nada que ver en el asunto. Yo no busqué este libro, él vino a mis manos. Que no se quiera presumir entonces mala voluntad, prejuicio, animadversión o ensañamiento de mi parte. El destino (encarnado en el director de este Suplemento Literario) ha vuelto a encomendarme, por tercera vez, un nuevo libro de poesía, de este difundido, longevo y prolífico autor. Y nuevamente me veo atenaceado, no sin leve angustia, por el demonio de la ambigüedad: ¿decir?, ¿qué decir?, ¿cómo decirlo?, ¿desde dónde?, ¿para qué? Pero seamos sensatos, Ni a los exitosos editores ni al no menos exitoso autor rioplatense van a quitarles el sueño estos simples renglones.
Si me dejara orientar por las ácidas opiniones de uno de los múltiples Fernando Pessoa ("criticar cosas escritas no deja de tener su correspondiente aspecto de curiosidad mórbida o de futilidad perversa", y también "Se contagia de la enfermedad del criticado"), lo más saludable quizás resultaría el silencio. Pero nadie escapa totalmente a sus demonios.
Y hay, por otra parte, cuestiones objetivas. Este volumen de más de quinientas páginas reedita, ¡en estos tiempos!, los tres últimos libros de poesía del autor, aparecidos entre 1995 y 2002. Con su habitual tono monosémico, en las páginas 429 y 431 reitera: "en los años de vuelta / es muy gratificante / ser un poeta menor".
Humildemente, estoy de acuerdo. Y, para no ser acusado de "odio manso", como reza al comienzo ese mismo Poeta menor que se abre sin embargo con una cita de Borges, tendría que detenerme aquí. Pero debo resultar incorregible, porque mi demonio personal insiste en susurrarme quedamente al oído que, tal vez, cada época consagra los poetas que se merece. (c) LA GACETA
Si me dejara orientar por las ácidas opiniones de uno de los múltiples Fernando Pessoa ("criticar cosas escritas no deja de tener su correspondiente aspecto de curiosidad mórbida o de futilidad perversa", y también "Se contagia de la enfermedad del criticado"), lo más saludable quizás resultaría el silencio. Pero nadie escapa totalmente a sus demonios.
Y hay, por otra parte, cuestiones objetivas. Este volumen de más de quinientas páginas reedita, ¡en estos tiempos!, los tres últimos libros de poesía del autor, aparecidos entre 1995 y 2002. Con su habitual tono monosémico, en las páginas 429 y 431 reitera: "en los años de vuelta / es muy gratificante / ser un poeta menor".
Humildemente, estoy de acuerdo. Y, para no ser acusado de "odio manso", como reza al comienzo ese mismo Poeta menor que se abre sin embargo con una cita de Borges, tendría que detenerme aquí. Pero debo resultar incorregible, porque mi demonio personal insiste en susurrarme quedamente al oído que, tal vez, cada época consagra los poetas que se merece. (c) LA GACETA






