18 Abril 2004 Seguir en 

Desde que en 1961 publicó La guerra civil española, el inglés Hugh Thomas se convirtió en un historiador reconocido en temas vinculados a la Historia de España.
Graduado en Cambridge y en la Sorbona, docente en la Academia Militar de Sandhurst y en la Universidad de Reading y miembro designado de la Cámara de los Lores de Gran Bretaña en 1981, acentuó su popularidad por su enjundioso estudio sobre Cuba. La lucha por la libertad (en tres volúmenes) y su no menos significativo La trata de esclavos; luego se inclinó por la historia americana, como se aprecia en La conquista de México, que anticipa este voluminoso libro.
La obra que hoy nos ocupa retoma la impresionante acción -que acertadamente llama hazaña- desarrollada por España en el Nuevo Mundo en un breve plazo menor al medio siglo, desde el arribo de Cristóbal Colón hasta que Hernando de Magallanes (Ferñao de Magalhaes) -más exactamente Sebastián El Cano- completó la vuelta al mundo, que tan amenamente narra Antonio Pigafetta, una de las múltiples fuentes de esta colosal aventura, a las que el autor recurre permanentemente. Pero Thomas la analiza en el contexto de la historia hispana de esa época, aporta nueva luz a muchos acontecimientos y registra las reacciones que tan sorprendente evento produjo en los territorios gobernados por los Reyes Católicos, Juana y Carlos I.Si para muestra basta un botón: "Colón creía haber estado en Asia. Pero la mayoría de los ?sagaces? comentaristas italianos dieron por sentado de inmediato que Colón había descubierto las Antípodas; que había llevado el nombre de Cristo a las Antípodas, que ?anteriormente ni siquiera creíamos que existiesen?. En Florencia se llegó a hablar del descubrimiento ?del mundo opuesto al nuestro?. Esto se debió a que la idea encajaba en la corriente general del pensamiento entre los humanistas italianos de los años noventa del siglo XV. Pedro Mártir también pensaba que Colón había estado en las Antípodas: ?Ha regresado de las Antípodas occidentales un tal Colón, de Liguria, que sólo ha conseguido de mis soberanos tres naves para el viaje, porque consideraban que lo que decía era quimérico? (Como Antípodas significaba lo directamente opuesto, habría sido difícil encontrar Antípodas occidentales)... El propio Almirante, en su carta a Luis Santángel, comentó ?como en treinta y tres días pasé a las Indias con la armada de los ilustrísimos Rey e Reina Nuestro señor me dieron? y ¿por qué no dijo ?la India??. Porque, presumiblemente Colón quiso utilizar ?el término más vago y abarcador que se le ocurrió para sugerir la India, sin contradecir la imaginación popular en España?. Fernando Colón, el inteligente hijo de Almirante, comentó que su padre había utilizado la expresión ?las Indias? ?porque eran la parte más oriental de la India, más allá del Ganges, a la que ningún geógrafo ha señalado el límite oriental...?. Colón seguía pensando en términos de ?las Indias?, y nadie lo contradijo. Pero, por supuesto, decía otra cosa. Fernando e Isabel, así como la corte, sabían cuál era la realidad, y pronto empezaron a actuar como Pedro Mártir hubiera deseado" (p. 130).
El autor señala la cantidad y calidad de la documentación que ha consultado para escribir este libro, garantía -una vez más- de su seriedad como investigador. Por otra parte, la amplia bibliografía, precedida por "notas sobre los libros", nos permite una visión del panorama bibliográfico sobre el tema.La obra se completa con cuatro interesantes apéndices dedicados a la controvertida cuestión del vasallaje de Moctezuma, un relato "sencillo" e inédito de un acompañante de Cortés (legajo 204 del Archivo de México), el discurso (panegírico) en Cortes del obispo Pedro Ruiz de la Mota defendiendo los territorios del Reyno-Imperio y el registro de buques que viajaron -desde y hacia Indias- entre 1504 y 1522.
Un párrafo especial merecen las excelentes ilustraciones xilográficas que -en gran cantidad- completan la cuidada edición, junto a los seleccionados retratos de los principales protagonistas.
En estas últimas décadas -saturadas del bon sauvage indígena- resulta altamente valioso el rescate de "las hazañas de las dos primeras generaciones de exploradores, colonizadores, gobernadores y misioneros que abrieron el camino al enorme imperio americano de España, que permaneció durante mucho tiempo incontestado y que duró más de trescientos años, más que el Imperio británico, el francés, el holandés o el ruso" (p. 5); y que es -nos guste o no- la raíz de nuestra cultura.(c) LA GACETA
Graduado en Cambridge y en la Sorbona, docente en la Academia Militar de Sandhurst y en la Universidad de Reading y miembro designado de la Cámara de los Lores de Gran Bretaña en 1981, acentuó su popularidad por su enjundioso estudio sobre Cuba. La lucha por la libertad (en tres volúmenes) y su no menos significativo La trata de esclavos; luego se inclinó por la historia americana, como se aprecia en La conquista de México, que anticipa este voluminoso libro.
La obra que hoy nos ocupa retoma la impresionante acción -que acertadamente llama hazaña- desarrollada por España en el Nuevo Mundo en un breve plazo menor al medio siglo, desde el arribo de Cristóbal Colón hasta que Hernando de Magallanes (Ferñao de Magalhaes) -más exactamente Sebastián El Cano- completó la vuelta al mundo, que tan amenamente narra Antonio Pigafetta, una de las múltiples fuentes de esta colosal aventura, a las que el autor recurre permanentemente. Pero Thomas la analiza en el contexto de la historia hispana de esa época, aporta nueva luz a muchos acontecimientos y registra las reacciones que tan sorprendente evento produjo en los territorios gobernados por los Reyes Católicos, Juana y Carlos I.Si para muestra basta un botón: "Colón creía haber estado en Asia. Pero la mayoría de los ?sagaces? comentaristas italianos dieron por sentado de inmediato que Colón había descubierto las Antípodas; que había llevado el nombre de Cristo a las Antípodas, que ?anteriormente ni siquiera creíamos que existiesen?. En Florencia se llegó a hablar del descubrimiento ?del mundo opuesto al nuestro?. Esto se debió a que la idea encajaba en la corriente general del pensamiento entre los humanistas italianos de los años noventa del siglo XV. Pedro Mártir también pensaba que Colón había estado en las Antípodas: ?Ha regresado de las Antípodas occidentales un tal Colón, de Liguria, que sólo ha conseguido de mis soberanos tres naves para el viaje, porque consideraban que lo que decía era quimérico? (Como Antípodas significaba lo directamente opuesto, habría sido difícil encontrar Antípodas occidentales)... El propio Almirante, en su carta a Luis Santángel, comentó ?como en treinta y tres días pasé a las Indias con la armada de los ilustrísimos Rey e Reina Nuestro señor me dieron? y ¿por qué no dijo ?la India??. Porque, presumiblemente Colón quiso utilizar ?el término más vago y abarcador que se le ocurrió para sugerir la India, sin contradecir la imaginación popular en España?. Fernando Colón, el inteligente hijo de Almirante, comentó que su padre había utilizado la expresión ?las Indias? ?porque eran la parte más oriental de la India, más allá del Ganges, a la que ningún geógrafo ha señalado el límite oriental...?. Colón seguía pensando en términos de ?las Indias?, y nadie lo contradijo. Pero, por supuesto, decía otra cosa. Fernando e Isabel, así como la corte, sabían cuál era la realidad, y pronto empezaron a actuar como Pedro Mártir hubiera deseado" (p. 130).
El autor señala la cantidad y calidad de la documentación que ha consultado para escribir este libro, garantía -una vez más- de su seriedad como investigador. Por otra parte, la amplia bibliografía, precedida por "notas sobre los libros", nos permite una visión del panorama bibliográfico sobre el tema.La obra se completa con cuatro interesantes apéndices dedicados a la controvertida cuestión del vasallaje de Moctezuma, un relato "sencillo" e inédito de un acompañante de Cortés (legajo 204 del Archivo de México), el discurso (panegírico) en Cortes del obispo Pedro Ruiz de la Mota defendiendo los territorios del Reyno-Imperio y el registro de buques que viajaron -desde y hacia Indias- entre 1504 y 1522.
Un párrafo especial merecen las excelentes ilustraciones xilográficas que -en gran cantidad- completan la cuidada edición, junto a los seleccionados retratos de los principales protagonistas.
En estas últimas décadas -saturadas del bon sauvage indígena- resulta altamente valioso el rescate de "las hazañas de las dos primeras generaciones de exploradores, colonizadores, gobernadores y misioneros que abrieron el camino al enorme imperio americano de España, que permaneció durante mucho tiempo incontestado y que duró más de trescientos años, más que el Imperio británico, el francés, el holandés o el ruso" (p. 5); y que es -nos guste o no- la raíz de nuestra cultura.(c) LA GACETA






