18 Abril 2004 Seguir en 

En la "Noticia" que precede al texto, Borges y Bioy Casares elogian la calidad literaria de las obras de Anthony Gilbert considerando que "enriquecen y continúan, dentro de la novelística inglesa, la enérgica tradición de Dickens y de Wilkie Collins". Estas cualidades se advierten desde el comienzo, en el que el interés del lector queda atrapado por el asesinato de una vieja dama, ex estrella del teatro francés y ahora habitante de un mísero departamento londinense.El personaje de la víctima es quizás una de las mejores creaciones de su autor. Es una mujer que ama sobre todo el poder, poder que ejerció sobre los hombres debido a su belleza y a su talento artístico, pero también por el chantaje, cuando una enfermedad truncó su carrera, incapaz de sentir piedad; que acumula riquezas y vive miserablemente; que se viste en forma ridícula porque adora llamar la atención de cualquier manera.
Durante su larga vida -la asesinan cuando tenía ochenta y cuatro años- causó muchas tragedias y muchos desearon su muerte. Pero, ¿quién la mató?
La novela comienza con la frase: "Una larga sombra proyectan viejas culpas". La sombra de esas culpas se proyecta sobre varias personas. Entre las más sospechosas está su hijo, a quien abandonó cuando él tenía dos años y dejó de verlo durante mucho tiempo, hasta que lo descubrió casado y feliz con su mujer y sus cuatro hijos en una tranquila vida de pequeño burgués. Le exigió que le enviara sumas de dinero, cada vez mayores, con la amenaza de ir a instalarse en su casa. En otro de los sospechosos, la historia comienza desde su abuelo y sigue con su padre, quien alejó a su hijo de la casa, para librarlo de esa especie de maldición familiar.
Uno de estos hombres -el hijo- era francés y el que vengaba a sus antecesores era inglés. Cuando el francés fue detenido, escribe Anthony Gilbert: "El pueblo británico, formado como los demás pueblos, por un buen porcentaje de imbéciles, se dijo que todo aquello resultaba de permitir que entraran a este país los desperdicios de los demás. Y se sintió concienzudamente virtuoso porque el asesino no era de su propia sangre. Para ellos los franceses eran tan remotos como los hotentotes". Por otra parte, también unos franceses, en otro capítulo del libro, dicen que los ingleses son "bárbaros, de costumbres extrañas". Todo esto ocurría en pleno siglo XX, como puede deducirse de las fechas de nacimiento y de muerte del autor: 1899-1973.La trama de esta novela es lo suficientemente compleja como para seducir a los aficionados al género policial, y la calidad literaria del original se mantiene en la traducción de J.A. Cotta. Resultaría obvio recomendar la lectura de un libro que fue seleccionado por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. (c) LA GACETA
Durante su larga vida -la asesinan cuando tenía ochenta y cuatro años- causó muchas tragedias y muchos desearon su muerte. Pero, ¿quién la mató?
La novela comienza con la frase: "Una larga sombra proyectan viejas culpas". La sombra de esas culpas se proyecta sobre varias personas. Entre las más sospechosas está su hijo, a quien abandonó cuando él tenía dos años y dejó de verlo durante mucho tiempo, hasta que lo descubrió casado y feliz con su mujer y sus cuatro hijos en una tranquila vida de pequeño burgués. Le exigió que le enviara sumas de dinero, cada vez mayores, con la amenaza de ir a instalarse en su casa. En otro de los sospechosos, la historia comienza desde su abuelo y sigue con su padre, quien alejó a su hijo de la casa, para librarlo de esa especie de maldición familiar.
Uno de estos hombres -el hijo- era francés y el que vengaba a sus antecesores era inglés. Cuando el francés fue detenido, escribe Anthony Gilbert: "El pueblo británico, formado como los demás pueblos, por un buen porcentaje de imbéciles, se dijo que todo aquello resultaba de permitir que entraran a este país los desperdicios de los demás. Y se sintió concienzudamente virtuoso porque el asesino no era de su propia sangre. Para ellos los franceses eran tan remotos como los hotentotes". Por otra parte, también unos franceses, en otro capítulo del libro, dicen que los ingleses son "bárbaros, de costumbres extrañas". Todo esto ocurría en pleno siglo XX, como puede deducirse de las fechas de nacimiento y de muerte del autor: 1899-1973.La trama de esta novela es lo suficientemente compleja como para seducir a los aficionados al género policial, y la calidad literaria del original se mantiene en la traducción de J.A. Cotta. Resultaría obvio recomendar la lectura de un libro que fue seleccionado por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. (c) LA GACETA






