Accidentes

Lejos de ser una mala suerte, en su mayoría pueden prevenirse con solo custodiar a los menores de 12 años. Además, los padres necesitan saber que deben hacer si sucede algún percance.

21 Enero 2004
En la medida en que sean previstas las causas por las que suelen ocurrir los accidentes en niños, habrá menos imprevistos. Esto puede parecer obvio, y sin embargo existe la idea generalizada -y equivocada- de que los accidentes forman parte del reino del azar o del destino, cuando en realidad la mayoría de ellos pueden ser evitados.
Esto es lo primero que los adultos deben tener en cuenta para prevenirlos, según destacó Alberto Iñón, médico que encabeza de la Subcomisión de Prevención de Accidentes de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP). "Todo es poco a la hora de insistir en la prevención", aseguró, aunque aclara que "proteger a nuestros hijos no significa impedir que se muevan, que investiguen".

Indicaciones precisas
Para ayudar a lograr ese punto de equilibrio, la SAP ha elaborado un manual para padres con indicaciones precisas de prevención, surgido de la experiencia clínica y de la identificación de las causas más comunes de accidentes.
Dejando de lado los automovilísticos, siempre a la cabeza de la lista en casi todas partes del mundo, los accidentes graves más comunes en esta época del año son los traumatismos por caídas y fracturas ocurridas durante los juegos al aire libre y, sobre todo, los ahogamientos en piletas, playas o cursos de agua.
En este último sentido el doctor Iñón es terminante con la indicación preventiva: "Un niño menor de 12 años siempre debe estar acompañado de un adulto allí donde haya una acumulación de agua". Y eso, en los muy pequeños, incluye la bañera o fuentón del baño.

Cercar las piscinas
Se debe cuidar aún a los que sepan nadar (desde luego que eso disminuye notablemente el riesgo), y siempre que no haya adultos cerca, el ámbito de las piletas debe estar cercado y su acceso cerrado de manera segura. La pediatra Mariela Ghiggi, jefa de Terapia Intensiva Pediátrica del Hospital de Clínicas José de San Martín, agrega que la supervisión del adulto en el agua "tiene que ser activa", es decir: puede ser insuficiente si se la comparte con otras tareas de forma simultánea.
"Muchas veces son pocas las cosas que podemos hacer desde terapia intensiva porque cuando los chicos llegan accidentados acá es porque ya han fracasado la prevención y los auxilios primarios", explica la doctora, que también ha elaborado un manual instructivo de prevención junto con sus colegas Cecilia Chede y Adrián Saporiti y brinda cursos de capacitación específica en el hospital.

Un paro respiratorio
Al dejar de recibir oxígeno el corazón, un paro respiratorio no tarda en transformarse en cardiorrespiratorio, y si se prolongara por más de 3 minutos puede provocar una lesión cerebral, dejando secuelas aún cuando se le salve la vida. Y lo más frecuente es que una ambulancia demore más que 3 minutos, por eso es tan importante que un adulto sepa qué hacer si un niño se ahoga y tiene un paro respiratorio.
Los ejercicios de reanimación , mientras se pide a otro que llame al servicio de emergencia, son sencillos y consisten en: Desalojar el agua del conducto respiratorio (laringe, tráquea y bronquios) acostándolo boca arriba sobre el piso y levantándole el mentón.
Inducir la respiración mediante la técnica de boca a boca, tapándole la nariz (si es mayor de 1 año) para que no escape el aire, o insuflando 2 veces sobre nariz y boca a la vez si es un bebé.
Favorecer la circulación sanguínea mediante masajes cardíacos externos sobre el pecho. Esto se denomina Rehabilitación Cardiopulmonar Básica, y aunque el paciente no se reanime, los últimos 2 pasos deben continuarse hasta que llegue el servicio de urgencia.
Pero si no hay paro cardiorrespiratorio debe dejarse al niño tranquilo y no presionar las vísceras ni provocar el vómito.

Maniobra innecesaria
La doctora Ghiggi aclara que si bien en algunas series extranjeras de TV se puede ver que se induce al ahogado a vomitar para desalojar de agua las vísceras, esto no sólo es innecesario sino que hasta es contraproducente, porque lo que impide la respiración no es el agua que pueda haber en el estómago o en los pulmones aunque sea mucha, sino la que hay en el conducto respiratorio (laringe-tráquea-bronquios) aunque sea muy poca. El vómito, asegura, puede agravar las cosas porque el agua puede salir del tubo digestivo pero volver a entrar por la laringe.

Juguetes desarmables, no
El conducto respiratorio es de diámetro muy reducido y los objetos sólidos pequeños pueden obstruirlo si ingresan en él. Por eso deben evitarse los juguetes despiezables en los niños de muy corta edad, no permitir que coman maníes o almendras, quitarle siempre el carozo y las semillas a las frutas (aceituna, damasco, sandía, etc.) antes de dárselas y procurar, sobre todo, que mastiquen bien todos los alimentos sólidos, sean duros o blandos, antes de tragar.

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