31 Diciembre 2003 Seguir en 

Málaga (España). No sólo la procedencia del aceite es importante para la salud, sino que también lo es el número de veces que se emplea para cocinar, según concluyeron investigadores del Hospital Carlos Haya de Málaga.
El estudio desarrollado por especialistas españoles determinó que hay un riesgo de hipertensión relacionado directamente con la ingesta de los componentes oleicos que se originan cuando el "oro líquido" se reutiliza más de dos o tres veces para freír. Las grasas sometidas a altas temperaturas al mismo tiempo que se exponen al aire, como ocurre cuando se fríen en una sartén, experimentan una serie de complejas reacciones que generan un amplio espectro de nuevos componentes, tanto volátiles como no volátiles. Desde el punto de vista nutricional, los más importantes son estos últimos, ya que permanecen en el aceite, y son absorbidos en los alimentos y posteriormente consumidos. Entre esas sustancias se encuentran los compuestos polímeros polares que, aunque no se conoce realmente su efecto sobre el organismo humano, se piensa que contribuyen a aumentar la tensión arterial.
"Estudiamos la calidad del aceite frito en las cocinas de familias para determinar si su deterioro contribuye al aumento de la tensión arterial en la población en general", indicó Federico Soriguer, uno de los autores del trabajo.
El principal resultado de este estudio ha sido que el riesgo de hipertensión fue positivo e independientemente asociado con la ingesta de productos resultantes de la degradación de aceites vegetales durante el proceso de cocinado en los hogares.
Las personas que comen frituras hechas con aceites utilizados en numerosas ocasiones son más propensas a tener una tensión arterial alta que aquellas que cambian con más frecuencia esta grasa líquida. El riesgo es más alto en los consumidores de aceite de girasol, en comparación con los que prefieren el de oliva para sus platos. (Telam)
El estudio desarrollado por especialistas españoles determinó que hay un riesgo de hipertensión relacionado directamente con la ingesta de los componentes oleicos que se originan cuando el "oro líquido" se reutiliza más de dos o tres veces para freír. Las grasas sometidas a altas temperaturas al mismo tiempo que se exponen al aire, como ocurre cuando se fríen en una sartén, experimentan una serie de complejas reacciones que generan un amplio espectro de nuevos componentes, tanto volátiles como no volátiles. Desde el punto de vista nutricional, los más importantes son estos últimos, ya que permanecen en el aceite, y son absorbidos en los alimentos y posteriormente consumidos. Entre esas sustancias se encuentran los compuestos polímeros polares que, aunque no se conoce realmente su efecto sobre el organismo humano, se piensa que contribuyen a aumentar la tensión arterial.
"Estudiamos la calidad del aceite frito en las cocinas de familias para determinar si su deterioro contribuye al aumento de la tensión arterial en la población en general", indicó Federico Soriguer, uno de los autores del trabajo.
El principal resultado de este estudio ha sido que el riesgo de hipertensión fue positivo e independientemente asociado con la ingesta de productos resultantes de la degradación de aceites vegetales durante el proceso de cocinado en los hogares.
Las personas que comen frituras hechas con aceites utilizados en numerosas ocasiones son más propensas a tener una tensión arterial alta que aquellas que cambian con más frecuencia esta grasa líquida. El riesgo es más alto en los consumidores de aceite de girasol, en comparación con los que prefieren el de oliva para sus platos. (Telam)
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