PREVENCION. Cualquier fármaco o sustancia tóxica debe estar fuera del alcance de los niños y contar con envases difíciles de abrir.
24 Diciembre 2003 Seguir en 

Estudios internacionales muestran que entre los 3 y 5 años se produce la mayor cantidad de intoxicaciones con remedios en los niños. En los Estados Unidos existe una legislación que reglamenta la seguridad de los envoltorios de los productos medicinales, que incluye blisters y frascos. Incluso se generó una polémica con
respecto al envase que más conviene usar, para evitar que los chicos puedan abrirlos con facilidad. En la Argentina todavía no existen normas claras al respecto, salvo para los envases de algunas sustancias tóxicas.
Los envases de medicamentos deben ser difíciles de abrir para los menores
Las exigencias que deben cumplir los blisters que contienen medicamentos son hoy el centro de una polémica en los EE.UU. Sucede que en ese país existe un protocolo nacional para la fabricación de envases de medicamentos, los que deben resultar "a prueba de niños", es decir, difíciles de ser abiertos por menores de edad. Ese protocolo rige para frascos y blisters, o envases de dosis unitarias. Esto llevó a la industria farmacéutica a optar por los frascos (con tapas "resistentes a los niños").
Diferentes asociaciones se han pronunciado sobre el tema. Uno de los argumentos más fuertes -y de sentido común- que sostienen es que resulta más probable que un niño se intoxique si logra acceder al contenido de un frasco que si lo hace con os pocos comprimidos de un blister (algunos recomiendan no generalizar, y tener en cuenta de qué tipo de droga se trata en cada caso).
Una organización civil de envasadores de blisters, la Healthcare Compliance Packaging Council, inició una campaña de difusión para despertar el interés del público sobre el tema. Como otros grupos, discrepa con algunos criterios usados para aprobar los blisters, y pide que el organismo competente en la materia, la U.S. Consumer Product Safety Commision (CPSC) revise las exigencias de seguridad en los envases.
No existe una norma
En Argentina es imposible imaginar tal debate, ya que la legislación no contempla el uso de envases "a prueba de niños" para medicamentos. Esto es, ni frascos, ni blisters. En 1998 la entonces Secretaría de Industria, Comercio y Minería dictó -por medio de la Resolución 730- una norma que reglamenta el empleo de envases seguros para productos de desinfección y limpieza, quedando fuera de la medida los medicamentos, productos sobre los cuales sólo tiene competencia la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT).
De todos modos, un recorrido por los supermercados basta para constatar que en el rubro de los productos de limpieza y desinfección la norma se cumple parcialmente. En nuestro país sigue habiendo gran cantidad de sustancias tóxicas, corrosivas, irritantes o inflamables que se venden en envases comunes.
¿Qué exigencias fija la norma vigente? De acuerdo con el Centro de Investigación y Desarrollo de Envases y Embalajes (Citenem) del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (Inti), los productos de desinfección y limpieza deben tener envases que presenten dos características: apertura resistente a los niños, y que el usuario pueda saber a simple vista si el envase ha sido abierto con anterioridad.
Centro de referencia
Julio Canestrari, del Citenem, explica cuál es la situación en el país. "Hay productos que siguen ofreciéndose en envases comunes", afirma. "Otros vienen en envases resistentes a los niños, pero no tienen la correspondiente certificación. También es común hallar envases que cumplen con sólo uno de los requisitos: o son a prueba de niños o permiten saber si han sido abiertos. La resolución oficial requiere ambas condiciones", destacó.
El centro del Inti es el único en la Argentina que desarrolló una metodología basada en normas nacionales e internacionales, que permite ensayar envases diseñados para productos potencialmente peligrosos para la salud. Los fabricantes argentinos de envases tienen en el Citenem un verdadero centro de referencia en el tema, tanto para adecuarse a las exigencias del mercado interno como para aquellos que piensan en exportar.
Pocos países cuentan con legislación
La legislación sobre envases resistentes ha sido adoptada por muy pocos países en el mundo. Más allá de algún antecedente de principios de siglo XX, en Inglaterra, fueron los Estados Unidos el primer país que en 1970 legisló sobre los envases resistentes a los niños. Los norteamericanos establecieron a través de una norma conocida como PPPA (por las siglas en inglés Poison Prevention Packaging Act) ciertas características para la fabricación de envases que luego han sido adoptadas por otras legislaciones similares. Según la PPPA, un envase resistente tiene que estar diseñado y construido de modo que a los niños les resulte difícil abrirlo dentro de un lapso razonable, sin que la apertura sea excesivamente dificultosa para los adultos.
Estados Unidos, que en este terreno lleva la delantera, adoptó hace dos años una nueva regulación que define como contenido peligroso y, por lo tanto, comercializable sólo en envases seguros, a cualquier producto de uso común en el hogar con hasta un diez por ciento de hidrocarburos de baja viscosidad.
Según parece la medida fue tomada luego de que cinco niños murieran en ese país a causa de intoxicaciones con aceites para la piel. Ello movió a las autoridades a incorporar ese tipo de productos a la lista de los que deben tener envases resistentes a los niños.
Experiencia internacional
La experiencia internacional indica que la edad crítica en relación con el peligro de intoxicaciones y daños es la que va desde los 42 a los 51 meses. Por supuesto, la responsabilidad de los adultos juega un papel fundamental: ningún envase será nunca suficientemente seguro como para desatender las necesarias precauciones. Los centros de intoxicación y hospitales de la Argentina registran gran cantidad de accidentes, tanto por el consumo de remedios como por productos de desinfección y limpieza.
Un dato para destacar: en los Estados Unidos, la introducción y el control de la normativa sobre envases «a prueba de niños» ha permitido observar una notable disminución de las intoxicaciones. Los niños agradecidos.
respecto al envase que más conviene usar, para evitar que los chicos puedan abrirlos con facilidad. En la Argentina todavía no existen normas claras al respecto, salvo para los envases de algunas sustancias tóxicas.
Los envases de medicamentos deben ser difíciles de abrir para los menores
Las exigencias que deben cumplir los blisters que contienen medicamentos son hoy el centro de una polémica en los EE.UU. Sucede que en ese país existe un protocolo nacional para la fabricación de envases de medicamentos, los que deben resultar "a prueba de niños", es decir, difíciles de ser abiertos por menores de edad. Ese protocolo rige para frascos y blisters, o envases de dosis unitarias. Esto llevó a la industria farmacéutica a optar por los frascos (con tapas "resistentes a los niños").
Diferentes asociaciones se han pronunciado sobre el tema. Uno de los argumentos más fuertes -y de sentido común- que sostienen es que resulta más probable que un niño se intoxique si logra acceder al contenido de un frasco que si lo hace con os pocos comprimidos de un blister (algunos recomiendan no generalizar, y tener en cuenta de qué tipo de droga se trata en cada caso).
Una organización civil de envasadores de blisters, la Healthcare Compliance Packaging Council, inició una campaña de difusión para despertar el interés del público sobre el tema. Como otros grupos, discrepa con algunos criterios usados para aprobar los blisters, y pide que el organismo competente en la materia, la U.S. Consumer Product Safety Commision (CPSC) revise las exigencias de seguridad en los envases.
No existe una norma
En Argentina es imposible imaginar tal debate, ya que la legislación no contempla el uso de envases "a prueba de niños" para medicamentos. Esto es, ni frascos, ni blisters. En 1998 la entonces Secretaría de Industria, Comercio y Minería dictó -por medio de la Resolución 730- una norma que reglamenta el empleo de envases seguros para productos de desinfección y limpieza, quedando fuera de la medida los medicamentos, productos sobre los cuales sólo tiene competencia la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT).
De todos modos, un recorrido por los supermercados basta para constatar que en el rubro de los productos de limpieza y desinfección la norma se cumple parcialmente. En nuestro país sigue habiendo gran cantidad de sustancias tóxicas, corrosivas, irritantes o inflamables que se venden en envases comunes.
¿Qué exigencias fija la norma vigente? De acuerdo con el Centro de Investigación y Desarrollo de Envases y Embalajes (Citenem) del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (Inti), los productos de desinfección y limpieza deben tener envases que presenten dos características: apertura resistente a los niños, y que el usuario pueda saber a simple vista si el envase ha sido abierto con anterioridad.
Centro de referencia
Julio Canestrari, del Citenem, explica cuál es la situación en el país. "Hay productos que siguen ofreciéndose en envases comunes", afirma. "Otros vienen en envases resistentes a los niños, pero no tienen la correspondiente certificación. También es común hallar envases que cumplen con sólo uno de los requisitos: o son a prueba de niños o permiten saber si han sido abiertos. La resolución oficial requiere ambas condiciones", destacó.
El centro del Inti es el único en la Argentina que desarrolló una metodología basada en normas nacionales e internacionales, que permite ensayar envases diseñados para productos potencialmente peligrosos para la salud. Los fabricantes argentinos de envases tienen en el Citenem un verdadero centro de referencia en el tema, tanto para adecuarse a las exigencias del mercado interno como para aquellos que piensan en exportar.
Pocos países cuentan con legislación
La legislación sobre envases resistentes ha sido adoptada por muy pocos países en el mundo. Más allá de algún antecedente de principios de siglo XX, en Inglaterra, fueron los Estados Unidos el primer país que en 1970 legisló sobre los envases resistentes a los niños. Los norteamericanos establecieron a través de una norma conocida como PPPA (por las siglas en inglés Poison Prevention Packaging Act) ciertas características para la fabricación de envases que luego han sido adoptadas por otras legislaciones similares. Según la PPPA, un envase resistente tiene que estar diseñado y construido de modo que a los niños les resulte difícil abrirlo dentro de un lapso razonable, sin que la apertura sea excesivamente dificultosa para los adultos.
Estados Unidos, que en este terreno lleva la delantera, adoptó hace dos años una nueva regulación que define como contenido peligroso y, por lo tanto, comercializable sólo en envases seguros, a cualquier producto de uso común en el hogar con hasta un diez por ciento de hidrocarburos de baja viscosidad.
Según parece la medida fue tomada luego de que cinco niños murieran en ese país a causa de intoxicaciones con aceites para la piel. Ello movió a las autoridades a incorporar ese tipo de productos a la lista de los que deben tener envases resistentes a los niños.
Experiencia internacional
La experiencia internacional indica que la edad crítica en relación con el peligro de intoxicaciones y daños es la que va desde los 42 a los 51 meses. Por supuesto, la responsabilidad de los adultos juega un papel fundamental: ningún envase será nunca suficientemente seguro como para desatender las necesarias precauciones. Los centros de intoxicación y hospitales de la Argentina registran gran cantidad de accidentes, tanto por el consumo de remedios como por productos de desinfección y limpieza.
Un dato para destacar: en los Estados Unidos, la introducción y el control de la normativa sobre envases «a prueba de niños» ha permitido observar una notable disminución de las intoxicaciones. Los niños agradecidos.
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