La cirugía logra vencer a la incontinencia urinaria

El trastorno impacta en la salud física, psíquica y emocional de quienes la padecen. El problema que causa vergüenza tiene una solución quirúrgica que dura 20 minutos.

17 Diciembre 2003
Todo llega de sorpresa, dura unos segundos y sus efectos se mantienen luego como una condena y dificultan la vida social de las mujeres que padecen un trastorno denominado incontinencia urinaria.
Este problema tiene una repercusión social y laboral importantísima, ya que entre el 65 y el 70% de las mujeres que lo sufren se aísla, no concurre al trabajo, tiene conflictos con su pareja y hasta producen trastornos de síndrome depresivo concomitante a la incontinencia de orina porque creen que no podrán resolverlo.
Y no sólo afecta a señoras y señoritas que hayan traspasado la menopausia, sino que por distintas razones, las mujeres jóvenes también suelen lidiar con esa desagradable sensación de no saber cuándo ni dónde habrá de aparecer el trastorno.

Invasión mínima
Según las estadísticas, se estima que más del 20% de la población femenina en la Argentina y en el mundo padece este problema, pero suelen pasar entre tres y cinco años desde que se registran los primeros episodios, para que la paciente se decida a hacer una consulta médica por el tema.
En ocasiones, es ella misma quien prefiere no consultar de inmediato, generalmente por razones de pudor, pero en otros casos son los propios médicos clínicos quienes no derivan a la mujer a un especialista, ya que algunos ni siquiera saben que existe una subespecialidad dedicada específicamente al tema, que es la Uroginecología. La consulta tardía complica el cuadro porque la humedad por la pérdida de orina provoca diversos trastornos.
Más allá de los métodos tradicionales existentes para la curación del mal urinario femenino, la cirugía mini invasiva es el método más y eficaz y seguro.
"Esta cirugía es aplicable a personas de cualquier edad, tiene un post operatorio de sólo 24 horas, no se abre ninguna cavidad peritoneal y se puede hacer por tres vías: transvaginal, suprapúbica o transobturatriz", afirma el doctor Miguel Zangone, especialista en Uroginecología del Centro de Estudios en Ginecología y Reproducción (CEGyR) de Buenos Aires. Se trata de una intervención que dura veinte minutos y se realiza con anestesia local o general en la que se colocan bandas (slings) debajo de la uretra para aumentar el índice de resistencia de salida de orina.

Nuevos "slings"
Los nuevos modelos de sling tienen varias ventajas con respecto a los desarrollados durante el inicio de los ?90. Actualmente, tienen capacidad para autofijarse, es decir que no necesitan anclas ni suturas y ser reajustados en intervenciones posteriores en el caso de existir una recidiva de la enfermedad.
Zangone insiste con un concepto: "el piso pelviano", que "remite al piso del periné como una unidad funcional y dentro de ese piso pelviano están los componentes esfinterianos que pueden tener una falla en su funcionamiento pero a su vez son parte de un conjunto que es el piso pélvico. Uno puede resolver la incapacidad de cierre de la uretra, el desgarro perineal que altera la anatomía de ese piso, hoy se trata el piso pélvico en su conjunto, se trata de manera integral la alteración anatómica, la alteración funcional, que es la pérdida de orina, y la recomposición del piso pelviano de la capacidad muscular fisiátricamente. Antes, este concepto no existía".
El especialista, que presentó trabajos sobre el tema en el XXIV Congreso Argentino de Obstetricia y Ginecología organizado por la Federación Argentina de Sociedades de Ginecología y Obstetricia (FASGO), realizado en la primera semana de este mes en Mar de Plata, asegura que "actualmente estamos capacitados para realizar un tratamiento fisiátrico en el consultorio y prolongarlo en la casa a través de elementos que la paciente se lleva para seguir ejercitando la contracción muscular con un elemento heterólogo dentro de la luz de la vagina. Lo que históricamente se trabajó es la ejercitación de Kegel, que consiste en que la paciente sentada en el inodoro interrumpa su micción y cierre el esfinter. Hay elementos con forma de conos desde 25 a 75 gramos que ayudan a que la mujer tome conciencia de la presencia de músculos en el piso pelviano, por tener un cuerpo extraño dentro de la luz vaginal. Estos ejercicios pueden realizarse en forma paralela a la recuperación anatómica que se produce mediante una cirugía o con fármacos.

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