El hilo conductor que identifica al deporte tucumano desde hace 90 años es el de la pasión. Detrás de cada ídolo, de cada tribuna repleta, de cada club que se fundó, siempre existió un público expresivo, sanguíneo y fiel. Sólo así se explica la rica tradición deportiva que tenemos, superior a la que existe en buena parte del país. Uno de los puntales en esta historia fue LA GACETA, con las generosas coberturas que invariablemente les dedicó a los hechos y a las personalidades.
Cientos de tucumanos se agolparon frente a las pizarras del diario para seguir las alternativas de la pelea Firpo-Dempsey, cuando despuntaba la década del 20. Sus hijos disfrutaron la época de oro de nuestro deporte, cuando el automovilismo, el fútbol, el basquetbol y el boxeo convocaban a multitudes. Sus nietos aprendieron a emocionarse con el rugby y con las incursiones de Atlético y de San Martín por los nuevos torneos nacionales. La cuarta generación sufre estas épocas de vacas flacas, aunque sin resignar sus ilusiones y soñando con un futuro mejor.
En 1912, el año en que nació LA GACETA, la provincia se vio conmovida por un hecho deportivo sin precedentes: Livio Giansierra unió por primera vez a las capitales de Tucumán y de Santiago del Estero en bicicleta. En esa década se instaló la pasión por el fútbol, y los clubes se multiplicaban como hongos, en la ciudad y a la vera de cada ingenio.
Año a año, hasta bien entrados los 70, LA GACETA fue testigo de innumerables hazañas de nuestros deportistas, y reflejó en detalle lo que ocurría en el país y en el mundo.
Está claro que en el fervor popular subyace la clave para pensar en un relanzamiento del deporte tucumano. Para volver a jugar en Primera -en todas las disciplinas-, se necesitan dirigentes idóneos, nuevas ideas y figuras que rompan el molde.
OPINION
Una cuestión de sinceramiento
Por Alberto Elsinger. PERIODISTA
Cuando la economía del país voló por los aires, el Estado entró en default y la Argentina "se cayó"del mundo, el escritor y pensador Carlos Fuentes sintetizó la pregunta que muchos se hacían: "¿por Dios, qué han hecho los argentinos con la Argentina?". Si parafreseamos al hombre de letras mexicano para graficar la realidad del deporte de esta provincia, bien cabe el interrogante: ¿por Dios, qué han hecho los tucumanos con el deporte?
Mientras no haya reglas de juego claras y códigos definidos aquí se seguirá confundiendo espectáculos deportivos con práctica de deportes. Hacer deportes no es lo mismo que vender o lucrar con el deporte. Lo cierto es que la coexistencia de ambos son necesarios. No se puede difundir el deporte como actividad formativa si no contamos con políticas e infraestructuras deportivas adecuadas y reales. No se puede competir a nivel profesional si previamente no formamos deportistas. Tampoco se puede ser dirigente no rentado de una entidad que compite en el terreno profesional.
Mientras existan prejuicios y temores y en nombre del espíritu del juego o del deporte se pretenda disimular el "marronismo" andaremos a los tumbos. No existen las soluciones mágicas. Los tiempos cambiaron. Y en un país que por momentos parece no detener su caída, y en el que el futuro es cada vez más incierto, encontrar soluciones no es nada fácil, pero no por ello imposible. Llegó la hora del sinceramiento y la creatividad. Basta de declamar.
"Lucha, aun cuando tengas que sufrir. Y cuando todo está peor más debemos insistir, nunca desistir", solía pregonar Rudyard Kipling, premio Nobel de Literatura en 1907.
HITOS
IMPRESIONANTE.- En 1923, el boxeador Luis Angel Firpo visitó Tucumán y la multitud colmó las calles para recibirlo. Nacía el deporte-espectáculo.
PIONERO.- El profesor Mario Santamarina, padre del rugby local, vio cristalizado su sueño en 1935. El gobernador Miguel Campero dio el puntapié inicial para el partido que Tucumán le ganó a Santiago.
ALTO NIVEL.- José Rafael Albrecht fue el primer tucumano que disputó un Mundial de fútbol. Fue en Inglaterra 1966.
DESILUSION.- Tucumán estuvo a punto de ser sede del Mundial 78. Incluso se preparó el terreno para la construcción del estadio, en Yerba Buena. Por una decisión política, se privilegió a Mendoza.
De Nasif a la inolvidable "Pantera"
La mañana del 21 de octubre de 1973, el deporte tucumano vivió uno de los momentos más dramáticos de su rica historia. Nasif Estéfano, el máximo exponente del automovilismo local, encontró la muerte mientras disputaba una prueba de Turismo Carretera, en La Rioja.
Otra figura que convocaba multitudes era Horacio Saldaño. "La Pantera" nunca fue campeón, pero llenaba el Luna Park con su carisma y la potencia de sus puños. Siguió el camino de Emilio Ale Alí.
La nómina de estrellas que los tucumanos alentaron a lo largo de nueve décadas es larguísima. Imposible olvidar a Pablo Garretón, Martín Terán, José Santamarina, Tiny Hill Terán, Mercedes Paz, Juan María Tetú, Alba Balocco, José Vallejo, Juan Pablo Juárez, Carlos Berta, Aurelio Coronel. Roberto Sánchez, Arturo Boassi, "Tompy" Díaz, Carlos Romano, Lucas Victoriano, José Fernández y Argentino Varela.
FUTBOL
El clásico divide a la provincia
Vieron la luz en la primera década del siglo, se hicieron fuertes en los años subsiguientes y escribieron una historia de pasión. Atlético y San Martín son sinónimo de fútbol en Tucumán. Es el clásico que a partir de dos barriadas -Villa 9 de Julio y Ciudadela- invadió toda la provincia.
El 26 de febrero de 1919 se formó la Federación, entidad madre del fútbol local hasta mediados de los 70. El "Monumental" de 25 de Mayo y Chile se inauguró en 1922, mientras que San Martín estrenó su estadio en 1930. No extrañó que las décadas del 40 y del 50 fueran de esplendor, coronadas por los títulos argentinos que obtuvieron los combinados tucumanos en las ediciones del 44, del 46 y del 49.
En los viejos Nacionales, aquel Atlético de Julio Ricardo Villa hizo historia. Mejor le fue a San Martín en los 80, ya que alcanzó dos ascensos a la máxima categoría de la AFA.