28 Abril 2002 Seguir en 

1. "La cordialidad de los argentinos, tanto la oficial como la privada, fue de una generosidad desbordante". (1).
Así concluía Hans-Georg Gadamer un artículo periodístico en que relataba su breve paso por la Argentina, adonde vino, en 1949, juntamente con un grupo de filósofos alemanes, invitado por las autoridades del Primer Congreso Nacional de Filosofía, que se llevó a cabo en Mendoza.
Gadamer acaba de morir en Heidelberg, a los 102 años (había nacido en 1900). Con él desaparece el representante más genuino de la hermenéutica filosófica, de la hermenéutica como teoría y práctica de la comprensión, esa forma de conocimiento sutil que nos permite instalarnos en el mundo, interpretar un texto, apreciar y descifrar una obra de arte, entablar un diálogo con el otro para producir ese milagro que es el entendimiento recíproco. A partir de su propia experiencia docente como filósofo-filólogo, Gadamer "fundó", por así decirlo, la hermenéutica filosófica retomando la gran tradición humanística occidental, desde los diálogos platónicos, y haciendo pie en Dilthey, Husserl y Heidegger. Su hermenéutica es un pensamiento fecundo, que ha generado innumerables seguidores no sólo en Occidente, y que en los últimos años ha posibilitado que se interconecten, sobre todo en torno de la gran cuestión del lenguaje, formas de filosofía que parecían definitivamente antagónicas.
Gadamer recordó en varias oportunidades el paso por la Argentina. En una de ellas, en la Autopresentación de 1977, escribe, después de enumerar puntos decisivos en su formación intelectual, que en su vida personal "También fue importante el gran congreso celebrado en Mendoza (Argentina)...". (2).
¿A qué se habría debido la importancia de este viaje para un personaje sobresaliente de la filosofía del siglo XX? Imaginemos Alemania inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial. Gadamer, que vivía por entonces la reconstrucción de una Frankfurt que había quedado reducida a ruinas, reconoció que "Para los profesores alemanes [este Congreso] fue la primera salida al ?mundo? y el primer contacto también con viejos amigos, que ya vivían afuera", como Helmuth Kuhn y Karl Löwith (3). Fue allí, en Argentina, donde "entramos en contacto con antiguos amigos judíos y con filósofos de otros países (Italia, Francia, España, Sudamérica)" (4).
Esta "primera salida al ?mundo?" fue relatada de vuelta a Alemania para un periódico de Frankfurt. El texto se reproduce más tarde, íntegro, en los Años de aprendizaje. En ese texto el viajero describe a Mendoza, con su diseño de tablero de ajedrez, rodeada de viñedos y con el majestuoso telón de fondo de la Cordillera de los Andes.
En la sesión inaugural del Congreso, ante la ausencia de Heidegger -también invitado, pero que no asistió por haberle negado el gobierno militar francés el permiso de viaje-, Gadamer tuvo a su cargo las palabras en nombre de los visitantes llegados de Europa Central y Septentrional. Entre ellos se hallaban otros representantes de la escuela heideggeriana: Bollnow, Walter Bröcker, Eugen Fink, Ernesto Grassi, Ludwig Landgrebe, Wilhelm Szilasi, además de filósofos que ya habían emigrado de la Alemania nazi, como Karl Löwith y Helmuth Kuhn. Las voluminosas Actas del Congreso de Mendoza consignan tal discurso en su texto original y en una prolija traducción al español. Gadamer da allí las sinceras gracias por la invitación y reconoce el hecho de que "contra todos nuestros resquemores, nos es fácil hacernos entender y entender a los demás. [...]. Encontramos, en suelo argentino, hombres filósofos de casi todas las naciones, que han llegado para guardar, en las tempestades de la época, la patria del espíritu". (5)
Muchos años más tarde, en 1995, en una entrevista hecha por el Frankfurter Rundschau, el anciano profesor todavía expresa: "Recuerdo especialmente mi viaje a Mendoza, Argentina, después de la Segunda Guerra Mundial, donde pude reunirme, después de un largo aislamiento, con colegas de habla italiana, francesa e inglesa. Fue para mí muy interesante ver lo que se puede desarrollar cuando realmente se habla con el otro. En el diálogo se llega a una forma de superioridad respecto de toda actitud de dominación monológica del saber.
Pues este es, en efecto, el misterio del diálogo, a saber que el otro me devuelve lo que en común nos ocupa. En aquel tiempo, esto no era para nada habitual en la discusión alemana." (6)
2. El tomo II de las Actas también reproduce la ponencia que Gadamer presentó al Congreso bajo el título "Los límites de la razón histórica". Para un conocedor de la obra que consagró a Gadamer como uno de los pensadores europeos más importantes del siglo, Verdad y método, es muy fácil descubrir en esta ponencia los gérmenes de la gran obra del 60. No por cierto en toda la riqueza de su despliegue -no hay atisbos por ej. de la cuestión lenguaje-pensamiento, que ocupa en cambio toda la sección III de Verdad y método- pero sí en lo que concierne a una nueva concepción de la conciencia histórica, y a la historiografía. En este punto está ya perfectamente delineado lo fundamental de lo que sería la hermenéutica de Gadamer frente tanto al optimismo ilustrado de la "objetividad" en la historia, como al desesperante relativismo nietzscheano. Ya en esta época -o todavía en esta época- Gadamer refleja el impacto causado en su generación por el "?acontecimiento? europeo" que significó para esta generación la filosofía de la vida de Nietzsche. En la ponencia de Mendoza se destaca la importancia de la Segunda de las Consideraciones intempestivas: De las ventajas e inconvenientes de los estudios históricos para la vida, con la noción -que será central en Gadamer- de horizonte de certidumbres, o -dicho gadamerianamente- de tradición y "pre-juicios". Por cierto que Dilthey y Heidegger están presentes, especialmente este último, con la noción igualmente central en el Gadamer maduro, de historicidad: "el hombre escribe historia, porque él mismo es un ser histórico.".
3. Pero, en el fondo, ¿cuál fue la experiencia que caló más hondamente en Gadamer, en su paso por la Argentina en 1949? El mismo se lo pregunta y lo responde en el mencionado artículo periodístico de 1949, de gran valor autobiográfico. Es cierto -escribe- que en Argentina, además de la sorprendente presencia de la filosofía alemana, los representantes germanos encontraron no sólo un oído abierto y atento; salieron muy beneficiados especialmente con el primer debate con los representantes de Italia y de otros países extranjeros. "Pero, si alguien me pregunta cuál fue la más honda impresión que me dejó ese congreso de filósofos, le respondería: el regreso de Mendoza a Buenos Aires...".
Efectivamente, gran parte de la delegación de congresistas extranjeros que llegaron en avión hasta Mendoza, regresaron a Buenos Aires en un lujoso tren. En un trayecto casi rectilíneo, en 16 horas, a gran velocidad y con sólo cinco breves paradas -cuenta Gadamer- recorrieron la gran distancia entre Mendoza y Buenos Aires.
Mientras tanto, el futuro autor de Verdad y método se preguntaba en silencio, viendo la soledad de "las Pampas" a la hora del crepúsculo: "¿Somos realmente lo que expusimos sobre nosotros en la discusión filosófica de esos días? ¿Qué somos frente a esta enorme, impiadosa y poderosa superioridad de la naturaleza? La infinita extensión de este país, que atravesamos a toda velocidad, era de una realidad que dejaba atrás todo lo demás." ¿Qué posibilidades tendría -pensaba- un distraído viajero que se quedara solo, durante una parada ocasional, en esa infinita extensión desierta? En esa soledad no hubiera encontrado morada humana alguna. "Quizá sea verdad lo que dice el pensamiento actual [Heidegger]: que el hombre no es más que sus posibilidades. Pero, ¿qué son sus posibilidades?" (7).
(c) LA GACETA
NOTAS:
1) "Autopresentación", en Philosophische Lehrjahre, V. Klostermann, Frankfurt a M., 1977, p. 150.
2) Verdad y método II, Sígueme, Salamanca, 1994, p. 387.
3) Phil. Lehrjahre, p. 146.
4) Verdad y método, ibid.
5) Actas del Primer Congreso Nacional de Filosofía, I, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 1949, p. 85-88.
6) Jean Grondin, Hans-Georg Gadamer, una biografía, Herder, Barcelona, 2000, p. 363.
7) Phil. Lehrjahre, p. 149-150.
Así concluía Hans-Georg Gadamer un artículo periodístico en que relataba su breve paso por la Argentina, adonde vino, en 1949, juntamente con un grupo de filósofos alemanes, invitado por las autoridades del Primer Congreso Nacional de Filosofía, que se llevó a cabo en Mendoza.
Gadamer acaba de morir en Heidelberg, a los 102 años (había nacido en 1900). Con él desaparece el representante más genuino de la hermenéutica filosófica, de la hermenéutica como teoría y práctica de la comprensión, esa forma de conocimiento sutil que nos permite instalarnos en el mundo, interpretar un texto, apreciar y descifrar una obra de arte, entablar un diálogo con el otro para producir ese milagro que es el entendimiento recíproco. A partir de su propia experiencia docente como filósofo-filólogo, Gadamer "fundó", por así decirlo, la hermenéutica filosófica retomando la gran tradición humanística occidental, desde los diálogos platónicos, y haciendo pie en Dilthey, Husserl y Heidegger. Su hermenéutica es un pensamiento fecundo, que ha generado innumerables seguidores no sólo en Occidente, y que en los últimos años ha posibilitado que se interconecten, sobre todo en torno de la gran cuestión del lenguaje, formas de filosofía que parecían definitivamente antagónicas.
Gadamer recordó en varias oportunidades el paso por la Argentina. En una de ellas, en la Autopresentación de 1977, escribe, después de enumerar puntos decisivos en su formación intelectual, que en su vida personal "También fue importante el gran congreso celebrado en Mendoza (Argentina)...". (2).
¿A qué se habría debido la importancia de este viaje para un personaje sobresaliente de la filosofía del siglo XX? Imaginemos Alemania inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial. Gadamer, que vivía por entonces la reconstrucción de una Frankfurt que había quedado reducida a ruinas, reconoció que "Para los profesores alemanes [este Congreso] fue la primera salida al ?mundo? y el primer contacto también con viejos amigos, que ya vivían afuera", como Helmuth Kuhn y Karl Löwith (3). Fue allí, en Argentina, donde "entramos en contacto con antiguos amigos judíos y con filósofos de otros países (Italia, Francia, España, Sudamérica)" (4).
Esta "primera salida al ?mundo?" fue relatada de vuelta a Alemania para un periódico de Frankfurt. El texto se reproduce más tarde, íntegro, en los Años de aprendizaje. En ese texto el viajero describe a Mendoza, con su diseño de tablero de ajedrez, rodeada de viñedos y con el majestuoso telón de fondo de la Cordillera de los Andes.
En la sesión inaugural del Congreso, ante la ausencia de Heidegger -también invitado, pero que no asistió por haberle negado el gobierno militar francés el permiso de viaje-, Gadamer tuvo a su cargo las palabras en nombre de los visitantes llegados de Europa Central y Septentrional. Entre ellos se hallaban otros representantes de la escuela heideggeriana: Bollnow, Walter Bröcker, Eugen Fink, Ernesto Grassi, Ludwig Landgrebe, Wilhelm Szilasi, además de filósofos que ya habían emigrado de la Alemania nazi, como Karl Löwith y Helmuth Kuhn. Las voluminosas Actas del Congreso de Mendoza consignan tal discurso en su texto original y en una prolija traducción al español. Gadamer da allí las sinceras gracias por la invitación y reconoce el hecho de que "contra todos nuestros resquemores, nos es fácil hacernos entender y entender a los demás. [...]. Encontramos, en suelo argentino, hombres filósofos de casi todas las naciones, que han llegado para guardar, en las tempestades de la época, la patria del espíritu". (5)
Muchos años más tarde, en 1995, en una entrevista hecha por el Frankfurter Rundschau, el anciano profesor todavía expresa: "Recuerdo especialmente mi viaje a Mendoza, Argentina, después de la Segunda Guerra Mundial, donde pude reunirme, después de un largo aislamiento, con colegas de habla italiana, francesa e inglesa. Fue para mí muy interesante ver lo que se puede desarrollar cuando realmente se habla con el otro. En el diálogo se llega a una forma de superioridad respecto de toda actitud de dominación monológica del saber.
Pues este es, en efecto, el misterio del diálogo, a saber que el otro me devuelve lo que en común nos ocupa. En aquel tiempo, esto no era para nada habitual en la discusión alemana." (6)
2. El tomo II de las Actas también reproduce la ponencia que Gadamer presentó al Congreso bajo el título "Los límites de la razón histórica". Para un conocedor de la obra que consagró a Gadamer como uno de los pensadores europeos más importantes del siglo, Verdad y método, es muy fácil descubrir en esta ponencia los gérmenes de la gran obra del 60. No por cierto en toda la riqueza de su despliegue -no hay atisbos por ej. de la cuestión lenguaje-pensamiento, que ocupa en cambio toda la sección III de Verdad y método- pero sí en lo que concierne a una nueva concepción de la conciencia histórica, y a la historiografía. En este punto está ya perfectamente delineado lo fundamental de lo que sería la hermenéutica de Gadamer frente tanto al optimismo ilustrado de la "objetividad" en la historia, como al desesperante relativismo nietzscheano. Ya en esta época -o todavía en esta época- Gadamer refleja el impacto causado en su generación por el "?acontecimiento? europeo" que significó para esta generación la filosofía de la vida de Nietzsche. En la ponencia de Mendoza se destaca la importancia de la Segunda de las Consideraciones intempestivas: De las ventajas e inconvenientes de los estudios históricos para la vida, con la noción -que será central en Gadamer- de horizonte de certidumbres, o -dicho gadamerianamente- de tradición y "pre-juicios". Por cierto que Dilthey y Heidegger están presentes, especialmente este último, con la noción igualmente central en el Gadamer maduro, de historicidad: "el hombre escribe historia, porque él mismo es un ser histórico.".
3. Pero, en el fondo, ¿cuál fue la experiencia que caló más hondamente en Gadamer, en su paso por la Argentina en 1949? El mismo se lo pregunta y lo responde en el mencionado artículo periodístico de 1949, de gran valor autobiográfico. Es cierto -escribe- que en Argentina, además de la sorprendente presencia de la filosofía alemana, los representantes germanos encontraron no sólo un oído abierto y atento; salieron muy beneficiados especialmente con el primer debate con los representantes de Italia y de otros países extranjeros. "Pero, si alguien me pregunta cuál fue la más honda impresión que me dejó ese congreso de filósofos, le respondería: el regreso de Mendoza a Buenos Aires...".
Efectivamente, gran parte de la delegación de congresistas extranjeros que llegaron en avión hasta Mendoza, regresaron a Buenos Aires en un lujoso tren. En un trayecto casi rectilíneo, en 16 horas, a gran velocidad y con sólo cinco breves paradas -cuenta Gadamer- recorrieron la gran distancia entre Mendoza y Buenos Aires.
Mientras tanto, el futuro autor de Verdad y método se preguntaba en silencio, viendo la soledad de "las Pampas" a la hora del crepúsculo: "¿Somos realmente lo que expusimos sobre nosotros en la discusión filosófica de esos días? ¿Qué somos frente a esta enorme, impiadosa y poderosa superioridad de la naturaleza? La infinita extensión de este país, que atravesamos a toda velocidad, era de una realidad que dejaba atrás todo lo demás." ¿Qué posibilidades tendría -pensaba- un distraído viajero que se quedara solo, durante una parada ocasional, en esa infinita extensión desierta? En esa soledad no hubiera encontrado morada humana alguna. "Quizá sea verdad lo que dice el pensamiento actual [Heidegger]: que el hombre no es más que sus posibilidades. Pero, ¿qué son sus posibilidades?" (7).
(c) LA GACETA
NOTAS:
1) "Autopresentación", en Philosophische Lehrjahre, V. Klostermann, Frankfurt a M., 1977, p. 150.
2) Verdad y método II, Sígueme, Salamanca, 1994, p. 387.
3) Phil. Lehrjahre, p. 146.
4) Verdad y método, ibid.
5) Actas del Primer Congreso Nacional de Filosofía, I, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 1949, p. 85-88.
6) Jean Grondin, Hans-Georg Gadamer, una biografía, Herder, Barcelona, 2000, p. 363.
7) Phil. Lehrjahre, p. 149-150.
Lo más popular






