Nuestros primeros padres

Por Rafael Felipe Oteriño.

28 Abril 2002
Todo esto también los sobrevive:
el amanecer dormido,
el bosque que llevaban dentro,
pájaros en vuelo y estrellas fijas.
No eran de ellos: flotaban
insumisos.

Perecederos, no en las cosas
sino frente a las cosas,
desgranan su excesiva sombra
como collares de arena
que se negaran a hablar.

Por laderas y rayos de sol,
por crepúsculos y árboles altos.
Hasta que de su sangre quemada
brota un camino.
Hasta que no brota nada: ni un
camino.

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