El teatro del siglo XX, sin cronologías ni nombres

TEATRO DEL SIGLO XX, Olga Cosentino y Pablo Zunino. (Paidós - Buenos Aires).

07 Abril 2002
Los autores de este ensayo abordan el estudio del teatro en el siglo pasado de una manera diferente de la habitual. No se trata en esta obra de cronologías, nombres de autores, estilos o escuelas. Más bien es una mirada inédita sobre el contorno del hecho teatral al cual llaman "leyenda".
Y esta mirada original les permite observar cómo ese contorno formado por los hábitos de encarar el teatro (sus obras y/o autores), ha ido vaciando de vida a las corrientes escénicas como la enredadera que ahoga al árbol hasta secarlo.
Numerosas son las "leyendas" que incluye este volumen. Entre ellas: las de los clásicos griegos, las de Shakespeare, las de las familias teatrales, las de los géneros, las de las banderas ideológicas, etc. Como el espacio es corto y la riqueza temática es abundante, a pesar de las 168 páginas del volumen, tomaremos dos paradigmas de esta esclerosis provocada por las leyendas: la enseñanza del método Stanislavski y las puestas canónicas de las obras de Brecht sobre todo en nuestro país que, como país periférico, siempre recibió las corrientes que venían de las naciones centrales.
El método Stanislavski fue aplicado en la enseñanza de la preparación del actor por Galina Tolmacheva, una profesora rusa que conoció al maestro, fundadora de la Escuela de Arte Dramático de la Universidad de cuyo, y por Hedy Crilla, de origen germano, exiliada en Buenos Aires. El "método" se convirtió en una especie de religión dogmática (y aún lo sigue siendo en muchos sectores de la pedagogía teatral), aplicable a toda pieza.
Sin embargo, la misma Tolmacheva en sus últimos años, comenzó a desconfiar, como lo recuerda Nina Cortese, que fue su alumna.
Con la aparición de otras corrientes teatrales, la "leyenda" del "método" como panacea universal comenzó a desmoronarse y demostró que sólo servía para la preparación de piezas del llamado realismo psicológico.
Otro caso es la "leyenda" de Brecht y sobre todo de su "efecto de distanciamiento". Quienes abordaban las obras de este autor, lo hacían llevados por la "leyenda" de que sólo existía un Brecht canónico, tal como las montaban en el Berliner Ensamble.
Ignoraban las obras de juventud del autor de "Madre coraje", escritas con anterioridad a su adhesión al marxismo y su teoría del distanciamiento. El georgiano Roberto Sturúa demostró con su puesta en Buenos Aires del Círculo de tiza caucasiano que otro Brecht, que no fuera aburrido, era posible.
Igual tarea ya había emprendido Mainer Müller en el Berliner, aunque su obra quedó trunca por su muerte.Los autores de Teatro del siglo XX lo han subtitulado "El cansancio de las leyendas". En la parte final de su obra se preguntan cómo será el teatro en el nuevo siglo XXI siendo que la tecnología no sólo ha cambiado los modos de producción sino, junto al brillo de la comedia musical, conviven los colectivos teatrales, cada uno de los cuales lucha para imponer su particular visión del teatro.
Frente a la crisis de la palabra, primero, y a la de la imagen después, los autores vaticinan: "no parece aventurado, entonces, imaginar que las inminentes búsquedas del teatro se orienten hacia lo que la imagen ha venido hurtándole al sentido. Acaso, entonces, estemos en los umbrales de alguna desnudez inaugural, capaz de insinuar, precisamente, lo que tanta apariencia esconde".

(c) LA GACETA.

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