07 Abril 2002 Seguir en 

Se trata de una serie de pantallazos sobre el mundo de la música de cámara, de sus autores y obras más representativas, como así también de sus intérpretes. La obra pertenece a una colección llamada "amateurs" que desdramatiza la figura anti-solemne del aficionado e intenta revalorizarla desde la pasión y la espontaneidad. Coherentemente, el autor se manifiesta como un auténtico diletante: informal, errático, imaginativo. Por lo anunciado, el libro puede atrapar por su frescura, por lo vívido de las anécdotas y la creatividad de sus momentos de ficción.
Ruvalcaba se muestra desenfadado y seguro en su espacio: hijo del primer violín de un renombrado cuarteto, absorbió de manera asistemática, con lúdica naturalidad (sólo como los niños pueden hacerlo), lo más refinado, quizás, de la música culta de todos los tiempos.
Y este libro es el producto de toda esa nostalgia amasada con alegría y puesta desordenadamente a disposición del lector a través de un discurso fluido, por momentos barroco, hondamente personal y hedonista.
Un especialista rígido quizá sólo pueda extraer del texto algunos datos que enriquezcan algún trabajo de investigación. Nosotros, los aficionados, hemos apreciado inesperadas propuestas del autor: "sus vidas imaginarias", sus anécdotas de Brahms, su relato breve vinculado a la muerte de John Lennon, por ejemplo.
Por el contrario, poco consistentes nos parecieron, por citar sólo un caso, las argumentaciones de Ruvalcaba denostando la ópera.
En suma, esta serie de retazos bien escritos que parecieran no obedecer a una intención utilitaria ni a una poderosa razón de ser, hacen del libro una suerte de exponente francamente ecléctico de una estética "posmoderna" interesante de descubrir.
(c) LA GACETA.
Ruvalcaba se muestra desenfadado y seguro en su espacio: hijo del primer violín de un renombrado cuarteto, absorbió de manera asistemática, con lúdica naturalidad (sólo como los niños pueden hacerlo), lo más refinado, quizás, de la música culta de todos los tiempos.
Y este libro es el producto de toda esa nostalgia amasada con alegría y puesta desordenadamente a disposición del lector a través de un discurso fluido, por momentos barroco, hondamente personal y hedonista.
Un especialista rígido quizá sólo pueda extraer del texto algunos datos que enriquezcan algún trabajo de investigación. Nosotros, los aficionados, hemos apreciado inesperadas propuestas del autor: "sus vidas imaginarias", sus anécdotas de Brahms, su relato breve vinculado a la muerte de John Lennon, por ejemplo.
Por el contrario, poco consistentes nos parecieron, por citar sólo un caso, las argumentaciones de Ruvalcaba denostando la ópera.
En suma, esta serie de retazos bien escritos que parecieran no obedecer a una intención utilitaria ni a una poderosa razón de ser, hacen del libro una suerte de exponente francamente ecléctico de una estética "posmoderna" interesante de descubrir.
(c) LA GACETA.
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