La novela que se aleja de las razones

BARTLEBY, EL ESCRIBIENTE, Herman Melville. (Emecé - Buenos Aires).

07 Abril 2002
Bartleby es un amanuense encargado de copiar expedientes en un estudio jurídico. En su tercer día de trabajo, cuando su jefe le solicita que examine un escrito, Bartleby le responde con una desconcertante frase: "Preferiría no hacerlo".
No es raro que el hombre a quien contradicen de una manera insólita e irrazonable, bruscamente descrea de su convicción más elemental, reflexiona el narrador.
La fórmula de Bartleby, que reitera en varias oportunidades ante sucesivos pedidos de su jefe, quiebra la lógica de los presupuestos, las convenciones del lenguaje. La candidez con que la pronuncia, la ausencia de una negación explícita, la neutralidad del enunciado no permiten configurarla como una insubordinación.
El jefe es torturado por pensamientos y sentimientos contradictorios; siente lástima por su empleado pero no encuentra justificación alguna para mantenerlo en su puesto. Paralelamente Bartleby va abandonando toda actividad. El nihilismo larvado de su dependiente, lo absurdo de su actitud, llevan los cuestionamientos del jefe a las difusas fronteras que separan la cordura de la insania.
Es como si Melville, dice Borges, hubiera escrito: "Basta que sea irracional un solo hombre para que otros lo sean y para que lo sea el Universo".
Bartleby prefigura a "El hombre del subsuelo", de Dostoievski, a Blumfeld, un solterón de Kafka, a "El hombre sin atributos", de Musil, a "La cantante calva", de Ionesco. Gilles Deleuze sostiene que mientras la novela inglesa y la francesa experimentan la necesidad de racionalizar, el acto fundador de la novela americana y el de la rusa ha sido arrastrar a la novela lejos de las razones. En ese sentido Bartleby es una obra precursora.
La vida no suele proporcionarnos explicaciones suficientes para las cosas que nos pasan. Melville tampoco nos explica el comportamiento de sus personajes. Prefirió no hacerlo.

(c) LA GACETA.

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