El ojo prescindible

Para LA GACETA - TUCUMAN

31 Marzo 2002
Vi su zapato desde abajo y pensé, "o ella está volando o yo estoy tirado en el piso". Su taco aguja se afanaba en sacar mi ojo izquierdo de su lugar. Con el derecho traté de ver si entendía mi situación. Vi baldosas de muy cerca. Olí suelo. Concluí que, efectivamente, ella no estaba volando.
Sus gritos entorpecían mis intentos por calmarla. Me abandoné, si es que no lo había hecho antes. Para que no quedaran dudas de mi sumisión, me rendí nuevamente. El ultrajante taco salió de la órbita donde solía habitar mi ojo izquierdo. Noté que no lo tenía, o al menos no en el lugar donde era útil. Algunas veces poseemos cosas que necesitamos, pero si no están en el lugar fatalmente designado para ellas, su existencia se hace prescindible. Tal era el estado de mi ojo izquierdo: era un ojo prescindible. Así, mi ojo derecho adquirió un adjetivo que antes no había tenido: era único. Esa designación era merecida por haberse mantenido en su lugar, donde se lo necesitaba.
La dueña del pie calzado con ese zapato de injurioso taco aguja me ayudó a levantarme. Su ira y mis miedos se quedaron en el piso, ahogándose en el charco de mi sangre. Me llevó a una casa que, de acuerdo con lo que ella dijo, era nuestra.
Con blancas manos de algodón me acarició (después discerní que sus manos y el algodón eran dos cosas distintas, y que me estaba curando la herida). En sus húmedos labios rojos (los había apretado contra la cuenca, ahora vacía, de mi ojo izquierdo) encontré su amor y el gusto de mi sangre. Imaginé que mis miedos y su ira sabrían igual. Pero este, ahora, era el gusto sólo de su amor. Su infinito cuerpo, apenas contenido en su piel, me albergó en el amor más puro. Una vez curado y amado, me pidió que limpie su zapato manchado de ojo. Se fue, me dijo, a trabajar.
Yo la espero aquí, como ella me ordenó. Para no ser prescindible, debo estar en el lugar donde soy requerido. Si ella lo entiende así, pronto mereceré ese adjetivo que ahora califica a mi ojo derecho.

(c) LA GACETA

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