Marcel Proust y su tiempo en

PROUST, Edmund White. (Penguin/Mondadori-Barcelona)

31 Marzo 2002
El gran crítico George Steiner elogió la "antena" del autor, escritor norteamericano que apoyó a Proust, Faulkner, Yeats y Joyce, demostrando un juicio casi infalible. Esta biografía evoca la época de Proust como "la Francia de muebles recargados y sin gusto, de los retratos grabados del príncipe Eugenio, de relojes dentro de una campana de cristal sobre la chimenea, de sillones ultramullidos y camas de latón caldeadas por bolsas de agua caliente".
Describe luego la neurótica personalidad de Proust, inseparable de su creación literaria, "La Recherche...", elefantiásica obra que White describe como "un éter en el cual los personajes giran como cuerpos celestiales perfectamente controlados".
"La originalidad de las innovaciones proustianas no fue inmediatamente advertida, dice White, porque su estilo no era escueto, oblicuo, cargado de omisiones y silencios sino sobreabundante, sin que recuerde el de ningún otro escritor francés salvo el del memorialista del siglo XVII, Duque de Saint Simon, chismoso de talento y maestro de semblanzas".
A pesar de abundar en observaciones estilísticas, el foco de la obra permanece en Proust y su original transformación de hijo de mamá en arribista social (un esnob que acabó siendo el mayor de los críticos del esnobismo) y luego en genio literario.
Como el protagonista de su biografía, White abunda en expresivas anécdotas por momentos hilarantes, en las que vemos a Proust despreciado por "el empolvado, perfumado y orondo gigante irlandés Oscar Wilde" o tratando de que regrese su amante Alfredo Agostinelli, mediante la promesa de comprarle un aeroplano (podía permitírselo, había heredado una fortuna de seis millones de dólares y una renta mensual de quince mil dólares).
Aborda el autor aspectos poco estudiados del gran escritor, como su insólito antisemitismo, "habida cuenta, dice, del amor que sentía por su madre y que tras la muerte de esta desarrolló algo semejante a un culto religioso en torno a ella".
White examina los padecimientos de Proust, prácticamente inválido a causa de su grave afección asmática, que lo condenaba a recluirse en su dormitorio con paredes cubiertas de corcho. Da cuenta también de sus sufrimientos como artista, que sacrificó su existencia para escribir una obra que en vida no fue suficientemente valorada, a pesar del Premio Goncourt. Finalmente, alude a las angustias padecidas a causa de su pretendidamente oculta condición homosexual, considerada con una minucia que hasta ahora no tuvieron sus más importantes biógrafos, Painter, de Diesbach y Tadié ni aparece en las notas de los 21 tomos de su "Correspondencia..." editados por Philip Kolb.
No hay duda de que estos factores contribuyeron a crear la desesperanzada visión de Proust de los sentimientos humanos, que empobreció su vida, enriqueciendo, en cambio, su estilo literario.
Su idea del recuerdo involuntario que "sólo afluye cuando lo activa involuntariamente cierto gusto u olor sobre los que no se ejerce ningún control" es la piedra angular de "La Recherche..." y uno de los principios rectores de su arquitectura literaria.
Proust piensa que "el amor es una quimera, una proyección de fantasías suntuosas sobre una superficie indiferente" y que "en el estadio terminal de la pasión no amamos ya al ser amado; el objeto del amor ha sido eclipsado por el amor mismo".
Según White "esta intensa visión de lo transitorio afecta la alusión casi permanente de Proust a la ascensión y caída de los amores individuales, a pequeña escala y a gran escala, de todas las clases sociales, la revolución constante de los sentimientos y la posición social". Son temas que Proust ha tratado y sus lectores hemos vivido.
Proust es, según White "el más gran novelista del siglo XX por ser el primero en describir la inestabilidad permanente de nuestro tiempo".
El mundo sería más vacío sin la obra maestra de Proust y el lector curioso sobre su brillante y enfermo creador debe leer esta aguda y perspicaz biografía.

(c) LA GACETA

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