Un testimonio auténtico que tiene enorme valor

CONVERSACIONES CON GOETHE, J. P. Eckermann. (Océano Grupo Editorial-Barcelona).

31 Marzo 2002
El autor de este volumen, Johann Peter Eckermann (1792-1854), traza en el "Prólogo" una síntesis de su vida hasta el momento en que comenzó a colaborar con Goethe y a frecuentarlo, en el decenio final de la existencia del gran maestro de las letras alemanas (1822-1832).
Desde que el libro se publicó en 1835 hasta la actualidad, se ha reconocido la autenticidad de su testimonio y el enorme valor de su contenido. La imagen de Goethe que el joven Nietzsche exaltó depende, por ejemplo, de las Conversaciones, como se puede verificar en varios pasajes de las Consideraciones intempestivas. Ernst Robert Curtius, ya en el siglo XX, en su estudio "Goethe como crítico", destacó la importancia de lo registrado y expuesto por Eckermann, que en su mayor parte el propio Goethe había revisado. Ezequiel Martínez Estrada encareció también el mérito de este libro, donde se tiene "la estatura cabal" del célebre escritor, quien aparece como "un hombre común" que, sin embargo, nunca deja de "ser distinto de todos". El "Estudio preliminar" de la presente edición, firmado por Francisco Ayala, ofrece valiosas consideraciones no sólo sobre las características del libro compuesto por Eckermann, sino también sobre lo que significa hoy este mensaje de la vejez de Goethe, para una Europa que ha asistido "al ápice de los enconos nacionales" y se encuentra ahora "ante la perspectiva de un mundo abierto". Llevan pues las reflexiones del anciano escritor a una cuestión de plena actualidad, que él ya en su tiempo se planteó.
Viene al caso, por ejemplo, el interés que manifiesta Goethe, al comentar la obra de Alexander von Humboldt sobre Cuba y Colombia, por la posibilidad de construir los canales de Panamá y de Suez, y los "incalculables resultados" que ello tendría. En otras páginas habla de sí mismo: a la vez que recuerda la "dicha" que le ha dado la creación poética, describe el esfuerzo y la lucha de su vida (el "constante rodar de una piedra que quería siempre volver a erguirse", dice comparándose con Sísifo) y, sobre todo, su resignación a que nadie lo escuche y a escuchar a otros; se consuela diciendo que tiene "la ventaja de saber lo que los otros piensan". Mucho sobre literatura, sobre la propia obra, sobre las de otros, contiene este volumen. es el tiempo en que Goethe desarrolla la idea de "Weltliteratur" (literatura universal) y, en consecuencia, lee, comenta y compara lo extranjero. Con impresionante objetividad recuerda a sus maestros, incluso a los contemporáneos, y da cuenta de todo lo que les debe, hasta el extremo de preguntarse qué es exclusivo de él, "a no ser la energía, la fuerza y la voluntad". Una y otra vez insiste en una de las normas de su madurez y ancianidad: "limitarse", reconocer los propios límites... Muy amplias son sus lecturas, desde los antiguos hasta los libros más recientes, desde Homero hasta las últimas publicaciones de Byron, de Manzoni, a quienes admira; el tiempo le alcanza para conocer y señalar el galimatías de un discípulo de Hegel, autor de pasajes "donde la razón se detiene en absoluto y ya no se sabe lo que se lee"... Las conversaciones remiten al proceso de composición de varias obras del propio Goethe; sus nociones teóricas acerca de la novela, la tragedia, el teatro, etc. se van configurando en distintas referencias.
Cada página de este volumen es rica en mesuradas apreciaciones, maduras reflexiones, precisos comentarios; a Eckermann hay que reconocerle cierta capacidad para evocar las comunes circunstancias de las conversaciones (por lo general en la casa de Goethe) y crear así una especie muy particular de relato que facilita el encuentro con el enorme mundo intelectual y anímico del protagonista.
La anónima traducción se lee con naturalidad. Aunque el texto no es completo, sobre todo el de la llamada "Tercera parte", ha recogido un porcentaje grande del original. Es de lamentar que esta publicación sólo ofrezca un índice que escasamente enumera años; acaso sería mucho pedir un vasto y minucioso registro de nombres, materias y notas como el que suelen presentar las ediciones alemanas; pero, por ejemplo, una simple lista alfabética de autores mencionados habría facilitado la consulta de una obra que con placer se puede leer de corrido, pero no recordar de corrido; obra a la que, por la multiplicidad de temas y la riqueza de saber, hay que retornar una y otra vez.

(c) LA GACETA

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