El hombrón caviloso

Para LA GACETA - BUENOS AIRES.

24 Marzo 2002
El resurgimiento del género policial revela que nuestra época materialista busca la aventura romántica del detective solitario, que sigue un criterio propio para perseguir delitos. Uno de ellos es el Comisario Inspector Jules Maigret, protagonista de más de ochenta novelas cautivantes. Georges Simenon, escritor franco-belga (1903-1989), creó este personaje en 1930, cuando tenía 33 años.
Solitario e individualista, Maigret vigila personalmente a los sospechosos, a quienes sigue por todo París, deteniéndose, a veces, en algún bistró, para tomar un vaso de vino blanco, recomendado por el "propiétaire". No tiene un sargento ayudante como Morse, héroe de una serie cinematográfica, ni un tonto admirador como el Dr. Watson, de Sherlock Holmes.
Maigret resuelve sus casos en base a su notable intuición psicológica y a un conocimiento profundo de las motivaciones del delincuente. Cuidadoso en el examen de la escena del crimen, desconfía, sin embargo, de los indicios materiales y apenas mira las colillas de cigarrillos, las manchas de rouge y los rastros, en general.
Con las declaraciones de los testigos desarrolla una incontrovertible progresión de silogismos casi cartesianos, bien recibidos en un país donde los vendedores de tiendas abandonan su sempiterno malhumor, cuando un cliente renuente les dice "il faut réfléchir".
Aunque nunca habló de él, le agradaría a Borges, que no apreciaba la indagación de huellas ni los tipos de tabaco y fórmulas de venenos que, con tanta delectación, exhibía Sherlock Holmes, y prefería las racionales soluciones del padre Brown, el detective creado por Chesterton.
Cuando finalmente halla al culpable, Maigret suele detenerlo pero deja su interrogatorio a la Policía Judicial, en el elegante edificio que comparte con los Tribunales, en la margen derecha del Sena.Maigret cree que la piedad debe extenderse a quienes delinquen y no exhibe ningún triunfalismo al fin de una investigación. En eso también se parece a Chesterton, en cuyas novelas no se sabe bien qué les pasó a los delincuentes, posiblemente absuelto por él, como sacerdote católico.
De figura maciza, Maigret, a pesar de no haber concurrido jamás a un gimnasio, parece un atleta algo fuera de entrenamiento, embutido en su grueso sobretodo. Poco conversador, siempre rumiando sus propios pensamientos, mientras fuma o limpia concienzudamente su pipa, salvando las distancias, debe parecerse a Santo Tomás de Aquino, quien cavilaba permanentemente y era llamado, por su robustez, "el buey".
Maigret, que goza del prestigio que los franceses conceden al "fonctionnaire public", carece de su empaque burgués y lleva una vida sobria, cuyas diversiones se limitan a ir al cine una vez por semana, con su mujer, y comer con un matrimonio amigo.
Los relatos de Maigret le valieron a Simenon la amistad de Arthur Miller, Jean Renoir y Maurice Vlaminck y el panegírico de André Gide, sobrio en elogios y responsable de que Gallimard no publicara "A la búsqueda del tiempo perdido", "el más terrible error de su vida", como dijo más tarde en su emocionada carta a Proust.
Gide considera a Simenon "el más gran novelista de la literatura actual" por la simplicidad de su estilo, que evoca una situación de gran tensión neurótica con gran economía de medios. Desde que se conocieron, en diciembre de 1938, en un cocktail en casa de Gaston Gallimard, se inició una correspondencia, publicada el año pasado en Francia, presentada por Dominique Fernández, que se extendió hasta diciembre de 1950, o sea, un mes antes de la muerte de Gide. No faltan, emitidos con cierto aire oracular, los consejos literarios de Gide, como el de publicar ciertos textos autobiográficos, que no fueron bien recibidos por la crítica.
Un severo régimen de trabajo, seguido por Maigret desde los 16 años, cuando comenzó a trabajar como periodista, primero en su Lieja natal y luego en París, llegó a hacerle escribir, a veces, varios libros a la vez. Con el tiempo se convirtió en el escritor más prolífico y el que vendió más libros, del siglo pasado.
A las 83 novelas con intervención de Maigret, deben agregarse otras 136 que los libreros, no caprichosamente, acostumbran a llamar "psicológicas".
Dactilografiando 80 páginas por día, escribió, entre 1923 y 1933, más de 200 libros, usando 16 seudónimos. Se vendieron 600 millones de sus libros, traducidos a 50 idiomas.Simenon evoca, en pocas líneas, los más distintos ambientes. Sabe cómo preparan los desayunos en un lujoso hotel del 8me. arrondissement de París, cómo se vive en una péniche que navega por el Sena o lo que piensa un "clochard" que duerme bajo los puentes. Cita invariablemente las calles donde se desarrollan sus relatos, verificadas en un plano de París.
A pesar de vivir atado a su escritorio, describe lugares y ambientes con una precisión imposible sin su frecuentación.
Evoca los paisajes mediante acotaciones tan breves como las de los libretos teatrales: "El cielo se obscureció bruscamente", "El borde de la taza brilló con el sol". Tampoco se embarca en disquisiciones propias de Hans Castorp, ni en melindres a lo Mme. Verdurin.
Algunos personajes son solitarios al borde de la subnormalidad mental; otros, seres comunes que las circunstancias llevaron al crimen. Simenon sostiene que dos mundos conviven en la vida social, en su libro "Le passage de la ligne" (1952). De un lado de una línea imaginaria, una superclase se desplaza de una mansión a otra, repartiéndose el poder y la riqueza. Del otro, el rebaño, integrado tanto por industriales como por obreros, encuadrados por jueces y policías.Esta concepción que recuerda los estamentos medievales, que anteponen la aristocracia rural a los comerciantes u operarios de las ciudades, puede originarse en recuerdos infantiles, ya que Simenon era hijo del administrador de un castillo.
Simenon, menos sobrio que Maigret, se jactaba de haberse acostado con 10.000 mujeres, actitud que Pierre Assouline, autor de su biografía, en 1997, considera una compensación a la ausencia de amor maternal, aunque Simenon tuvo una buena relación con su madre.
Maigret fue enormemente popular, a tal extremo, que la cantidad de turistas que concurrían a la Policía Judicial y preguntaban, convencidos de su existencia real, cuál había sido su escritorio, obligó a las autoridades a elegir uno, que, desde entonces, se exhibe como "el despacho de Maigret".
El reconocimiento oficial de esa popularidad también fue insólito. Convencidas de que Maigret, sobrio y ético, contribuía al prestigio de "la Police", sus autoridades recibieron oficialmente, en 1952, a Simenon en la célebre sede de la Policía Judicial de París, 36 Rue des Orfebres y le entregaron una placa de comisario número 000, a nombre de Maigret.
Sus novelas lo hicieron rico y con su primera mujer, hizo, durante los 60, una vida de magnificencia y derroche, viajando por todo el mundo y ofreciendo reuniones a las que asistía la más brillante aunque no la más prestigiosa sociedad de París. Bordeaba el escándalo, al convivir juntamente con su esposa y con su ama de llaves o pretender escribir una novela en público, en una caja de vidrio, por 50.000 francos.
Cuando los alemanes ocuparon París, fue innecesariamente amistoso con ellos, por lo que, al finalizar la guerra, creyó prudente trasladarse a Estados Unidos, donde se casó nuevamente y tuvo varios hijos.
Luego se desplazó a Suiza, donde vivió, primero en un castillo y luego en una casa minimalista, pintada de blanco, que parecía un sanatorio. Enfrentó allí el alcoholismo de su mujer y el suicidio de su hija favorita, y escribió "Memorias íntimas" (1981) donde narra la historia de ese suicidio, y cuentos autobiográficos como "Carta a mi madre" (1974) y "Pedigree" (1985). Murió en 1989.

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