24 Marzo 2002 Seguir en 

En el prólogo de este conjunto biográfico singular, María Sáenz Quesada afirma que las mujeres de estas historias de la política de sus días, actuaron casi sin excepción en un segundo plano; es decir, desde la trastienda del poder. La reflexión vale hasta la cercanía de nuestro tiempo y remite a otra de Ortega y Gasset, a propósito de las españolas. Detrás de esos prohombres, decía el filósofo, está la inspiración de esas mujeres postergadas por el silencio. Ninguna sociedad ha eludido ese largo trayecto histórico, pero debe reconocerse que, especialmente la española y las que de ella descienden en muy buena parte, son las que hasta más recientemente han debido cumplir con tal destino.
La rica investigación compartida se divide en tres épocas: de la Conquista a la Organización Nacional; desde esta última al comienzo del feminismo y la modernización del país y, por último, la Argentina moderna. En la primera desfilan personalidades en las que el perfil romántico se comparte con la firmeza de espíritu que generalmente lleva al sacrificio, en aras de una sociedad en ciernes, desde Mencia Calderón hasta Manuelita Rosas. La segunda época reservó a la mujer argentina el papel de educadora, y en buena parte de su acción surge o se insinúa el feminismo que reivindica sus derechos. La nómina arranca en la investigación con Juana Manso y, tras ocho ensayos sobre otros tantos casos señeros, se cierra con Alicia Moreau. La Argentina moderna arranca con Regina Pacini y finaliza con María Estela Martínez, pero es María Eva Duarte la figura que ha trascendido más poderosamente fuera del país, en un contrastante repertorio de personalidades femeninas.
La Ley 13.010, de sufragio femenino, sancionada en 1947, es seguramente el hecho liminar de la mujer argentina moderna y participativa. Con ella irrumpe formalmente en la vida pública, compartiendo con los hombres el hasta entonces cerrado espacio del poder y la política. En este capítulo el conjunto biográfico resulta excesivamente reducido, seguramente por causas editoriales antes que por distracción antológica. Pero el tiempo que sigue a esa aurora conlleva también frustraciones. No son otra cosa para la mujer que las recurrentes crisis institucionales y golpes de Estado que la desplazan y postergan dejándola reducida una y otra vez por la omnipresencia masculina. La participación femenina plena y creciente habrá de consolidarse a la vez que el sistema democrático constitucional, dato nada desdeñable como referente de lo que, a fin de cuentas, son los intereses públicos de la mujer y su militancia en los mismos como sujeto de derechos legales y reivindicaciones hasta hace poco limitadas al sexo opuesto. La obra se acompaña con un amplio repertorio bibliográfico.
(c) LA GACETA
La rica investigación compartida se divide en tres épocas: de la Conquista a la Organización Nacional; desde esta última al comienzo del feminismo y la modernización del país y, por último, la Argentina moderna. En la primera desfilan personalidades en las que el perfil romántico se comparte con la firmeza de espíritu que generalmente lleva al sacrificio, en aras de una sociedad en ciernes, desde Mencia Calderón hasta Manuelita Rosas. La segunda época reservó a la mujer argentina el papel de educadora, y en buena parte de su acción surge o se insinúa el feminismo que reivindica sus derechos. La nómina arranca en la investigación con Juana Manso y, tras ocho ensayos sobre otros tantos casos señeros, se cierra con Alicia Moreau. La Argentina moderna arranca con Regina Pacini y finaliza con María Estela Martínez, pero es María Eva Duarte la figura que ha trascendido más poderosamente fuera del país, en un contrastante repertorio de personalidades femeninas.
La Ley 13.010, de sufragio femenino, sancionada en 1947, es seguramente el hecho liminar de la mujer argentina moderna y participativa. Con ella irrumpe formalmente en la vida pública, compartiendo con los hombres el hasta entonces cerrado espacio del poder y la política. En este capítulo el conjunto biográfico resulta excesivamente reducido, seguramente por causas editoriales antes que por distracción antológica. Pero el tiempo que sigue a esa aurora conlleva también frustraciones. No son otra cosa para la mujer que las recurrentes crisis institucionales y golpes de Estado que la desplazan y postergan dejándola reducida una y otra vez por la omnipresencia masculina. La participación femenina plena y creciente habrá de consolidarse a la vez que el sistema democrático constitucional, dato nada desdeñable como referente de lo que, a fin de cuentas, son los intereses públicos de la mujer y su militancia en los mismos como sujeto de derechos legales y reivindicaciones hasta hace poco limitadas al sexo opuesto. La obra se acompaña con un amplio repertorio bibliográfico.
(c) LA GACETA
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