24 Marzo 2002 Seguir en 

La mayoría de los ensayos que contiene este volumen había sido publicada por separado en la década del ochenta y pasó a integrar después la primera edición del libro en 1992. Luego de previa selección, los ofrece el autor de nuevo ahora.En la primera parte están los referidos a "Lo político".
Testimonios de los años finales del "Proceso" son "Una cultura de catacumba", "Las manos del miedo", "El hombre providencial", etc.
Leídos hoy valen como mesurada reflexión sobre un tramo sombrío de nuestro pasado nacional, y ofrecen pautas para analizar el triste presente. Una vez más, por ejemplo, hay que hacerse la pregunta: "¿Seguirá siendo el país bastión de matones y demagogos?" ¿No tiene acaso vigencia todavía la obsesiva "división en banderías"?, ¿no están a la vista las consecuencias del "bicefalismo riguroso", de las dicotomías encarnizadas? Lúcida y profunda visión histórica explica que palabras publicadas hace más de diez años nos lastimen hoy con su certera verdad: "pérdida del tiempo", "del sentimiento del tiempo", como factor decisivo de la "decadencia argentina"; de ahí el espectáculo de improvisación, de inestabilidad, de gobiernos que "no se suceden" sino que "se reemplazan"...
El título "Lo poético", de la segunda parte, lleva a lo que el propio autor llama "El oficio de la pasión"; páginas admirables sobre la vocación, inspiradas en el ejemplo de grandes artistas, son una invitación a la victoria que empieza en la lucha consigo mismo, desconociéndose para reconocerse.
Estudios sobre Rimbaud y sobre Shakespeare, planteados desde la perspectiva concreta de nuestra realidad, alternan con los que exponen la relación entrañable del autor con el lenguaje y la forma. Las páginas de "El ensayo en el espejo" tratan de cómo el ensayista se mira en el género literario que cultiva y establece "distinciones", con el propósito de reconocer "singularidades" pero no de establecer jerarquías. Insiste en el "temperamento" que se expresa, como rasgo distintivo de la creación ensayística.
La tercera parte, dedicada a "Lo conjetural", abre el acceso a las convicciones profundas del autor, afirmadas en sistemático rechazo de todo dogmatismo; pasajes autobiográficos hacen patentes fundamentos de su existencia. La visión de la ciudad moderna dominada por la injusticia, la brutalidad, el hambre, la violencia, expresamente "Sâo Paulo o la nueva Sodoma", lo lleva a un período de su adolescencia que pasó en la gran urbe. En "Migajas del yidish", al evocar con nostalgia este idioma de la diáspora, que ama pero no sabe, recuerda a sus abuelos judíos rusos inmigrantes en Entre Ríos, donde nacieron sus padres. Con perfecta coherencia dedica a Montaigne, creador del ensayo, las reflexiones de "Un hombre interesante".
"La nueva ignorancia", título del libro, lo es también de uno de los últimos trabajos. El autor remite así a la ignorancia que es generada, paradójicamente, por el conocimiento y no por la carencia de este. Típico fenómeno moderno, deriva del saber especializado: ya porque este se desarrolla ignorando otras formas de conocimiento, ya porque, pasado un tiempo, pierde actualidad y vigencia. Se diría que es inherente al ensayo mismo actuar como correctivo, en la medida en que establece una mediación entre los saberes y siempre, de algún modo, alude al hombre como entidad ética.
La eficacia de la prosa de Kovadloff consiste en el sutil ejercicio del pensamiento y en la riqueza expresiva, que no decae ante ningún tema. Por lo demás él, quien no participa del "carnaval terminológico", revela pertenecer a la estirpe de los "escritores pensadores" exaltados en una de las lúcidas páginas del libro.
(c) LA GACETA
Testimonios de los años finales del "Proceso" son "Una cultura de catacumba", "Las manos del miedo", "El hombre providencial", etc.
Leídos hoy valen como mesurada reflexión sobre un tramo sombrío de nuestro pasado nacional, y ofrecen pautas para analizar el triste presente. Una vez más, por ejemplo, hay que hacerse la pregunta: "¿Seguirá siendo el país bastión de matones y demagogos?" ¿No tiene acaso vigencia todavía la obsesiva "división en banderías"?, ¿no están a la vista las consecuencias del "bicefalismo riguroso", de las dicotomías encarnizadas? Lúcida y profunda visión histórica explica que palabras publicadas hace más de diez años nos lastimen hoy con su certera verdad: "pérdida del tiempo", "del sentimiento del tiempo", como factor decisivo de la "decadencia argentina"; de ahí el espectáculo de improvisación, de inestabilidad, de gobiernos que "no se suceden" sino que "se reemplazan"...
El título "Lo poético", de la segunda parte, lleva a lo que el propio autor llama "El oficio de la pasión"; páginas admirables sobre la vocación, inspiradas en el ejemplo de grandes artistas, son una invitación a la victoria que empieza en la lucha consigo mismo, desconociéndose para reconocerse.
Estudios sobre Rimbaud y sobre Shakespeare, planteados desde la perspectiva concreta de nuestra realidad, alternan con los que exponen la relación entrañable del autor con el lenguaje y la forma. Las páginas de "El ensayo en el espejo" tratan de cómo el ensayista se mira en el género literario que cultiva y establece "distinciones", con el propósito de reconocer "singularidades" pero no de establecer jerarquías. Insiste en el "temperamento" que se expresa, como rasgo distintivo de la creación ensayística.
La tercera parte, dedicada a "Lo conjetural", abre el acceso a las convicciones profundas del autor, afirmadas en sistemático rechazo de todo dogmatismo; pasajes autobiográficos hacen patentes fundamentos de su existencia. La visión de la ciudad moderna dominada por la injusticia, la brutalidad, el hambre, la violencia, expresamente "Sâo Paulo o la nueva Sodoma", lo lleva a un período de su adolescencia que pasó en la gran urbe. En "Migajas del yidish", al evocar con nostalgia este idioma de la diáspora, que ama pero no sabe, recuerda a sus abuelos judíos rusos inmigrantes en Entre Ríos, donde nacieron sus padres. Con perfecta coherencia dedica a Montaigne, creador del ensayo, las reflexiones de "Un hombre interesante".
"La nueva ignorancia", título del libro, lo es también de uno de los últimos trabajos. El autor remite así a la ignorancia que es generada, paradójicamente, por el conocimiento y no por la carencia de este. Típico fenómeno moderno, deriva del saber especializado: ya porque este se desarrolla ignorando otras formas de conocimiento, ya porque, pasado un tiempo, pierde actualidad y vigencia. Se diría que es inherente al ensayo mismo actuar como correctivo, en la medida en que establece una mediación entre los saberes y siempre, de algún modo, alude al hombre como entidad ética.
La eficacia de la prosa de Kovadloff consiste en el sutil ejercicio del pensamiento y en la riqueza expresiva, que no decae ante ningún tema. Por lo demás él, quien no participa del "carnaval terminológico", revela pertenecer a la estirpe de los "escritores pensadores" exaltados en una de las lúcidas páginas del libro.
(c) LA GACETA
Lo más popular






