24 Marzo 2002 Seguir en 

El libro, bajo la dirección de Maresca, se centra en las Consideraciones Intempestivas, de Nietzsche, y es resultado de una investigación sobre el filósofo alemán auspiciada por el Conicet.Talentoso y extremado, ardiente y contradictorio, magistral y panfletario, Friedrich Wilhelm Nietzsche se vivió a sí mismo como un espíritu subversivo y profético.
La posteridad ha bebido sin pausa de su pensamiento, examinando cada libro, cada página, cada vocablo, por qué no cada signo de puntuación. Había nacido en 1844, estudió en Pforta, Bonn y Leipzig, donde lee fascinado la obra principal de Arthur Schopenhauer (1788-1860).
Fue profesor de Filología Clásica en Basilea, veneró a Richard Wagner, a quien luego detestó, y se entregó a una sola meta: escribir.
Consideraciones Intempestivas es el título común de cuatro ensayos de Nietzsche entre 1873 y 1876. De esos años datan los primeros síntomas de la enfermedad que en enero de 1889 desemboca en la locura. Vivirá 11 años más, en tanto se difunden sus libros -el ansia suprema de su vida-, pero ahora ya no podía saberlo. Su obra maestra es Así habló Zaratustra.
Las Intempestivas son trabajos menores. Acá Nietzsche, dice Eugen Fink, suele poner en peligro su filosofía con su escritura deseosa de impactar al lector. Pertenecen al primer período de la evolución del autor, denominado "metafísica de artista" por su obra El Nacimiento de la Tragedia.
La primera Intempestiva es sobre David Strauss (1808-1874), un hegeliano de izquierda a quien Nietzsche llama "cultifilisteo", y en rigor es un ataque vehemente y ácido a la cultura alemana; la segunda, la más importante, desmonta la veneración por el sentido histórico, tan caro a los estudiosos alemanes de entonces, pero que Nietzsche describe como sustituto artificial de la cultura viva.
La tercera es "Schopenhauer como educador" y la cuarta "Richard Wagner en Bayreuth". Aparece el amor nietzscheano por el genio, que es quien da sentido a la verdadera cultura, que será la cultura del porvenir. El genio es instrumento de la verdad, entendida no como saber científico, sino como la verdad del fondo primordial del cosmos.
El volumen dirigido por Maresca (que firma el primero y más extenso de los diez trabajos incluidos) desarrolla la temática que brevemente hemos apuntado. Tiene un estilo exegético y sigue el discurso nietzscheano con cierta profusión de citas textuales. Prevalece un tono general admirativo: los autores ven en Nietzsche un filósofo sin fallas, cuyas ideas son paradigmáticas para entender hoy la cultura, su esencia y sus desafíos.
Posición respetable, desde luego. Yo no la comparto, pero ello no obsta para señalar que las ponencias están redactadas con esmero y leal entusiasmo, trabajando sobre los textos originales y fragmentos póstumos.
La frecuente mención de palabras alemanas (sobre todo en Maresca) acaba por dañar la fluidez de la lectura, amén de provocar alguna risueña errata: Tat, que en alemán es "acción", aparece frecuentemente escrito That.
(c) LA GACETA
La posteridad ha bebido sin pausa de su pensamiento, examinando cada libro, cada página, cada vocablo, por qué no cada signo de puntuación. Había nacido en 1844, estudió en Pforta, Bonn y Leipzig, donde lee fascinado la obra principal de Arthur Schopenhauer (1788-1860).
Fue profesor de Filología Clásica en Basilea, veneró a Richard Wagner, a quien luego detestó, y se entregó a una sola meta: escribir.
Consideraciones Intempestivas es el título común de cuatro ensayos de Nietzsche entre 1873 y 1876. De esos años datan los primeros síntomas de la enfermedad que en enero de 1889 desemboca en la locura. Vivirá 11 años más, en tanto se difunden sus libros -el ansia suprema de su vida-, pero ahora ya no podía saberlo. Su obra maestra es Así habló Zaratustra.
Las Intempestivas son trabajos menores. Acá Nietzsche, dice Eugen Fink, suele poner en peligro su filosofía con su escritura deseosa de impactar al lector. Pertenecen al primer período de la evolución del autor, denominado "metafísica de artista" por su obra El Nacimiento de la Tragedia.
La primera Intempestiva es sobre David Strauss (1808-1874), un hegeliano de izquierda a quien Nietzsche llama "cultifilisteo", y en rigor es un ataque vehemente y ácido a la cultura alemana; la segunda, la más importante, desmonta la veneración por el sentido histórico, tan caro a los estudiosos alemanes de entonces, pero que Nietzsche describe como sustituto artificial de la cultura viva.
La tercera es "Schopenhauer como educador" y la cuarta "Richard Wagner en Bayreuth". Aparece el amor nietzscheano por el genio, que es quien da sentido a la verdadera cultura, que será la cultura del porvenir. El genio es instrumento de la verdad, entendida no como saber científico, sino como la verdad del fondo primordial del cosmos.
El volumen dirigido por Maresca (que firma el primero y más extenso de los diez trabajos incluidos) desarrolla la temática que brevemente hemos apuntado. Tiene un estilo exegético y sigue el discurso nietzscheano con cierta profusión de citas textuales. Prevalece un tono general admirativo: los autores ven en Nietzsche un filósofo sin fallas, cuyas ideas son paradigmáticas para entender hoy la cultura, su esencia y sus desafíos.
Posición respetable, desde luego. Yo no la comparto, pero ello no obsta para señalar que las ponencias están redactadas con esmero y leal entusiasmo, trabajando sobre los textos originales y fragmentos póstumos.
La frecuente mención de palabras alemanas (sobre todo en Maresca) acaba por dañar la fluidez de la lectura, amén de provocar alguna risueña errata: Tat, que en alemán es "acción", aparece frecuentemente escrito That.
(c) LA GACETA
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