¿Hay alguien ahí?

Para LA GACETA - TUCUMAN

24 Marzo 2002
1) El miércoles 9 de enero, LA GACETA publicó una noticia que había recorrido las redacciones periodísticas con rapidez. Según dicha noticia, un vocero autorizado de la Iglesia Católica "admitió que es posible que existan manifestaciones inteligentes y espirituales en otros planetas". En efecto, el jesuita George Coyne, director del Observatorio Vaticano, declaró en un diario italiano que "el universo es tan grande que sería una locura creer que somos los únicos. El debate está abierto y es complejo".
Como complemento de esta afirmación, el Dr. Ramón Ruiz Pesce, profesor de Metafísica de la UNT, escribió un breve artículo titulado "¿El universo fue creado por Dios o se creó a sí mismo?", en el que plantea interesantes cuestiones filosóficas cuyas respuestas comparto. Quisiera hacer algunas breves acotaciones, tanto a las palabras del P. Coyne, como a las reflexiones del Dr. Ruiz Pesce.
2) La hipótesis, casi universalmente compartida, sobre la existencia de vida inteligente extraterrestre puede formularse así: fuera del planeta Tierra existen seres con funciones similares a las nuestras.Esta hipótesis existencial es, desde el punto de vista lógico, sumamente "débil", pero desde el punto de vista metodológico es "fuerte" en grado sumo. Me explico. Por un conocido teorema del cálculo cuantificacional, el de la expansión de las oraciones existenciales, esta hipótesis nunca puede ser de hecho falsada por la experiencia, pues aunque no se la pueda corroborar en este siglo ni en el próximo, ni en nuestra Galaxia ni en la de Andrómeda, siempre quedará abierta la posibilidad de que en el futuro se encuentre un planeta habitado por seres inteligentes. Pero las hipótesis infalsables carecen de interés y, algunas veces, merodean los límites de la pseudociencia.
Pero la conjetura del P. Coyne es metodológicamente fuerte, porque su posible verificación exige una tarea tremenda de investigación científica factual -que ya ha comenzado-, la elaboración de refinados cálculos matemáticos y el despliegue de una enorme imaginación tecnológica. Esta es una hipótesis cuya verificación implica la movilización de vastos recursos intelectuales y económicos y, en el caso de que tal verificación acontezca, nos pondrá sin dudas frente a una "revolución científica".
3) Pero la conjetura del P. Coyne, ¿tiene, en este momento, implicaciones teológicas o filosóficas? En verdad, creo que no. Para el hombre religioso, el hecho de que pueda existir vida espiritual extraterrestre no afecta para nada su posibilidad de salvación y santidad. Todo lo que necesita para su encuentro personal con Dios ya le ha sido dado; en el cristianismo, por ejemplo, el universo de las verdades reveladas, de los sacramentos, de la misericordia divina, etc. es suficiente para completar el plan salvífico. La teología no depende de la verosimilitud de una hipótesis cosmológica, pues si así fuera nadie, en ningún tiempo, podría ser justificado.
La hipótesis del P. Coyne es, pues, de naturaleza esencialmente empírica, científica, y se puede seguir haciendo buena teología y buena metafísica aun cuando jamás tal hipótesis pueda ser verificada por la observación. Pero quisiera hacer una advertencia pertinente: no estoy tratando de afirmar que la ciencia experimental y la metafísica recorren caminos paralelos y que son modos de pensamiento que no pueden comunicarse entre sí. Por el contrario, todos sabemos que la filosofía nació a partir de preocupaciones cosmológicas (Tales de Mileto) y matemáticas (el mismo Tales y Pitágoras), de modo que estoy completamente convencido de que la fuente principal -no la única- de la investigación filosófica es la ciencia; lo que sucede es que la filosofía pretende ir más allá, hacia reflexiones que, basadas en el conocimiento sensible, tienen que ver no con lo inmediato, sino con las causas últimas, como decía Aristóteles.
4) Añado unas consideraciones al artículo de Ruiz Pesce. Una prueba de la imbricación entre cosmología y metafísica puede ser la siguiente. En la década de 1940, algunos cosmólogos, sobre todo Bondi y Fred Hoyle, formularon la teoría del "estado estacionario" (Steady State Theory), según la cual, para conjugar la expansión del universo con la permanencia de las leyes fundamentales de la física, por ej. la ley de conservación de la masa o la de gravitación universal, era necesaria la continua creación de materia. Esto es, el universo se expande velozmente, pero, por razones basadas en un principio de equilibrio, esta expansión requeriría la inyección de nueva materia. Así se conservaría la estabilidad, la "homeostasis" físico-química del cosmos y la validez de las grandes leyes de la física. ¿Pero de dónde saldría esta materia? De un acto creador.
La teoría del "estado estacionario" está hoy superada, pues no ha podido responder a las muchas objeciones experimentales que se esgrimieron contra ella. De cualquier modo, la idea revelada de una creación de materia ex nihilo rondó, por algunos años, en la cabeza de los astrofísicos y generó discusiones harto fructíferas.
"¿Hay alguien ahí?", preguntaba hace algunos años el título de un libro interesantísimo. En realidad, no lo sabemos. Pero sí sabemos que ni la filosofía, ni la teología tienen respuestas para la pregunta. Habrá que confiar en la competencia de los cosmólogos los que, en algún momento, podrán darnos razones verificadas de la existencia de vida racional fuera de nuestro planeta.
5) Una pregunta, quizás absurda e impertinente, pero basada en la autoridad de Leibniz. ¿Por qué nos preocupa tanto el problema de la vida espiritual extraterrestre y casi nada la posibilidad de que en el microcosmos, en el interior del átomo, haya mónadas inteligentes que desarrollen una suerte de vida espiritual? "En cada átomo de materia hay una chispa de espíritu", decía el P. Teilhard de Chardin.
(c) LA GACETA

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