"Viajar en el Irízar era como hacerlo en un auto último modelo"
Un tucumano que realizó cuatro expediciones a bordo del rompehielos incendiado dijo que sintió bronca contra el destino. En una charla con LA GACETA On Line, recordó cómo el buque cruzaba sin complicaciones los turbulentos mares. "Transmitía fuerza, potencia y seguridad", relató. Los náufragos llegaron esta mañana a Buenos Aires.
12 Abril 2007 Seguir en 
La voz se le torna melancólica mientras los recuerdos del rompehielos flotan en su mente. El tucumano Osvaldo Molina, jefe del Servicio Meteorológico Nacional en la provincia, realizó cuatro campañas a bordo del Almirante Irízar, el emblemático buque que ayer se incendió en alta mar.
Para describir el aspecto y la potencia del rompehielos, Molina utiliza una frase que lo explica todo: "viajar en el Irízar era como hacerlo en un auto último modelo".
En una charla con LA GACETA On Line, el meteorólogo recuerda la sensación de pequeñez que sentía cada vez que hacía una expedición (la última fue en 1988 y permaneció un año en el imponente barco). "El Irízar transmitía fuerza, potencia y seguridad. Era toda una experiencia viajar en él", rememora.
Molina, quien se ocupaba de relevar personal y víveres en las bases de la Antártida, cuenta que a sus primeras campañas las realizó a bordo del buque Bahía Aguirre. Pero fue el Almirante Irízar el que -tiempo después- aportó intensidad a los viajes al continente frío.
"Comparados ambos buques, eran el día y la noche. Cruzar el mar de Drake, caracterizado por las fuertes turbulencias que provoca la unión de los océanos Atlántico y Pacífico, en el Bahía Aguirre era una experiencia penosa. Pero hacerlo en el Irízar era casi perfecto", agrega.
El climatólogo confiesa haber sentido una profunda tristeza con lo sucedido el martes. "Me dio bronca contra el destino", suspira.
Sanos y salvos
La agencia de noticias Télam confirmó que esta mañana llegaron a Ezeiza los aviones que trasladaban a los tripulantes y pasajeros del Irízar. Una tercera aeronave con el resto de la tripulación arribó a las 10 a Bahía Blanca.
Según informaron las Fuerzas Armadas, los aviones que transportaban a los tripulantes del rompehielos despegaron cerca de las 8.30, desde Trelew, Chubut.
Sin embargo, el comandante del Almirante Irízar, capitán de fragata Guillermo Tarapow, continuaba esta mañana en el puente de combando de la embarcación.
En cumplimiento del viejo axioma que reza que un capitán debe permanecer en su barco pase lo que pase, el hombre a cargo de los destinos del buque se había rehusado a dejar la nave. Luego de que todos los marinos estuvieron en el bote salvavidas, Tarapow informó a sus superiores que permanecería en el barco. Su actitud fue muy valorada. LA GACETA (C)
Para describir el aspecto y la potencia del rompehielos, Molina utiliza una frase que lo explica todo: "viajar en el Irízar era como hacerlo en un auto último modelo".
En una charla con LA GACETA On Line, el meteorólogo recuerda la sensación de pequeñez que sentía cada vez que hacía una expedición (la última fue en 1988 y permaneció un año en el imponente barco). "El Irízar transmitía fuerza, potencia y seguridad. Era toda una experiencia viajar en él", rememora.
Molina, quien se ocupaba de relevar personal y víveres en las bases de la Antártida, cuenta que a sus primeras campañas las realizó a bordo del buque Bahía Aguirre. Pero fue el Almirante Irízar el que -tiempo después- aportó intensidad a los viajes al continente frío.
"Comparados ambos buques, eran el día y la noche. Cruzar el mar de Drake, caracterizado por las fuertes turbulencias que provoca la unión de los océanos Atlántico y Pacífico, en el Bahía Aguirre era una experiencia penosa. Pero hacerlo en el Irízar era casi perfecto", agrega.
El climatólogo confiesa haber sentido una profunda tristeza con lo sucedido el martes. "Me dio bronca contra el destino", suspira.
Sanos y salvos
La agencia de noticias Télam confirmó que esta mañana llegaron a Ezeiza los aviones que trasladaban a los tripulantes y pasajeros del Irízar. Una tercera aeronave con el resto de la tripulación arribó a las 10 a Bahía Blanca.
Según informaron las Fuerzas Armadas, los aviones que transportaban a los tripulantes del rompehielos despegaron cerca de las 8.30, desde Trelew, Chubut.
Sin embargo, el comandante del Almirante Irízar, capitán de fragata Guillermo Tarapow, continuaba esta mañana en el puente de combando de la embarcación.
En cumplimiento del viejo axioma que reza que un capitán debe permanecer en su barco pase lo que pase, el hombre a cargo de los destinos del buque se había rehusado a dejar la nave. Luego de que todos los marinos estuvieron en el bote salvavidas, Tarapow informó a sus superiores que permanecería en el barco. Su actitud fue muy valorada. LA GACETA (C)







