Secuestro y prostitución: un drama con la marca de la mafia
La mayoría de las víctimas de la trata de blancas sufre el Síndrome de Estocolmo. "Se sienten tan ultrajadas que no quieren reinsertarse en la sociedad", revelan investigadores. Hoy, la segunda parte con testimonios inéditos de mujeres. Ver video.
04 Abril 2007 Seguir en 
"Cuando iban chicas de Tucumán a trabajar a La Rioja, algunas estaban embarazadas. Entonces las hacían abortar metiéndoles una sonda con alambres". (Andrea Darrosa, liberada).
"Yo dormí a la par de Marita. Me desperté y la ví a mi lado. Ella se levantó y se sentó en la cama... estaba como perdida. Le ponían inyecciones todo el tiempo para mantenerla dormida, dopada". (Fátima Mansilla, liberada).
"Auxilio, por favor. Estoy aquí en contra de mi voluntad. Me trajeron de La Pampa". (Mensaje dejado por Andrea Romero, luego liberada).
"Estaba mareada pero me acuerdo que me metieron en una pieza. No tenía camas ni sillas, así que me senté en el piso. Había cinco chicas más. Una, que se llamaba Romina, me dijo que sus padres la estaban buscando. Las otras no hablaban. Les pegaban todo el tiempo y no les daban comida. También ellas estaban mareadas y no podían caminar". (Yéssica Cativa, liberada).
Todas fueron violadas. Ninguna pudo resistirse. A fuerza de drogas y de golpes las mantuvieron cautivas hasta que la Policía las liberó o pudieron escapar. ¿Hay algo más parecido a la esclavitud? Los testimonios de las víctimas de la trata de blancas agigantan las fojas de la causa por la desaparición de María de los Angeles Verón, de la que ayer se cumplieron cinco años.
El expediente judicial abierto tras el secuestro es un auténtico manual de trata de mujeres que, entre otros aspectos, revela que en Tucumán y en el resto del país existen mafias organizadas que secuestran chicas y las prostituyen.
"Se necesita señorita joven para trabajar como acompañante en el sur. Buena ganancia". Ese es uno de los tantos avisos publicados en los diarios con el que los grupos organizados atraen a mujeres para esclavizarlas en los prostíbulos.
Otra modalidad empleada es deambular por los barrios humildes en busca de sus "presas". Luego, las interceptan, las suben a un automóvil y se las llevan. También utilizan la variante sentimental: se convierten en sus novios y logran que se escapen con ellos.
Las organizaciones están conformadas por punteros, transportistas y vinculadores. Los primeros son quienes realizan un trabajo previo de inteligencia para elegir a las víctimas. Los segundos, las drogan y las trasladan de una provincia a otra. Finalmente, los últimos se encargan de vender a las mujeres, dice Jorge Tobar, inspector del Departamento de Inteligencia de la Policía provincial.
El comisario, experto en desaparición de personas, revela que la mayoría de las víctimas de la trata sufre el Síndrome de Estocolmo. "Por eso es difícil hallarlas", sentencia.
"Combatir la trata de blancas resulta casi imposible porque, después de unos meses, las mujeres privadas de su libertad tratan de vivir mejor dentro de ese ambiente. Como no se pueden escapar, establecen vínculos con sus secuestradores, -explica Tobar -se sienten tan ultrajadas que no quieren reinsertarse en la sociedad".
El Síndrome de Estocolmo es un estado psicológico en el que la persona retenida contra su propia voluntad, desarrolla una relaciónde complicidad con su secuestrador. "En ocasiones, las prisioneras pueden acabar ayudando a sus captores. Para estas mujeres es muy complicado huir porque, debido a las drogas, los ultrajes y los golpes, pierden su personalidad", concluye. LA GACETA (C)
"Yo dormí a la par de Marita. Me desperté y la ví a mi lado. Ella se levantó y se sentó en la cama... estaba como perdida. Le ponían inyecciones todo el tiempo para mantenerla dormida, dopada". (Fátima Mansilla, liberada).
"Auxilio, por favor. Estoy aquí en contra de mi voluntad. Me trajeron de La Pampa". (Mensaje dejado por Andrea Romero, luego liberada).
"Estaba mareada pero me acuerdo que me metieron en una pieza. No tenía camas ni sillas, así que me senté en el piso. Había cinco chicas más. Una, que se llamaba Romina, me dijo que sus padres la estaban buscando. Las otras no hablaban. Les pegaban todo el tiempo y no les daban comida. También ellas estaban mareadas y no podían caminar". (Yéssica Cativa, liberada).
Todas fueron violadas. Ninguna pudo resistirse. A fuerza de drogas y de golpes las mantuvieron cautivas hasta que la Policía las liberó o pudieron escapar. ¿Hay algo más parecido a la esclavitud? Los testimonios de las víctimas de la trata de blancas agigantan las fojas de la causa por la desaparición de María de los Angeles Verón, de la que ayer se cumplieron cinco años.
El expediente judicial abierto tras el secuestro es un auténtico manual de trata de mujeres que, entre otros aspectos, revela que en Tucumán y en el resto del país existen mafias organizadas que secuestran chicas y las prostituyen.
"Se necesita señorita joven para trabajar como acompañante en el sur. Buena ganancia". Ese es uno de los tantos avisos publicados en los diarios con el que los grupos organizados atraen a mujeres para esclavizarlas en los prostíbulos.
Otra modalidad empleada es deambular por los barrios humildes en busca de sus "presas". Luego, las interceptan, las suben a un automóvil y se las llevan. También utilizan la variante sentimental: se convierten en sus novios y logran que se escapen con ellos.
Las organizaciones están conformadas por punteros, transportistas y vinculadores. Los primeros son quienes realizan un trabajo previo de inteligencia para elegir a las víctimas. Los segundos, las drogan y las trasladan de una provincia a otra. Finalmente, los últimos se encargan de vender a las mujeres, dice Jorge Tobar, inspector del Departamento de Inteligencia de la Policía provincial.
El comisario, experto en desaparición de personas, revela que la mayoría de las víctimas de la trata sufre el Síndrome de Estocolmo. "Por eso es difícil hallarlas", sentencia.
"Combatir la trata de blancas resulta casi imposible porque, después de unos meses, las mujeres privadas de su libertad tratan de vivir mejor dentro de ese ambiente. Como no se pueden escapar, establecen vínculos con sus secuestradores, -explica Tobar -se sienten tan ultrajadas que no quieren reinsertarse en la sociedad".
El Síndrome de Estocolmo es un estado psicológico en el que la persona retenida contra su propia voluntad, desarrolla una relaciónde complicidad con su secuestrador. "En ocasiones, las prisioneras pueden acabar ayudando a sus captores. Para estas mujeres es muy complicado huir porque, debido a las drogas, los ultrajes y los golpes, pierden su personalidad", concluye. LA GACETA (C)







