"A Seguro lo llevaron preso"

Análisis. Por Federico van Mameren - Secretario de Redacción.

28 Febrero 2007
Mañana no será un jueves más. Será un día trascendental para la democracia. El gobernador de la provincia debe ir a Legislatura a la apertura de un nuevo período de sesiones ordinarias.
Sin mayores ambages, esto significa que el hombre al que el pueblo le delegó el poder para gobernar irá de visita a la casa de los representantes de la sociedad.
Una vez allí, dirá las cosas que hizo y hablará de las que piensa realizar para el bienestar de todos, en este caso, más de un millón de tucumanos. A la vez, estará diciendo "vengo ante ustedes para que se ponga en marcha un nuevo año de trabajo y para que me controlen, que es uno de los atributos que tiene el Poder Legislativo". El Ejecutivo y el Legislativo son dos poderes que se dan la mano y que se unen de cara al pueblo.
Pero desde hace décadas se viene deteriorando el sentido de este encuentro. Por lo general, queda reducido a un discurso y se evalúa si es bueno o es malo lo que se dijo. Y a los pocos días a las palabras se las lleva el viento. No es algo extraño. Las palabras sufren más devaluaciones que las que padeció la moneda argentina, y si proceden de políticos, suele ser peor.
A esta altura del año nadie está pensando si se cumplieron las promesas que se hicieron el año anterior. Menos aún se tiene en cuenta si hubo promesas.
El deterioro institucional es tal que ni siquiera se han hecho esfuerzos para que en los discursos queden frases especiales o fuertes, expresiones que recuerde la sociedad. En los últimos días la discusión gira en torno de cuánta seguridad habrá este jueves y de quién dará garantías de que no habrá incidentes.
Si esto ocurre, algo esta fallando.