04 Febrero 2007 Seguir en 
El ingreso disponible es lo que le queda a la gente, después de haber pagado los impuestos. Dividiendo ese ingreso restante en el nivel general de precios, se obtiene como resultado el ingreso real. Por lo tanto, si mayores son los impuestos y el nivel de precios, menor es el nivel de consumo.
Otra variable de la que depende el nivel de ingresos de la gente es la capacidad que tiene la gente de recibir préstamos para el consumo. Una persona puede endeudarse para consumir, previendo un futuro mejor. Esto depende de cómo esté su margen con las tarjeta de crédito, de la cantidad de cuotas que den los comercios, etcétera.
Pero yo considero que, en particular, el nivel bajo de ingresos que registra Tucumán y el NOA es el exponente de las asimetrías regionales, con respecto al consumo.
Todo es relevante si uno se pone a analizar este marco teórico. Pero analizando los aspectos empíricos, es evidente que el bajo nivel de consumo responde a que los tucumanos tienen ingresos menores, que los de otros distritos del país.
Y esto, a su vez, responde a que no hay tanta generación de riqueza como en la zona central del país, por ejemplo. La gente gana en función de lo que es capaz de producir. Y la capacidad productiva que tiene la pampa húmeda tiene una diferencia abismal, por ejemplo, con la del NOA. Esto no quiere decir que en Tucumán haya empresas y gente que ganen mucha plata. Pero el promedio de la población tiene ingresos menores, entonces, no es raro que Tucumán tenga un consumo mucho menor que el de Buenos Aires. Tucumán tiene una productividad baja. Esa es la realidad. Y eso tiene que ver con muchas cosas. Tiene que ver con el sector privado y, sobre todo, con el sector público.
Tucumán, para ganar en productividad, debe mejorar como Estado la calidad de servicios que presta, hacer obras de infraestructura y disminuir la imposición.
El inversor se fija en el lugar que le ofrece los costos fijos más bajos. No es problema de recursos naturales, ni de mano de obra, en el caso de Tucumán, porque, por ejemplo, hay mucha mano de obra calificada en la provincia. El problema es que tenemos un Estado caro, que le cobra un precio alto a las empresas para instalarse en Tucumán. Entonces, una empresa se va a un lugar más barato. Cuando uno tiene un producto más barato, lo compra más barato, si tiene la misma calidad. Pero si aquí no dan mucha calidad y cobran como si fuera bueno, no es difícil pensar por qué las empresas no se radican aquí. El Estado debe ser más barato.
La seguridad jurídica corre para todos, no sólo para los empresarios. No creo que Tucumán tenga problemas de seguridad jurídica, comparados con los del país.
Por otra parte, el grueso del gasto nacional sigue siendo en la zona central. Hay pocos lugares en el mundo que tengan ese grado de centralización. Eso también influye. Hay diferencias notorias, por ejemplo, en el nivel de educación pública. Sigue habiendo muy poco federalismo distributivo.
No ayudan mucho los gobiernos que tenemos, que en lugar de revertir estas asimetrías, no le prestan atención. Tenemos gobiernos carísimos. Además, el gasto público de Tucumán es exótico.
Otra variable de la que depende el nivel de ingresos de la gente es la capacidad que tiene la gente de recibir préstamos para el consumo. Una persona puede endeudarse para consumir, previendo un futuro mejor. Esto depende de cómo esté su margen con las tarjeta de crédito, de la cantidad de cuotas que den los comercios, etcétera.
Pero yo considero que, en particular, el nivel bajo de ingresos que registra Tucumán y el NOA es el exponente de las asimetrías regionales, con respecto al consumo.
Todo es relevante si uno se pone a analizar este marco teórico. Pero analizando los aspectos empíricos, es evidente que el bajo nivel de consumo responde a que los tucumanos tienen ingresos menores, que los de otros distritos del país.
Y esto, a su vez, responde a que no hay tanta generación de riqueza como en la zona central del país, por ejemplo. La gente gana en función de lo que es capaz de producir. Y la capacidad productiva que tiene la pampa húmeda tiene una diferencia abismal, por ejemplo, con la del NOA. Esto no quiere decir que en Tucumán haya empresas y gente que ganen mucha plata. Pero el promedio de la población tiene ingresos menores, entonces, no es raro que Tucumán tenga un consumo mucho menor que el de Buenos Aires. Tucumán tiene una productividad baja. Esa es la realidad. Y eso tiene que ver con muchas cosas. Tiene que ver con el sector privado y, sobre todo, con el sector público.
Tucumán, para ganar en productividad, debe mejorar como Estado la calidad de servicios que presta, hacer obras de infraestructura y disminuir la imposición.
El inversor se fija en el lugar que le ofrece los costos fijos más bajos. No es problema de recursos naturales, ni de mano de obra, en el caso de Tucumán, porque, por ejemplo, hay mucha mano de obra calificada en la provincia. El problema es que tenemos un Estado caro, que le cobra un precio alto a las empresas para instalarse en Tucumán. Entonces, una empresa se va a un lugar más barato. Cuando uno tiene un producto más barato, lo compra más barato, si tiene la misma calidad. Pero si aquí no dan mucha calidad y cobran como si fuera bueno, no es difícil pensar por qué las empresas no se radican aquí. El Estado debe ser más barato.
La seguridad jurídica corre para todos, no sólo para los empresarios. No creo que Tucumán tenga problemas de seguridad jurídica, comparados con los del país.
Por otra parte, el grueso del gasto nacional sigue siendo en la zona central. Hay pocos lugares en el mundo que tengan ese grado de centralización. Eso también influye. Hay diferencias notorias, por ejemplo, en el nivel de educación pública. Sigue habiendo muy poco federalismo distributivo.
No ayudan mucho los gobiernos que tenemos, que en lugar de revertir estas asimetrías, no le prestan atención. Tenemos gobiernos carísimos. Además, el gasto público de Tucumán es exótico.
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