04 Febrero 2007 Seguir en 
Las asimestrías entre las regiones con respecto a los niveles de consumo deben estar manteniéndose. Inclusive, me atrevería a decir que a lo mejor se están acortando un poco, siguiendo un poco las teorías acerca del crecimiento económico. Pero, igualmente, no debería sorprender que en el NOA se gaste más del ingreso disponible en alimentos, porque es, junto con el NEA, una de las regiones más pobres del país.
Debemos preguntarnos, entonces, qué estamos haciendo mal para que la brecha se sostenga en el tiempo. Y yo creo que las malas políticas económicas provinciales de los últimos 15 años contribuyeron enormemente a que sigamos atrasados. Una buena región del país tiene el mismo Gobierno nacional que tenemos nosotros. ¿Por qué, entonces, en Córdoba, en Santa Fe, en Buenos Aires o en la Patagonia, lograron tener mejores ingresos que en el NOA? Básicamente, más allá de algunas diferencias productivas, por las malas gestiones económicas locales.
Influyen, por ejemplo, un alto nivel impositivo, que atenta contra los flujos de inversiones a largo plazo; el tamaño del Estado, mucho más grande que en otros distritos, que hace que haya una dependencia muy grande con el Gobierno; y la falta de inversión pública en infraestructura básica, que estamos padeciendo en estos días en Tucumán con las lluvias. Todo esto hace atrasar a la región con respecto a otras.
Está claro que el nivel de salarios es inferior al de otras regiones. El hecho de que se gaste más en alimentos no implica que en Tucumán se coma más que en otros lados, sino que el ingreso es menor. La pregunta es: ¿por qué los ingresos medios en el NOA son menores que los de Cuyo? La respuesta está en los niveles de inversión y en los flujos de capitales que ingresan a cada región.
En la medida en que las cargas tributarias sean de las más altas del país, la productividad de la economía local será menor a la de otras provincias y habrá menos inversión privada. En consecuencia, el ingreso será menor.
Asimismo, hay señales que da cada distrito que son tenidas en cuenta por los inversores. El presupuesto de la Legislatura de Tucumán de $ 200 millones, por ejemplo, es una señal. Es una exhorbitancia, una locura. Si bajaran los presupuestos de las legislaturas y de los concejos deliberantes a niveles razonables, se podría no gastar $ 200 millones al año, lo que es el 25% de los ingresos tributarios de la provincia, que el año pasado fueron de aproximadamente $ 600 millones. Hay 7.500 empleados en la Legislatura, dividos en los 40 legisladores, da casi 190 empleados por cada uno. Es decir, cada parlamentario es una gran empresa. Si bien al inversor no le interesa per sé cuántos empleados tiene cada legislador, son señales de un gasto improductivo del Estado que no le hacen bien a Tucumán.
Con señales como estas, es muy difícil esperar que los flujos de inversión sean mayores a los que estamos teniendo. Y esto incide en forma negativa en toda la economía, lo que redunda en salarios más bajos y en niveles de consumo menores.
Yo no creo que vaya a haber muchísimos cambios en los próximos años. No veo señales tendientes a solucionar los problemas de fondo de estas asimetrías.
Debemos preguntarnos, entonces, qué estamos haciendo mal para que la brecha se sostenga en el tiempo. Y yo creo que las malas políticas económicas provinciales de los últimos 15 años contribuyeron enormemente a que sigamos atrasados. Una buena región del país tiene el mismo Gobierno nacional que tenemos nosotros. ¿Por qué, entonces, en Córdoba, en Santa Fe, en Buenos Aires o en la Patagonia, lograron tener mejores ingresos que en el NOA? Básicamente, más allá de algunas diferencias productivas, por las malas gestiones económicas locales.
Influyen, por ejemplo, un alto nivel impositivo, que atenta contra los flujos de inversiones a largo plazo; el tamaño del Estado, mucho más grande que en otros distritos, que hace que haya una dependencia muy grande con el Gobierno; y la falta de inversión pública en infraestructura básica, que estamos padeciendo en estos días en Tucumán con las lluvias. Todo esto hace atrasar a la región con respecto a otras.
Está claro que el nivel de salarios es inferior al de otras regiones. El hecho de que se gaste más en alimentos no implica que en Tucumán se coma más que en otros lados, sino que el ingreso es menor. La pregunta es: ¿por qué los ingresos medios en el NOA son menores que los de Cuyo? La respuesta está en los niveles de inversión y en los flujos de capitales que ingresan a cada región.
En la medida en que las cargas tributarias sean de las más altas del país, la productividad de la economía local será menor a la de otras provincias y habrá menos inversión privada. En consecuencia, el ingreso será menor.
Asimismo, hay señales que da cada distrito que son tenidas en cuenta por los inversores. El presupuesto de la Legislatura de Tucumán de $ 200 millones, por ejemplo, es una señal. Es una exhorbitancia, una locura. Si bajaran los presupuestos de las legislaturas y de los concejos deliberantes a niveles razonables, se podría no gastar $ 200 millones al año, lo que es el 25% de los ingresos tributarios de la provincia, que el año pasado fueron de aproximadamente $ 600 millones. Hay 7.500 empleados en la Legislatura, dividos en los 40 legisladores, da casi 190 empleados por cada uno. Es decir, cada parlamentario es una gran empresa. Si bien al inversor no le interesa per sé cuántos empleados tiene cada legislador, son señales de un gasto improductivo del Estado que no le hacen bien a Tucumán.
Con señales como estas, es muy difícil esperar que los flujos de inversión sean mayores a los que estamos teniendo. Y esto incide en forma negativa en toda la economía, lo que redunda en salarios más bajos y en niveles de consumo menores.
Yo no creo que vaya a haber muchísimos cambios en los próximos años. No veo señales tendientes a solucionar los problemas de fondo de estas asimetrías.
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