Una familia porteña gasta dos veces y medio más que una del norte

Los expertos sostienen que la Argentina tiene en su territorio varios países por las marcadas desigualdades regionales. La encuesta nacional de gastos el Indec reflejó esas disparidades.

TRANSPORTE. Los subtérraneos reciben subsidios nacionales, pero sólo los utilizan los habitantes de Buenos Aires. LA GACETA / ANTONIO FERRONI
TRANSPORTE. Los subtérraneos reciben subsidios nacionales, pero sólo los utilizan los habitantes de Buenos Aires. LA GACETA / ANTONIO FERRONI
04 Febrero 2007
La Encuesta Nacional de Hogares, difundida recientemente por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) es un fiel reflejo de lo que sucede con la cuestión en la Argentina y que el crecimiento económico del país no impacta del mismo modo por regiones. Las asimetrías zonales e internas tienden a profundizarse: la calidad de vida hace que un habitante de la ciudad de Buenos Aires requiera dos veces y medio más de ingresos que uno que vive en el norte, donde el desempleo, la pobreza, la indigencia y el trabajo en negro son moneda corriente.
Si uno compara con la encuesta efectuada en 1997, puede decirse que en el NOA, por ejemplo, si bien hubo una mejora en cuanto a los indicadores de pobreza, cada vez más familias vuelcan la mayor parte de su ingreso a la alimentación. La región es la de mayor componentes de una familia: según la estadística oficial, en cada hogar del NOA, hay 4,2 habitantes, cuando el promedio nacional es del 3,4.
Así, mientras en 2004-2005, el gasto promedio en ese rubro era del 40,5%, en 1997 ascendía a 36,5%. La misma encuesta señala que el gasto en educación tiende a decaer en el norte que destina (2,7%) menos que el promedio nacional de hogares (3,1%).
En esta situación se da otro fenómeno social: cada vez más son los jóvenes y adolescentes que abandonan o postergan sus estudios para llevar ingresos a sus hogares, según los propios registros oficiales. Por esa razón, muchos gobiernos provinciales intentan incentivar la insersión de jóvenes al primer empleo, pero sosteniendo el estudio, a través de programas de capacitación.

Comparaciones
A nivel nacional, un habitante del país destina 3 de cada 10 pesos a la alimentación y casi la mitad de sus gastos para comer, transportarse y hablar por teléfono. El NOA tiene otras particularidades que la muestran como una de las regiones más postergadas del país. Según la encuesta del Indec, es la zona en la que hay menos hogares con teléfono de la Argentina (casiun 46%), por debajo del promedio nacional del 75%. En el otro extremo está el Gran Buenos Aires, con el 86%.
También son menos los hogares que disponen de automóvil: un 17,7% de las familias poseen un medio de transporte, muy por debajo del promedio nacional del 31,7%.

La definición oficial
La encuesta permite caracterizar las condiciones de vida de los hogares, fundamentalmente en términos de su acceso a los bienes y servicios, y de los ingresos monetarios y en especie. Asimismo, proporciona información para el cálculo de las ponderaciones del Índice de Precios al Consumidor, para la actualización de las estructuras de las canastas de bienes y servicios - utilizadas en la estimación de las líneas de pobreza e indigencia -, para las estimaciones de las Cuentas Nacionales, así como para el diseño de políticas públicas. Tal es la definición del Indec.
A la luz de los indicadores existentes, los expertos consideran que el Gobierno nacional debería avanzar con políticas que tiendan a romper, paulatinamente, las barreras que separan a las regiones argentinas, tanto con inversión en infraestructura, como en contención social.


"Estamos en un país cada vez más centralizado"

Los resultados de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares del Indec, coinciden con el nivel de desarrollo de las regiones del país. Y esto se relaciona con la composición del consumo. "En una región desarrollada, como la de Buenos Aires, el gasto en alimentos tiene menos incidencia que en otras zonas, como las del norte argentino, por ejemplo", dijo a LA GACETA Osvaldo Giordano, presidente del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa).
Esto está íntimamente vinculado con la calidad de vida. "En la medida que va creciendo el ingreso en un hogar, va perdiendo incidencia el gasto en alimentos, ya que esa familia le da más atención al gasto en servicios, en salud, en educación o, simplemente, al entretenimiento", dice el economista.
Giordano sugirió al Gobierno que, para luchar contra las históricas asimetrías regionales, lo primero que debería hacer es dejar de ignorar la realidad. "El manejo de la política económica y social se lo pretende hacer como un país homogéneo cuando en la realidad claramente no lo es. Se intenta fijar salarios con el nivel de vida de Buenos Aires y eso se lo traslada al interior del país, lo cual no tiene lógica", consideró. Según el experto, los resultados más notorios de esta política resultan ser un aumento del empleo no registrado en el interior. "La otra desigualdad que existe es que mientras en el interior se encarecen o se deterioran al servicio de transporte o de energía eléctrica, en Buenos Aires se goza de los fuertes subsidios, lo que abarata los gastos, concentrando más la riqueza", puntualizó.
Al hablar sobre la distribución de la riqueza, el presidente de Idesa señaló que, desde la salida de la crisis socioeconómica de 2001-2002 es poco lo que ha mejorado la brecha. "Existen los mismos problemas históricos que antes: mediante el sistema tributario se ha tendido a concentrar recursos y, en gran parte, gastándolo en subsidios a Buenos Aires cuando en realidad son para todo el país", indicó. Y acotó: "los subtes sólo están en Buenos Aires y mi sensación es que estamos en un país más centralizado y con profundas disparidades entre regiones que tienden a agravarse".


Ingreso: el más afectado por la crisis

El componente de bienestar de los hogares más afectado por la crisis, pero también el de más rápida recuperación es el de los ingresos, señala Ernesto Kritz, director de SEL Consultores. El experto dice que ese componente está definido por el nivel de ingreso per cápita familiar, la proporción de hogares en situación no vulnerable (con ingresos al menos una vez y media el costo de la canasta básica total requerida por el grupo) y la equidad distributiva.
"El ingreso per cápita familiar y la proporción de hogares no vulnerables disminuyeron dramáticamente durante la crisis: 40 puntos entre 1998 y 2002", remarca.
"Desde entonces, ha habido una mejora igualmente remarcable; dos de cada tres hogares superan ahora el umbral de 1,5 veces el costo de la canasta básica. El ingreso familiar per cápita todavía no logró recuperar el nivel precrisis, aunque el índice creció 35 puntos desde el piso de 2002", remarcó Kritz.