Las distintas lecturas del tablero sudamericano, tras la Cumbre

Chávez -convertido en un "espantainversiones"- avanza; Brasil se irrita y la Argentina le sigue vendiendo bonos a Venezuela. El precio "solidario". Por Hugo E. Grimaldi - Agencia DYN

21 Enero 2007
BUENOS AIRES.- El viernes fue un día para múltiples lecturas en el tablero sudamericano. Sobre los cuadros se mezclaron la irrupción chavista en nombre del socialismo bolivariano; los reparos brasileños a compartir la hegemonía regional con su vecino del Norte; la discordia pública de la Argentina con Uruguay; la defensa paraguaya al libre tránsito en el Mercosur; los lamentos de Evo Morales porque Brasil no paga más por el gas boliviano que consume San Pablo y la presentación en sociedad de Rafael Correa, el nuevo presidente del Ecuador, quien antes de anunciar el default de su país pidió la ayuda de la Argentina, ya experta en esas lides.
La postura ecuatoriana desató una interna local por saber quién se hará cargo de la misión. Sin Roberto Lavagna en el Gobierno, el padre técnico de la criatura, a muchos en el ala política de la Casa Rosada les saltó una ficha a dos bandas: por qué no convocar a Guillermo Nielsen, hoy desocupado tras su fallida incursión en el Gobierno porteño, quien a la vez, se especulaba, podría hacer una manifestación de agradecimiento al presidente Kirchner que desaire políticamente a su ex jefe.
Sin embargo, Felisa Miceli se opuso férreamente a esta posibilidad, ya que defendió la idoneidad de los funcionarios que hoy están bajo su mando; uno de ellos, el secretario de Finanzas, Gregorio Chodos, quien trabajó con Lavagna y quien esta semana hizo una presentación en Nueva York sobre la economía argentina y dejó sin responder inquietudes de los inversores, que querían saber cuándo se le pagará al Club de París. Un misterio; algo muchas veces prometido, pero aún no develado.
En tanto, Nielsen, avisado de la interna, no quiso decir una palabra, mientras los diarios se llenaban de versiones interesadas. Lo concreto es que el tema entró en stand by, a la espera de la opinión del presidente, Néstor Kirchner, aunque no se sabe si Ecuador podrá aguardar hasta que se diluciden aquí las intrigas de Palacio.
En Río de Janeiro, el centro de la Cumbre fue una vez más Hugo Chávez, quien les sugirió a sus pares del Mercosur (“con respeto”) que le den mayor importancia al Estado en la economía y que atiendan más la política y las ideologías que al mercado, para así darle un corte a la “política del garrote” de los Estados Unidos. Esa misma mañana, los presidentes de la Argentina y de Brasil se habían sentado juntos a desayunar con la sangre en el ojo por las dificultades en las que los ha metido Chávez, cuando, sin tantos melindres, pegó en Caracas la semana anterior el grito de “socialismo o muerte”. De alguna manera, ambos se sienten custodios del equilibrio armónico del Mercosur, tras el abandono de la región por parte de la administración Bush, absorta hoy en el Medio Oriente.
En ese contexto, uno de los trabajos que el Departamento de Estado le habría encomendado a la Argentina, pero también a Brasil, ha sido la contención de Chávez. No obstante, para Néstor Kirchner y Luiz Inacio Lula da Silva, el presidente de Venezuela ya no es un caso que hay que entornar únicamente a pedido de los Estados Unidos, sino que se ha transformado en un problema que afecta al Mercosur en su conjunto: Chávez se ha convertido en un “espantainversiones”, un verdadero dolor de cabeza regional. De allí la estrategia en común que parecen haber emprendido ambos presidentes y que, todo indica, le plantearon en sus respectivas reuniones bilaterales al bolivariano. Y de allí también que el presidente de Venezuela se haya apurado a decir que las empresas de la región gozan hoy de cierta protección ante los avances estatizadores anunciados, algo que podría tomarse también como una poco amable advertencia: “así será, mientras todo siga como hasta ahora con ustedes”.
Según Chávez, el correctivo de la nacionalización sólo les será aplicado a compañías de origen “imperialista”, uno de los términos que más se escuchó en la Cumbre de Río, en línea con el pedido chavista de atender a las ideologías, pero un adjetivo tan fuera de época como la “antigüedad” que Kirchner le había endilgado la semana anterior al discurso de su par venezolano.
Es probable que de esas amables reconvenciones del tándem Lula-Kirchner haya salido también el “respeto” que Chávez expresó públicamente a todos, lo que una fuente brasileña calificó como la manifestación de “un lobo con piel de cordero”. En Brasilia, están preocupados por lo que consideran un excesivo armamentismo chavista, y hasta hacen comparaciones que lo emparentan, en el extremo, con la metodología expansionista de la Alemania nazi.
Hasta ahora, en Itamaraty nadie se atreve a decir en voz alta lo que los ambientes diplomáticos susurran desde que Chávez anunció su consigna, situación que se exacerbó aún más desde que se conoció en la semana la suma del poder público que apunta a lograr en Venezuela el presidente. El discurso oficial fue, a similitud del argentino, que cada país puede hacer de su política interna lo que desee, pero la bronca de Lula y de sus asesores corrió velozmente por debajo de las alfombras del poder.
La cancillería brasileña observa preocupada cómo la Venezuela de Chávez comienza a pelearle palmo a palmo el liderazgo regional y hasta rezan, se dice sibilinamente, para que el precio del petróleo siga cayendo cada vez más. Es sabido que, además, Brasil no está dispuesto a ponerse a la cola de nadie, aunque su vecino haya empezado a sumar aliados dentro del subbloque regional: Bolivia, primero, y ahora Ecuador.

Cuestión de contaminación
“Quiero descontaminar el Mercosur de neoliberalismo”, gritó Chávez apenas pisó Río, para responder a las declaraciones del canciller brasileño, Celso Amorim, que había dicho que su país no se sentía “contaminado” por la presencia de Chávez en el acuerdo regional. Fuegos de artificio que van y que vuelven, y que hacen pensar que en algún momento, según enseña Maquiavelo, la traición del que busca llegar se hará fatalmente presente.
Con menor dramatismo, la situación indica que la posición argentina resulta por ahora algo más cómoda, ya que Kirchner ha sabido sacarle más jugo a Venezuela que el propio Brasil, situación que desde allí se observa con muchos reparos. Lo que por algunos en la Argentina es visto como una neta posición de pragmatismo, para ciertos brasileños cercanos a la diplomacia resulta un peligroso juego a dos bandas: no se puede ser a la vez escudero de Lula y abogado defensor de Chávez, sostienen.
Lo concreto es que Kirchner, que dice que solamente siente “gratitud” por Chávez, se bambolea, pero no sólo entre Venezuela y Brasil, sino además entre los apoyos al faraónico gasoducto Caracas-Buenos Aires y al aún no nato Banco del Sur -dos proyectos muy apreciados por el venezolano que Lula mira de reojo, aunque sin decir que no-, mientras le sigue colocando bonos de la deuda a Chávez, esta vez un adicional de U$S 2.000 millones.
Este importante monto servirá para que la Argentina no vuelva a derrapar ante las exigencias del mercado a la hora de salir a cubrir con endeudamiento los vencimientos de este año. “Es que tu discurso sobre el socialismo bolivariano del siglo XXI nos ha espantado los inversores”, bien se le pudo haber dicho para convencerlo.
Curiosa paradoja la de la Argentina, que, pese a indicadores tan fabulosos como los que presenta, a un Riesgo País de menos de 200 puntos y a tanta promoción de sus logros económicos, no se anima a colocar deuda de modo directo. Las autoridades dan por hecho que en el mundo hay un solo cliente, Chávez, quien en realidad toma los títulos a precios que no sólo llevan implícita la solidaridad que deriva de la ideología, el sello regional que él pidió amplificar en Río de Janeiro, sino que el venezolano les suma una gran percepción del mismo mercado que dice denostar.
Tal como el presidente Morales le pidió a Brasil que le pague un precio “justo” antes que uno “solidario” por el gas, la Argentina podría intentar participar de la operación, ya que Venezuela compra los bonos para luego revenderlos en el mercado secundario, probablemente a una tasa superior pero con una diferencia cambiaria tal que le deja suculentas ganancias. Ante el calibre del negocio para Venezuela, quizás no haya sido necesario insistir tanto.
La preocupación de la Argentina y de Brasil por cierta consternación adicional de los inversores hacia el discurso chavista tiene asidero. El año pasado, los flujos de capitales privados hacia países emergentes bajaron con respecto a un año antes y se espera que continúen bajando en 2007. Lo más grave es que el flujo neto de capitales hacia América latina cayó nada menos que un 35%, de U$S 71.000 millones en 2005 a sólo U$S 46.000 millones en 2006, según detalló en la semana un informe del Instituto de Finanzas Internacional (IFI).
En este punto, la Argentina está objetivamente peor. Una encuesta que realizó el Banco Santander entre una audiencia de más de 600 inversores de Europa, Norte y Latinoamérica que asistieron a una Conferencia que se realizó en Acapulco sobre América latina, arrojó que, para invertir, la Argentina resulta hoy el cuarto mercado más atractivo en la región (26,6%), por debajo de Brasil (60,6%), de México (52,3%) y de Chile (33%). Venezuela quedó casi a la cola, con apenas un 5,5% de las preferencias.










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